El destinado y el elegido - Capítulo 17
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17: Capitulo 17 17: Capitulo 17 Estefi El agua caliente resbalaba por mi piel como si quisiera borrar el temblor que todavía me recorría desde la cabeza hasta los pies.
Cerré los ojos, apoyando la frente en los azulejos, intentando ordenar lo que sentía.
Había deseado tanto este momento… y ahora que estaba aquí, el caos era mío.
Me jabonaba una y otra vez, más de lo necesario, como si con cada espuma pudiera ganar valor.
“Diosa Lewen… ¿cómo lo haré con dos?”, pensé, apretando los labios.
El simple recuerdo de sus miradas me hacía arder de nuevo.
Extendí la mano hacia el estante y me detuve en seco.
Allí estaban mi shampoo de frutos rojos, el mismo que usaba siempre, y a un costado mi exfoliante de vainilla y canela, con su aroma dulce y cálido.
Me quedé mirando esos frascos como si fueran un mensaje secreto.
Ellos habían pensado en todo, incluso en los detalles que me hacían sentir segura, cuidada, en casa.
Una ola de ternura me recorrió y, junto con ella, un valor nuevo que no sabía que tenía.
“Si hicieron todo esto por mí… ¿cómo podría no dar el siguiente paso?”.
El agua siguió cayendo, pero ya no era para esconderme, sino para aclarar mi mente.
Respiré hondo, enjaboné mi piel una última vez y me enjuagué despacio.
Al mirarme en el reflejo empañado del espejo, vi mis mejillas encendidas y mis ojos brillando con una determinación que no había sentido antes.
Iba a ir por ellos.
Me até la bata de seda que habían dejado para mí en el vestidor.
El roce suave de la tela contra mi piel me recordó que estaba más expuesta que nunca, y al mismo tiempo, más consciente de que debía ser yo quien diera el primer paso.
Respiré una, dos, tres veces, tratando de calmar la tormenta que me latía en el pecho.
Ok, Estefi.
Tú tienes que hacerlo.
Si no lo haces, ellos no lo harán.
Sabía que Iván y Aiden jamás cruzarían esa línea sin mi consentimiento, y eso, aunque me llenaba de ternura, también me obligaba a enfrentar mis propios miedos.
Abrí la puerta despacio.
El silencio me envolvió al instante, tan denso que podía escuchar el crujido de cada tabla bajo mis pies mientras avanzaba.
Cada paso resonaba como un eco de mi decisión, marcando el ritmo de un camino sin retorno.
Cuando llegué a la sala los vi.
Estaban sentados en el sillón, con la tensión dibujada en sus gestos, como dos alfas que contenían a la fiera que llevaban dentro solo por mí.
En cuanto crucé el umbral, ambos se pusieron de pie al mismo tiempo, sus miradas clavándose en mí con una mezcla de deseo y respeto que me hizo estremecerme hasta los huesos.
Me acerqué con pasos lentos, sintiendo cómo la bata rozaba mis piernas y cómo cada movimiento me encendía más el pecho.
Estaba asustada, sí… pero me asustaba más la idea de arrepentirme después, de no atreverme a vivir lo que tanto había esperado.
Me detuve frente a ellos.
El silencio era tan denso que podía escuchar el latido de mi propio corazón.
No dije nada al principio, solo dejé que mis manos buscaran el camino.
Rozaron primero los brazos de Iván, firmes y cálidos bajo mis dedos.
Luego me deslicé hasta el abdomen de Aiden, sintiendo cómo se tensaba apenas, conteniendo la respiración.
Ellos no se movieron.
Solo me miraban como si cualquier gesto mío fuera sagrado, solo sentía chispas y electricidad.
—Nosotros podemos esperar —murmuró Iván, con esa voz ronca que me estremecía.
—Sí… es cierto —añadió Aiden—.
Ya conversamos sobre eso.
Fruncí el ceño y los miré con sorpresa.
—No recuerdo haber estado en esa conversación… —respondí, dejando que mis manos siguieran su camino por sus torsos, acariciando músculos que temblaban bajo mi toque.
Los tres riemos suavemente, aunque mi sonrisa pronto se volvió seria.
