El destinado y el elegido - Capítulo 16
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16: Capitulo 16 16: Capitulo 16 Aiden El aire incluso afuera del auto aún estaba impregnado de su aroma y del temblor de lo que acabábamos de compartir.
Mis manos seguían calientes, mi respiración un poco desordenada, y aunque intentaba mantener la calma, cada vez que miraba a Estefi recordaba sus labios entreabiertos y su rubor encendido.
Iván no estaba mejor; lo veía morderse el labio como si también luchara contra el recuerdo reciente.
Cuando bajamos,y le contamos a Estefi se quedó quieta unos segundos frente a la cabaña.
La brisa movía su cabello y en sus ojos se dibujó una mezcla de sorpresa y ternura que me atravesó.
Era justo esa mirada la que había imaginado tantas veces mientras trabajábamos en este lugar.
—Es hermosa… —susurró, casi para sí misma.
Yo tragué saliva y me acerqué despacio, esperando su reacción al dar el primer paso dentro.
El crujido de la madera bajo sus pies pareció marcar el inicio de algo nuevo.
Iván y yo nos miramos en silencio, sabiendo que ese instante valía más que cualquier palabra.
Estefi entró despacio, con los dedos rozando el marco de la puerta como si necesitara comprobar que no estaba soñando.
Yo la seguí con la vista, atento a cada expresión en su rostro.
Tomo primero El pasillo el que la llevó directo a los dormitorios.
Abrió la primera puerta y se encontró con el de Iván.
—¿También tienes tu propio cuarto aquí?
—preguntó con una sonrisa divertida.
Iván se encogió de hombros, pero yo vi cómo se le iluminaban los ojos.
—Queríamos que tuvieras espacio… pero también que nosotros estuviéramos cerca, por si nos necesitabas.
Ella asintió, recorriendo la habitación con la mirada, y siguió hacia la siguiente puerta.
Cuando entró a la mía, se quedó en silencio un instante.
Allí había detalles míos: algunos libros de magia, un par de prendas dobladas con desorden, y la manta que mamá había tejido especialmente para mí, puesta sobre la cama.
—Se siente… como ustedes —murmuró, y sus palabras me hicieron sentir más desnudo que si me hubiera quitado la ropa.
Avanzó hasta el final del pasillo, donde la última puerta esperaba.
Y al abrirla, se detuvo por completo.
El cuarto era amplio, bañado por la luz que entraba desde un ventanal enorme.
El olor a madera nueva y un sutil aroma cítrico llenaban el aire, envolviéndolo todo con frescura.
Estefi avanzó con pasos inseguros, como si no creyera que ese lugar le perteneciera.
—¿Esto… es mío?
—susurró.
Yo tragué saliva y asentí.
—Todo esto lo hicimos para ti, bueno para los 3, nosotros estamos aquí desde hace unos días, pero ya nos hemos acomodado.
Ella recorrió el espacio con los dedos, descubriendo poco a poco los rincones que habíamos planeado.
A un costado, una biblioteca privada repleta de libros esperaba por ella, con estantes reforzados para que pudiera llenarlos con lo que quisiera.
Junto a la biblioteca, una puerta daba paso a un baño espacioso, con una tina blanca gigante que brillaba bajo la luz.
Pero lo que más la dejó sin palabras fue la cama.
Era enorme, mullida, con sábanas nuevas que aún olían a madera y cítrico.
La observó con incredulidad, llevándose ambas manos al rostro.
—No puedo creerlo… todo es tan perfecto, tan yo!—dijo al fin, con la voz quebrada.
Yo me acerqué despacio, conteniendo las ganas de abrazarla.
Verla emocionada era la recompensa más grande a todo el esfuerzo.
Iván, a mi lado, sonrió con ternura.
Estefi dio un par de pasos más y dejó que sus manos recorrieran el borde de la biblioteca.
Pasó los dedos por los lomos de los libros como si ya pudiera sentir las horas que pasaría perdida entre esas páginas.
La imaginé allí, recostada en ese gran futón junto a la ventana, con el cabello suelto y un libro abierto en su regazo.
Me estremecí al pensar en lo simple y perfecto que sería quedarme mirándola, sin necesidad de nada más.
Luego se dirigió al baño.
Apenas abrió la puerta, un vapor fresco a madera y cítrico flores, escapó hacia el dormitorio.
Sus ojos se agrandaron al ver la tina inmensa, rodeada de velas que Iván y yo habíamos colocado el día anterior.
—Es como un spa… —dijo, soltando una risita nerviosa, mientras tocaba la porcelana blanca.
Mi mente voló sin permiso: me vi acercándome a ella mientras se sumergía en el agua, sus mejillas sonrojadas por el calor y su piel brillando bajo la luz tenue, mis manos acariciando cada curva de ese cuerpo.
Sacudí la cabeza, intentando apartar la imagen antes de que el rubor me delatara.
Cuando volvió a la habitación y se plantó frente a la cama, guardó silencio.
Apoyó una mano sobre la colcha y luego se dejó caer suavemente sobre ella.
Hundió el rostro entre las sábanas y rió, un sonido claro que llenó todo el cuarto.
—Huele tan bien… —murmuró—.
A casa.
Ese simple comentario me dejó sin aire.
Porque sí, ese era el propósito de todo: darle un lugar donde siempre pudiera sentirse segura, amada, en paz y con nosotros.
Iván se sentó a su lado, inclinándose un poco hacia ella.
—Es tu casa, Estefi.
Aquí nada ni nadie podrá hacerte daño.
Yo me quedé de pie, observándolos, con un orgullo que me quemaba el pecho.
Cada clavo, cada flor, cada manta, cada esquina de esa cabaña había sido pensada para ella.
