El destinado y el elegido - Capítulo 13
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: Capitulo 13 13: Capitulo 13 Estefi Me había sentado a esperar a Aiden y Iván en unas de las piedras, cuando decidi sacar de la caja el jugo que había hecho, no podía dejar de pensar en que Cata me había enviado todo como todos los años.
La miraba una y otra vez, como si al observarla lo suficiente pudiera encontrar en ella una respuesta.
Un gesto de amistad, una trampa, una despedida.
No lo sabía.
La nota fue lo que más me llamó la atención estaba escrita con esa letra curva que conocía desde que éramos niñas.
Una invitación, como si nada hubiese pasado, como si el odio que vi en sus ojos semanas atrás no hubiera existido nunca.
Parte de mí quería creer que aceptaría venir a la fiesta, que aún había algo que salvar entre nosotras.
Pero la otra parte… la que todavía recordaba su rabia, sus palabras envenenadas… sabía que no era tan simple.
El resentimiento de Cata no había nacido de un día para otro.
Había estado creciendo en silencio, oculto bajo las bromas y las sonrisas, hasta que explotó.
Con un suspiro, me levanté y caminé hacia el árbol donde había dejado las bolsas que mamá me había entregado, los chicos aún no habían llegado y decide animarme un poco y mirar lo que había comprado, ya que seguir dandole vueltas a lo de cata me hacía estar triste y hoy era un día especial, justo entonces el aire cambio, estaba cargado, pesado, como si los árboles mismos estuvieran atentos a cada paso que daba.
Comencé a mirar al alrededor y ahí estaba.
Cata.
Su rostro lo decía todo.
Ni siquiera intentaba fingir del todo.
El odio seguía allí, detrás de sus ojos, como brasas mal apagadas.
Pero si quería jugar a la falsa amistad… ¿quién era yo para arruinarle la actuación?
—Veo que recibiste mi regalo —dijo, apuntando con la barbilla hacia el jugo que tenía en mi mano—.
Es una tradición, ¿recuerdas?
Como cuando nos vestíamos juntas para nuestros cumpleaños.
Tragué saliva, despacio.
El aire entre nosotras era espeso, como si algo invisible y afilado nos envolviera.
Ella sonrió, pero su boca no alcanzó a contagiar a sus ojos.
—Claro que lo recuerdo —respondí, sin apartar mi mirada de la suya—.
Pero… qué haces acá, me seguiste?
Por qué esta claramente no es la ruta a tu casa.
Cata alzó las cejas, fingiendo sorpresa.
—¿Seguirte?
No seas paranoica —rió, con un eco forzado—.
Solo quería hablar contigo, eso es todo.
Después de todo… tú me has estado evitando, ¿no?
Jajaja, broma.
¿O no?
Me dijiste que no habías elegido tu destino…
Pero me e dado cuenta que seguiste adelante con ambos.
Las palabras cayeron como veneno.
Como la última vez.
Su resentimiento no necesitaba máscara.
El aire me provocó un escalofrío involuntario.
Mi pecho ardió.
La marca comenzó a brillar, caliente, como si respondiera al peligro.
Ella lo notó al instante.
—Veo que ya se han marcado… por lo menos tu lado brujaz, Vaya—dijo con una sonrisa torcida, la mirada fija en el símbolo que latía débilmente sobre mi piel—.
¿Recuerdas cuando apenas podías cruzar dos palabras con Iván?
Y de Aiden… ni hablar.
Ni siquiera sabías que existía hasta que yo lo vi.
Eso era lo que ella no sabía, a mí si me gustaban los dos, los quería a los dos desde hace años.
Avanzó un par de pasos.
Sus ojos brillaban con un fuego extraño, y lo que traía entre las manos me heló la sangre.
Una piedra oscura, tallada con símbolos que no reconocía.
El lazo con mis compañeros ardió con violencia.
Magia.
Oscura.
Envenenada.
—¿Qué tienes ahí?
—pregunté, dejando que mi voz sonara tan afilada como el miedo que intentaba controlar.
—Solo una herramienta —respondió con cinismo, alzando la piedra—.
Una opción.
No vine a matarte… aún.
La tierra bajo mis pies vibró.
El bosque entero parecía contener la respiración.
—¿De verdad crees que serás tú la beneficiada con todo esto?
—le dije, sin apartar la mirada—.
Te están usando, Cata.
No eres más que un peón.
Hay alguien más detrás cierto?… alguien que no se atreve a mostrar la cara.
Ella no respondió.
Su silencio fue más elocuente que cualquier palabra.
—No me vas a tocar… porque ellos están cerca.
Y si llegas a lastimarme, lo sentirán.
Lo sentirán todo.
La marca en mi pecho brilló más fuerte, como un fuego líquido bajo la piel.
Una advertencia.
Una promesa.
Cata sonrió torcida.
—¿Crees que no puedo hacerlo?
Qué interesante, Estefi… siempre creyendo que las personas son buenas de corazón.
Su voz se volvió un susurro venenoso.
—Veo que no probaste el jugo que te di… Qué lástima.
Tenía un poco de acónito.
Nada mortal, pero sí lo suficiente para hacerle daño a tu lobito.
El aire se me escapó de golpe.
Apresurada, activé mi escudo.
La botella temblaba en mi mano.
Pero Cata alzó la piedra, y su voz resonó como un mandato: —Quieta te quedarás.
Mierda.
Mi cuerpo no respondió.
No podía moverme.
Cata me observó con esa mezcla de desprecio y triunfo.
—¿Sabes lo curioso de todo?
Yo te quería como a una hermana.
Fui buena contigo por años.
Y así me lo pagas… robándome lo mío.
El escudo titiló, brillando cada vez más fuerte.
Lo sentía crecer, no solo desde mí, sino desde ellos.
—Vaya… es interesante —murmuró, entrecerrando los ojos—.
¿Lo haces tú… o lo hacen ellos?
—Los tres —susurré, la voz casi quebrada—.
Porque somos uno.
Cata se rió con crueldad.
—Jajajaja, no me hagas reír.
Sé que no podías estar con ellos.
El mismísimo Alfa Erick te lo prohibió.
Si fuera yo, ya habría hecho que me marcaran.
—Inténtalo —le respondí con dureza—.
Seguro te rechazan.
Sus ojos se encendieron de rabia.
—¿Recuerdas cuando te obligaba a comer o tomar cosas?
Mi corazón se heló.
—Mierda… —Claro que lo recuerdas —susurró, con una sonrisa siniestra—.
Siempre lograba ganarte en esa magia.
Y la elegida lloraba.
Un sudor frío me recorrió.
Necesitaba concentrarme.
Tenía que detenerla.
Ella levantó la botella con un gesto de poder.
—Todo lo que yo quiero, lo tomarás.
Todo lo que yo quiero, lo harás.
Anda, prueba el jugo que te hice, amiga.
Mi mano temblaba.
La botella subía sola hacia mis labios.
Yo intentaba resistir, pero la fuerza de la runa me dominaba.
—Anda, tómalo ahora.
Un sorbo rozó mi lengua.
Sentí el ardor inmediato, como un veneno líquido.
Entonces, escuché sus voces.
—¡Estefi!
Ellos.
Cata palideció.
—Mierda… Mi cuerpo cayó al suelo, tragado por la oscuridad.
Lo último que vi fueron sus rostros, Aiden e Iván, corriendo hacia mí.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com