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El destinado y el elegido - Capítulo 15

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15: Capitulo 15 15: Capitulo 15 Estefi Abrí los ojos con dificultad.

La luz del bosque se filtraba a través de las ramas, suave, pero suficiente para recordarme dónde estaba.

Mis labios temblaban, mi cuerpo aún cargaba restos del veneno, y sin embargo… lo primero que sentí no fue dolor.

Fue deseo.

Mi loba rugía dentro de mí, impaciente, salvaje.

No pedía calma ni descanso.

Pedía a mis compañeros.

Los quería ahora, reclamarlos, hacerlos míos de una vez.

—Estefi… —la voz de Ivan me alcanzó primero.

Suavidad.

Calor.

Su preocupación me envolvía como un abrazo invisible.

Aiden apareció enseguida, sus ojos marrones brillando con un fuego extraño, cargado de rabia, pero también de alivio.

—Cariño, estás bien… ¿verdad?

—preguntó Iván, su mano sobre mi rostro, acariciándome como si pudiera romperme.

Quise responder.

Decirles que sí, que estaba bien porque ellos habían llegado a tiempo, porque el vínculo nos había salvado.

Pero mis palabras se atascaban.

Mis labios estaban ocupados admirando los suyos, el movimiento de su respiración, la fuerza de sus cuerpos tan cerca del mío.

—Amor, ¿quién fue?

—la voz de Aiden se quebró con rabia contenida—.

¿Fue con magia que te atacaron?

—Este jugo… —Iván olfateó la botella caída—.

Solo tiene tu olor, cariño.

¿Te lo tomaste tú?

Pero como?

Quise hablar, lo juro.

Pero mi loba susurraba más fuerte: “Reclámalos.

Ahora.

Son tuyos.” —Debemos marcarlos —gruñó mi loba interior—.

Llévalos lejos, olvida todo… —Estefi… —dijeron los dos al mismo tiempo.

Mis ojos se humedecieron.

Ellos me miraban con tanta intensidad que casi dolía.

Aiden me sostuvo, su ceño fruncido.

—Sigues con el acónito en el cuerpo, debemos sacarte de aquí.

—Shhh… —Iván lo interrumpió, acariciándome el cabello—.

Espera, Aiden siente.

Mi respiración se aceleró.

El deseo me quemaba la piel.

—¿Qué pasa?

—pregunté en un hilo de voz—.

¿Se van?

Pero… yo los esperaba antes de que apareciera Cata.

—¿Cata?

—rugió Aiden, sus ojos oscureciéndose—.

Claro que fue ella.

Voy por… —¡No!

—grité, aferrándome a él.

Los dos me miraron, desconcertados.

—¿Qué?

—dijeron al unísono.

Tragué saliva.

Mierda, ¿cómo decirles?

¿Cómo confesar lo que mi cuerpo pedía con urgencia, sin disfrazar la palabra que me quemaba en la lengua?

—Yo… solo necesito.

No sé cómo decirlo… —cerré los ojos, temblando—.

Es que siento… estoy… La marca brilló.

Ellos la sintieron.

Sus respiraciones se agitaron.

Lo entendieron.

Iván me sonrió, cómplice, juguetón.

—Cariño… creo que sé lo que intentas decirnos.

Aiden pasó una mano por su rostro, luchando contra sí mismo.

—Deberíamos ir tras ella ahora que aún está cerca… —No —susurré, con la voz cargada de súplica—.

Yo los necesito.

A los dos.

Aquí.

Ahora prepare un picnic, aunque no hay mucha privacidad…

Los tomé de las camisas, acercándolos.

Besé primero a Iván, porque estaba más cerca.

Mi gemido quedó atrapado en su boca.

Su calor me devoraba.

Por detrás, un roce me erizó.

Aiden, delicado, movió mi cabello, dejando mi cuello expuesto.

Su beso fue hambriento, marcado de territorio.

—Diosa… —jadeé, perdiendo el control.

Ellos rieron bajo, como si entendieran mi rendición.

