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El destinado y el elegido - Capítulo 14

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14: Capitulo 14 14: Capitulo 14 Iván Miré el reloj por enésima vez.

Las agujas parecían burlarse de mí, avanzando demasiado lento.

Sentía el corazón apretado, la ansiedad a flor de piel.

—Diosa Lewen… me carga hacer esperar a Estefi —murmuré, golpeando suavemente el volante con los dedos.

Aiden giró apenas el rostro desde el asiento del copiloto.

También estaba inquieto.

La tensión en el aire era tan densa que casi podía tocarla.

—Tranquilo, hermano.

Ya vamos en camino —dijo, aunque sus manos estaban cerradas en puños sobre sus rodillas.

Lo miré de reojo.

Su pecho se alzaba rápido, como si también luchara por calmar algo imposible de contener.

Entonces lo sentí: un cosquilleo que se encendió en mi piel, justo sobre la marca.

Miré hacia abajo.

Brillaba tenuemente, igual que la suya.

—Mierda, Aiden… —respiré hondo—.

No sé cómo vamos a poder con esto.

Siento cada emoción suya, las tuyas, las mías… todo mezclado y solo es su lado bruja!

.

Me está volviendo loco.

Y solo en pensar en cómo debe estar ella, perfumando todo con ese aroma suyo… Aiden cerró los ojos, recostando la cabeza contra el asiento.

—Hermano, estoy igual.

O peor.

Solo respiro y trato de calmarme, pero es inútil.

Cada minuto sin verla se siente eterno.

Asentí, presionando más el acelerador.

—Lleguemos pronto.

No quiero que nadie más sienta su perfume.

Es nuestra.

El motor rugió, y en ese instante, el celular vibró sobre mi pierna.

Contesté sin mirar.

—Menos mal que alguien contesta, llame a Aiden y no contesto, Iván, ¿ya están juntos?

—la voz de Luna Eva sonó al otro lado, cargada de una calma.

—Todavía no, Luna Eva todo bien ?

—respondí, con un nudo en la garganta.

Ella suspiró.

—Claro chicos, solo que a esta niña se le quedó el teléfono con el apuró de salir a encontrarse con ustedes,se que si está con ustedes no debo preocuparme.

Confío en los dos.

Pero necesito que me prometan algo: en cuanto estén con Estefi, comuníquense.

Quiero saber que todo está bien.

—Lo haremos —dijimos al unisono.

—Y recuerden —añadió, con esa dulzura firme tan propia de ella—: lleguen a tiempo a la fiesta si no quieren tener el primer encuentro con su suegro Erick.

Colgamos y nos quedamos mirando.

El auto quedó en silencio, salvo por la música baja que sonaba de fondo.

Un tema cualquiera, pero que parecía amplificar lo que sentíamos: nervios, deseo, ansiedad.

Me pasé una mano por el rostro.

—Aiden… si seguimos así, creo que la primera que nos vea va a pensar que somos dos lobos desquiciados, que tal respirar por la nariz botar por la boca.

Él soltó una risa tensa.

—Entonces más vale que lleguemos antes de perder la cabeza.

Pisa el acelerador, hermano.

Que nos espera nuestra híbrida preciosa.

La marca volvió a brillar, dorada, ardiendo contra mi piel.

Y entendí que no solo la estábamos ansiosos… ella también lo estaba…

Y eso de una manera extraña me hacía sentir bien.

Mientras avanzamos El aire dentro del auto se volvió irrespirable.

El pecho me ardía, la marca latía con violencia, como si quisiera atravesarme la piel.

—Está en peligro… —gruñí, apretando el volante.

Aiden se inclinó hacia adelante, los ojos encendidos, el cuerpo listo para saltar en cualquier momento.

—Lo sé.

Se siente como…

—susurró con los dientes apretados—.

Si estuviera luchando.

El vínculo nos envolvió con tanta fuerza que el auto entero vibraba.

No eran solo emociones: eran fragmentos de ella.

Su miedo, su voz quebrada, su magia pidiendo ayuda.

Cerré los ojos apenas un instante, dejándome guiar.