—Aunque me alegra que me cuiden, quiero ser clara —dije, con la voz firme, aunque mis manos aún temblaban—.
Quiero a mis alfas, a mis compañeros… Hoy, mi loba y yo los deseamos a los dos.
El silencio volvió, pero esta vez estaba cargado de una electricidad nueva.
Ellos seguían inmóviles, como estatuas vivientes.
Vaya autocontrol tienen, pensé, con el corazón desbocado.
Yo no tenía tanto… no con ellos.
Tal vez debía ser más valiente.
Me alejé de ellos con un paso tranquilo, aunque por dentro todo en mí ardía.
Al llegar al pasillo, giré apenas el rostro para mirarlos y, sin decir nada, deslicé la bata de mis hombros hasta dejar que cayera al suelo.
Sus lobos estaban ahí, lo sentí.
Sus ojos se oscurecieron, volviéndose negros por un instante, como si la fiera bajo su piel hubiera despertado al unísono.
—Los espero en la habitación —susurré, mi voz temblando entre miedo y deseo.
Avancé hasta mi puerta, cada latido golpeándome las costillas con más fuerza.
Estiré la mano para tocar el pomo, pero antes de lograrlo fui jalada con firmeza hacia atrás, atrapada entre ambos.
—Serás nuestra locura —murmuró Iván contra mi oído, con un tono que me hizo temblar entera.
—Nuestra perdición… —añadió Aiden, su aliento ardiendo en mi cuello.
Tragué saliva, apenas capaz de respirar, y con un hilo de voz respondí: —Y ustedes… son míos.
Entramos juntos a la habitación.
Mi corazón latía desbordado, como si no pudiera contener más la mezcla de miedo, deseo y la certeza de que ese instante marcaría un antes y un después en nuestras vidas.
Manos, besos, caricias: no sabía dónde terminaba uno y empezaba el otro.
Sus labios me robaban el aliento, sus manos recorrían mi piel con hambre contenida, y mis gemidos llenaban el cuarto como un canto secreto.
Los escuchaba maldecir y gruñir bajo, como si la espera fuera un tormento.
Cuando por fin logré despojarlos de la ropa, me quedé sin aliento.
Eran perfectos.
Mi cuerpo entero vibraba de nervios y deseo, mi respiración era un temblor sostenido.
“¿Cómo lo haré…?”, pensé.
Toda mi confianza amenazaba con escaparse en ese instante, pero entonces mi loba habló dentro de mí: Tranquila.
Estamos hechas para ellos.
Nuestro cuerpo sabrá.
Ahora… explóralos, sin miedo.
En menos de un segundo me tuvieron de nuevo atrapada entre los dos, su calor envolviéndome como una segunda piel.
Cerré los ojos y dejé que mis manos los recorrieran tentativamente, perdida entre sus suspiros roncos y sus cuerpos tensos bajo mis dedos.
Iván me susurró al oído, con la voz quebrada: —Estefi… me tienes loco.
– Te deseamos.- Aiden me miraba con sus ojos marrones encendidos, y ese fuego me dio valor.
Me incliné despacio, guiada más por instinto que por razón.
El permanecio inmóvil, conteniendo su propia tormenta, como si cualquier gesto mío marcara el ritmo.
Sus susurros eran promesas y advertencias mezcladas: —Amor, no tienes que hacerlo —murmuró Aiden.
—A menos que tú quieras —añadió Ivan, mientras me miraba.
Yo respiré hondo y los acaricié con calma, sintiéndome nuevamente en control del momento.
La tensión se volvió insoportable, y en fuego.
Cerré los ojos y dejé que las sensaciones me guiaran, explorando con lentitud, con curiosidad tome el miembro de Aiden primero, con mi boca y lo susccione lentamente, lo explore, hasta sentirlo temblar bajo mis manos, su sabor no era lo que esperaba algo muy parecido a manzana con canela, lo que me hizo aumentar mi ritmo, cuando mire hacia arriba.
Iván me miraba, su mirada intensa y estaba ahí tocándose, Entonces Aiden me tomo de mis brazo y me alzó besándome con una intensidad que no conocía en el hasta ese momento, – Estefi, diosa, eres perfecta,- Susurraba Aiden.