Y verla descubrirlo era el premio más grande de todos.
Cuando bajamos nuevamente al living, el olor de la comida que habíamos dejado lista nos envolvió de inmediato.
Sobre la mesa rústica había pan recién horneado, queso, frutas y jugo.
Nada sofisticado, pero preparado con cuidado.
—¿También esto lo hicieron ustedes?
—preguntó Estefi al ver la mesa servida.
—Con un poco de ayuda de las lunas, cuál de ellas más animada con esta idea —admití, sonriendo—.
Pero la idea fue nuestra.
Queríamos que tu primera noche aquí no te faltara nada.
Iván la invitó a sentarse en el sillón nuevo, ese que Selene había elegido pensando en ella, y Estefi lo hizo, hundiéndose entre los cojines mientras nos miraba con ternura.
Mientras comíamos, le contamos cada detalle: la cocina hecha por mi padre, las mantas que había tejido mi madre, las flores vivas gracias a la magia, la biblioteca reforzada, el baño enorme hecho por el padre de Iván y la cama gigante idea de luna Eva.
Estefi escuchaba en silencio, con los ojos brillando, como si cada palabra añadiera un nuevo latido a su corazón.
Yo no podía apartar mis ojos de ella.
El modo en que sostenía un trozo de pan, cómo reía bajito cuando Iván recordaba alguna anécdota de la construcción, la forma en que se acomodaba en el sillón como si ya lo hubiera hecho suyo.
Todo me llenaba de orgullo.
Cuando terminó de comer, nos miró a los dos con los ojos humedecidos.
—Gracias chicos… no sé cómo voy a poder devolverles todo esto.
Iván fue más rápido que yo y le respondió con una sonrisa tranquila.
—No tienes que devolvernos nada.
Hicimos esto para los 3 por lo que cuando estés lista y quieras quédarte es suficiente para nosotros.
Yo asentí en silencio.
Porque sí, esa era la verdad ************** Cuando terminamos de comer, cada uno se ocupó en algo distinto: Iván recogía la mesa, yo revisaba el fuego en la chimenea, y Estefi ordenaba las mantas y el sillon.
Sin darnos cuenta, habíamos tomado casi un lugar designado, como si ya viviéramos ahí y cada uno en su rol.
Entonces sonó el teléfono y recordé, !Luna Eva!
—Mierda… —dijimos Iván y yo al mismo tiempo.
—¿Qué pasa?
—preguntó Estefi, con los ojos abiertos.
—Debe ser tu mamá —respondí, y tomé el teléfono, era video llamada.
Efectivamente, era Luna Eva.
Su voz sonó agitada, aunque también llena de alivio.
—¡Por la diosa!
Llamé a Iván como diez veces pensando que estarían los tres juntos… porque sí están juntos, ¿cierto?
Ya encontraron a mi bebota.
Iván y yo nos miramos y no pudimos evitar reír.
—Por supuesto que está con nosotros, mírala tu misma —le contesté—.
La encontramos en el bosque y… Me detuve.
Estefi me miraba con súplica muda, pidiéndome que no mencionara nada de Cata.
Era evidente que no quería arruinar este momento y tampoco la fiesta que había preparado luna Eva y sus hermanas hace semanas.
Iván comprendió de inmediato y tomó la palabra enseguida.
—Y adivina, Luna Eva: le ha encantado la cabaña.
Ya la siente como su casa… claro, cuando ella esté lista.
—¡Aiden!
—rió Luna Eva al otro lado—.
La cama la ha dejado impresionada, ¿verdad?
—Sí… —admití, rascándome la nuca.
—Tuve que mandar a hacer ese colchón —añadió con un tono cómplice—.
Espero que no lo rompan pronto, fue difícil de conseguir.
—¡Mamá!
¡Qué vergüenza!
—protestó Estefi, llevándose las manos al rostro.
—Ay, como si no supieras… —rió Eva.
—Solo por favor, mamá —insistió Estefi, roja como una tomate.
—Está bien, está bien —cedió—.
Pero recuerden que deben llegar antes de las ocho.
Aunque, como buena mamá, conseguí unos minutos extra… pueden llegar a las ocho y media, pero ni un minuto más tarde.
Así que ya saben, chicos, pónganse guapos cuando traigan a mi princesa.
Estefi, querida, ponte el vestido y los zapatos que dejé para ti.
Estefi suspiró con una sonrisa rendida, – Por supuesto mamá ahí estaremos, solo porfavor no hagas que mi entrada sea tan…
grande muero de vergüenza.
La cara de luna Eva era todo un poema, – Cómo es posible que me pidas eso es tu cumpleaños número 18 eres la mejor híbrida de la zona sur, tienes a dos compañeros que te aman y una familia que te respalda, hablarán de tu vestido y tu entrada por semanas…
Mi chica tenía cara de querer enterrarse y no salir nunca más, sin embargo con un suspiro cansado dijo – Ok mamá Luna Eva con su cara triunfante se despidió,-Bueno mis muchachos diviértanse y cuidense, lleguen temprano y no hagan bebés lobunos hoy..
jajaja Los quiero.- y corto Ambos miramos a Estefi como si el hecho de mencionar la diversión y pequeños lobunos nos refrescara la memoria de lo sucedido en el auto y lo volvimos a sentir, comenzamos a sentir calor…
Entonces mi pequeña compañera dijo, – iré al baño un momento, permiso chicos.
Ambos nos quedamos de pie como idiotas mirándola Iván hablo primero,-démosle espacio después de todo iremos según su ritmo.
-Exacto solo lo que ella quiera hacer y así como así ambos nos sentamos en el sillón y comenzamos a esperar…
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