Sentí su aroma a frutos y a bosque húmedo, como un faro en medio de la tormenta.

Mis manos giraron el volante con precisión, como si Lewen misma me hablara al oído, sabía que este no era el camino, pero decidí seguir mi instinto.

—Confía en mí, Aiden.

El camino se abre solo.

Él me sostuvo el brazo con fuerza, no para detenerme, sino para anclarme.

Sus ojos brillaban en ámbar, la respiración agitada.

—Lo se, hermano.

Donde nos lleve, seguro que es donde ella nos necesita.

El motor rugió cuando aceleré más.

Los árboles parecían apartarse, las luces del auto apenas alcanzaban a rasgar la oscuridad del bosque.

Y aun así, sabíamos exactamente hacia dónde ir.

La marca nos unía, tironeaba de nosotros como un lazo dorado.

Cada vez que Estefi exhalaba un suspiro de dolor, lo sentíamos en la piel.

Cada vez que se rebelaba contra lo que intentaban hacerle, su fuerza se filtraba en nosotros, dándonos más poder.

—Resiste, cariño —susurré, con los ojos fijos en el camino—.

Ya vamos por ti.

El vínculo ardió en respuesta, como si nos hubiera escuchado.

Apreté el acelerador a fondo.

Aiden gruñía a mi lado, medio transformado, su lobo a flor de piel, dispuesto a romper todo lo que se interpusiera.

Comencé a bajar la velocidad, El bosque nos recibió con un aire cargado de magia oscura.

El olor a acónito me golpeó como un puñetazo.

—Allí —dije, girando de golpe el volante y metiendo el auto en el sendero estrecho, – está cerca.

La marca brilló al unísono en nuestros pechos.

Y supimos que era ella quien nos había guiado hasta aquí.

Apenas frené el auto, Aiden ya se había lanzado afuera.

No pensé, solo lo seguí.

Corrimos entre los árboles guiados por el lazo, con el pecho ardiendo y los sentidos en llamas.

Cada paso era una súplica a la diosa de que no llegáramos demasiado tarde.

Y entonces la vimos.

Estefi.

Tendida en el suelo, su cabello extendido como un halo oscuro sobre la hierba.

Sus labios temblaban y, aun así, nos miró.

—Iván… Aiden… —susurró.

Mierda.

Llegamos tarde.

El aire se me fue del pecho.

Aiden apretó los puños con tanta fuerza que pensé que se rompería los huesos.

—Voy a matar al que hizo esto —rugió, con la voz rota.

—Aiden, eso puede esperar —le dije, tomando el control aunque por dentro me estaba desgarrando.

Lo vi titubear.

Sus ojos oscuros estaban encendidos de furia, pero finalmente se dejó caer a su lado, como si Estefi fuera de cristal y pudiera quebrarse con solo rozarla.

Yo me arrodillé frente a ella, tomé su mano.

Estaba fría, demasiado fría.

Aiden hizo lo mismo, rodeando sus dedos con cuidado.

Y entonces sucedió.

Una calidez comenzó a extenderse desde nuestras manos entrelazadas.

Primero fue leve, como un murmullo… luego, poderosa.

Una corriente dorada brotó del vínculo, envolviéndonos a los tres.

La luz se filtraba por nuestras pieles, uniéndonos en un círculo perfecto.

Sentí su dolor, como cuchillas en mi interior.

Sentí la rabia de Aiden, la mía, el miedo de Estefi.

Todo mezclado.

Todo compartido.

—Estamos aquí, cariño —murmuré, inclinándome sobre ella—.

No estás sola.

Aiden apretó más su mano y bajó la frente hasta tocar la suya.

—Te tenemos, amor.

No vas a caer.

No sin nosotros.

El dorado se intensificó hasta cubrirnos como un escudo.

Sentí cómo la respiración de Estefi se estabilizaba, cómo su pulso recuperaba fuerza bajo nuestros dedos.

La magia vibraba en cada fibra de mi ser, reclamándonos como uno solo.

Y entendí, con absoluta certeza, que este vínculo era más que destino.

Era nuestra fuerza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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