Entonces sentí un abrazó por detrás, rodeándome con su calor; Ivan, me di vuelta y ahí estab con su sonrisa coqueta y clarmente dispuesto enorme, -mirame cariño-, dijo, levanté la vista inmediatamente.
-No es necesario que me hagas nada que no quieras.
Todo a tu ritmo Sonreí, como no amarlos, el hecho de que preguntaran y ver siempre mi comodidad solo me hacía desearlo más.
-claro que quiero, relájate.
Una pequeña risa nerviosa salió de Ivan -mas facil decirlo que hacerlo.
Comencé a explorarlo al igual que con Aiden con detalle deje que mi boca tomara su sabor el de el era vainilla suave, Guíe Mis manos a sus muslos y apreté a medida que succionaba cuando lo mire, me miraba como si fuera todo lo que deseaba cuando estaba retirando mi cara para tomar aire.
Me levanto rápidamente y sus labios buscaron mi cuello, mi mejilla, mi frente, como si me marcaran con besos, hasta que me beso tan intenso como el.
En ese momento, Me dejaron en la cama mientras me exploraban con sus bocas sus manos, de forma tan natural tomaban una parte de mi cada uno, casi como si supieran que era el turno del otro, cuando Iván llego a mi entrepierna, respiraba con dificultad, Aiden se colocó detrás de mi, y me besaba el cuello, el cabello.
-Amor relájate, te haremos sentir Entonces Iván comenzó a chuparme lento primero con cuidado, casi esperando mi reacción, entonces tome su pelo y lo acerque más…
Sentí que reia, mientras decía -Eso es cariño, ahora solo siente.
Si supieran lo que me estaban haciendo sentir entre ambos, Iván continuaba como si fuera su nuevo postre favorito, yo gemia, Aiden me besaba y tocaba todo lo que estuviera a su alcance Sentí que el mundo se hacía pequeño, reducido a su respiración, a mi pulso, a la energía que nos unía.
Era como flotar en un hechizo compartido.
Gemí suavemente y, en respuesta, ellos también dejaron escapar sus gruñidos contenidos —Dios… Estefi —susurró Aiden.
—Eres nuestra… y nosotros, tuyos —añadió Iván.
Mis pensamientos se disolvieron.
Solo existía la sensación: el calor de sus cuerpos, sus manos firmes, la electricidad corriendo por mi piel.
Me dejé guiar por lo que sentía por las sensaciones, y cómo la tensión me recorría en oleadas cada vez más intensas, hasta romperme como espuma.
No sé cuántas veces grité sus nombres ni cuánto tiempo estuve aferrada a la sábana, mientras llegaba al climax, Poco a poco, la tensión se deshizo en mí hasta convertirme en ligereza: paz, calor, amor, plenitud.
—Cariño… —Amor… Sus voces me llegaron como un murmullo lejano.
Abrí los ojos y los vi frente a mí, con el rostro encendido y un destello de preocupación.
—¿Qué pasa?
—pregunté con un hilo de voz, aún temblando.
—Cariño, menos mal que hablaste.
Nos asustaste —susurró Iván, acariciándome el cabello.
—Amor, estábamos a punto de pedir ayuda… —añadió Aiden, con el ceño fruncido.
Una risa suave escapó de mis labios.
—Lo siento… me sentía tan bien que no quise preocuparlos.
Esto ha sido lo mejor que me ha pasado.
No sé si ustedes habían vivido algo así; quizás sí… pero yo… Iván me tomó de la mano y la apretó con calidez.
—Cariño, fue perfecto.
Para nosotros también fue la primera vez.
Levanté la mirada y encontré la sinceridad en sus ojos celestes como el cielo.
—Amor… yo siempre solo tuve ojos solo para ti —susurró él—.
Jamás dejé que nadie tampoco me tocará de ninguna manera.
Una sonrisa auténtica me nació sin querer.
Mi corazón estaba completo; por fin, entre ellos dos, me sentía en casa.
Encontré las manos de ambos y me fundí en medio de su abrazo, consciente de que ese momento había cambiado todo.
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