—Cariño —susurró Iván contra mis labios—, nosotros teníamos una sorpresa para ti.

¿Recuerdas?

—Sorpresa… sí, pero… ahhh… —gemí cuando los dos me besaron el cuello al mismo tiempo.

Mis rodillas temblaban.

Entonces Iván me giró, y antes de que pudiera reaccionar, Aiden me atrapó con un beso profundo, devorador.

—No hablaremos mucho hoy, ¿eh?

—bromeó Iván, con una risa baja—.

Vamos, cariño.

Iremos a dónde está tu sorpresa y tedremos la privacidad que tanto necesitamos los tres.

Aturdida, apoyada contra el pecho de Aiden, solo pude asentir.

—Amor, esas cosas… —Aiden señaló la canasta, las bolsas y la botella caída—.

¿Son tuyas?

—Solo las bolsas… lo demás tiene veneno.

— Odio dejar a Cata salirse con la suya pero necesitas cuidado cariño,vámonos ya —dijo Iván, tomando la iniciativa.

Un claxon sonó.

—Vamos, vamos… —dijo Iván, abriendo la puerta del auto.

Aiden me acomodó con cuidado en el asiento trasero.

—Yo manejo —dijo con firmeza—.

Ve con Estefi.

Iván se sentó a mi lado, su sonrisa llena de fuego.

—Cariño, llegaste a las mejores manos.

Y llegaremos en veinte minutos.

El motor rugió y salimos rápidamente no quería nisiquiera mirar el velocímetro seguro rompíamos varias reglas en este momento.

—Corrijo: diez minutos.

El motor volvío a rugir, y el mundo desapareció entre los árboles.

Yo, en medio de ellos, solo podía pensar en una cosa: lo que estaba a punto de comenzar.

El calor me quemaba por dentro.

Mi vestido pegado a la piel, mis muslos presionados con fuerza, mi respiración entrecortada.

Sentía que el auto era demasiado pequeño, demasiado cerrado, que el aire no alcanzaba.

Abrí la ventana, buscando un respiro, pero lo único que logré fue que el viento arrastrara aún más fuerte sus olores hacia mí: madera, pino, frutos rojos, chocolate, cítricos.

Eran ellos.

Eran míos.

Desvié la mirada hacia el espejo retrovisor y mis ojos chocaron con los de Aiden.

Un destello oscuro, ámbar, me atravesó.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente: la humedad entre mis piernas creció y un gemido se escapó de mis labios.

Los dos gruñeron.

Bajo, gutural, como lobos enjaulados.

Sentí una mano firme tomarme la barbilla.

Iván me obligó a mirarlo.

Su voz llegó a mí, pero sonaba distante, como si estuviera bajo el agua.

—Estefi… tu olor… —dijo, y esas palabras se clavaron en mi piel como un mandato.

El rugido del motor vibraba bajo nosotros, pero lo único que escuchaba era el golpeteo frenético de mi corazón.

La voz de Aiden retumbó desde el asiento del conductor.

Grave, rota, peligrosa.

—Amor… —su respiración se mezcló con un gruñido contenido—.

Creo que necesitas ayuda ahora.

¿Quieres que te ayude Iván?

Las palabras me golpearon como un trueno.

No podía pensar.

Solo sentía.

Mi loba empujaba desde dentro, rugiendo para que dijera que sí, que me entregara, que olvidara el mundo.

Abrí la boca para responder, pero lo único que salió fue un jadeo, un sonido ahogado que más parecía un ruego.

Iván bajó la mano, acariciando apenas mi muslo.

Un roce leve, pero que incendió mi cuerpo entero, chispas.

—Dilo, cariño… —susurró contra mi oído, y su aliento me erizó la piel—.

Dilo,y lo tendrás.

Aiden gruñó, apretando con fuerza el volante.

Iván me miraba con esa sonrisa suya juguetona, hambrienta, imposible de ignorar.

—Soy materia dispuesta… —susurró, su voz ronca, peligrosa.

—Sí quiero… pero… —mi voz salió entrecortada—.

Aiden, yo no quiero… —Amor, tranquila —dijo desde el asiento del conductor, sin apartar la vista del camino—.

Solo hará que te sientas bien.

Confía en nosotros.

Entonces Iván me tomó de la cintura y, sin darme tiempo a pensar, me sentó sobre él.

Su calor me envolvió al instante.

El aroma de su piel, su dureza contra mí… Diosa, era demasiado.

—Mírame en el espejo, cariño —susurró Iván contra mi oído—.

Mira cómo tienes a Aiden, sus manos aferradas al volante… está que estalla, Y ahora….

siente cómo me tienes a mí.

Un jadeo escapó de mi garganta.

Estába duro lo sentía, Mi falda se había subido sin darme cuenta, su mano reposaba firme en mi muslo, quieta, pero con una fuerza que me obligaba a querer más.

—Amor… —la voz de Aiden retumbó, grave, como un trueno—.

¿Quieres tocarte para nosotros?

Eso aliviaría tu tensión… y la nuestra.

—No… no sé hacerlo… nunca lo he hecho —confesé, con el rostro encendido.

Iván sonrió contra mi cuello.

—No te preocupes, cariño.

Te guiaré.

—Solo haz que se sienta mejor —añadió Aiden, su voz ronca, cargada de deseo.

Iván tomó mi mano, la besó con lentitud y la llevó hacia mi entrepierna.

—Primero, cariño… debemos deshacernos de esto.

¿Puedo?

—Sí… —susurré, temblando.

Me levanté apenas, lo suficiente para que deslizara mis bragas.

Las tomó y, sin pensarlo, se las llevó a la nariz.

—Tu olor, Estefi… —murmuró con un gemido profundo.

Aiden levantó una mano del volante sin apartar la vista del camino.

Iván se las pasó y él hizo lo mismo, aspirando con un gruñido que me hizo estremecerme.

Ese sonido me rompió las barreras.

Gemí, perdida en ellos.

Iván sonrió satisfecho.

—Ahora seguimos donde estábamos, cariño… —dijo, llevándome la mano de nuevo entre mis muslos, sentía mi corazón latír fuerte..

_ Solo te guiare…

No haré nada más Quería que me hicieras de todo y ambos pero no sé podía no ahora…

Entonces comenzo a mover mis manos y mis dedos encontré el lugar clítoris si así se llama, Iván – eres buena aprendiz perfecto cariño ahora muévelo en forma circular o de lado a lado lo que te haga sentir mejor Me tomo un poco de tiempo tomar mi propio ritmo pero Mierda me sentía malditamente salvaje, sentía como me estaba llevando a mi propio límite el hecho de ver qué Aiden me mirara por el espejo y que – ahhhhh Iván me besaba el cuello justo donde debía ser marcada me tenía en las nubes entonces me animaron ambos Iván – anda cariño correte para nosotros Aiden solo Asentia, Y estalle gritando sus nombres veía estrellas y sentía mi corazón en mis oidos jadeaba sin parar Iván- buena chica Cuando logré estabilizar mi ritmo cardíaco, los tres respirábamos como si hubiéramos corrido una maratón.

El aire dentro del auto estaba cargado, eléctrico, impregnado de nuestro vínculo, no me había fijado pero creo que ya no nos moviamos.

Aiden aclaró la garganta, recuperando apenas el control.

—Llegamos, por fin.

Iván soltó una risa baja.

—Sabía que lo harías en menos de quince minutos.

El auto se detuvo con un chirrido suave.

Aiden bajó de inmediato, rodeó el vehículo y me abrió la puerta.

Apenas puse un pie en el suelo, me tomó entre sus brazos y me besó con hambre, de forma devoradora, como si quisiera dejar grabado en mí todo lo que sintió mientras estábamos en el auto, entonces Iván se acercó Iván – Cariño está es nuestra sorpresa.

Me gire y ante mi había una cabaña hermosa de madera solo barnizada con un gran patio Estefi- es…

Lo que creo que es?

Aiden- tuya, nuestra, si amor

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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