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El destinado y el elegido - Capítulo 18

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18: Capitulo 18 18: Capitulo 18 Luna Eva El sol de la tarde se filtraba por las ventanas, tiñendo la casa con tonos dorados.

Caminaba de un lado a otro, acomodando manteles, ordenando flores, revisando cada detalle como si de ello dependiera que todo saliera bien.

No era solo una fiesta… era el cumpleaños de mi pequeña hija, el inicio de una nueva etapa, y en mi pecho la emoción se mezclaba con un nudo de ansiedad.

Coloqué en el centro de la mesa el mantel bordado que había guardado por años, reservado para un momento especial.

Lo había cosido cuando Estefi apenas era una niña, con pequeñas flores azules y verdes que me recordaban sus ojos curiosos y el bosque donde solía jugar.

Sonreí al recordarla corriendo descalza por el jardín, su cabello chocolate enredado por el viento, sus risas llenando la casa de vida.

Hoy ya no era esa niña.

Hoy mi pequeña cumplio dieciocho años.

Y aunque me repetía que debía alegrarme, sentía en el aire una vibración distinta, como si el destino se hubiera adelantado a esta celebración.

Las voces de Lira y Lila irrumpieron en la sala mientras yo acomodaba las flores.

Entraron con aire cansado y un dejo de fastidio en la mirada.

—¡Qué tremenda fiesta le están haciendo a Estefi!

—se quejó Lira, dejando caer los brazos con dramatismo—.

Todo tan lleno de detalles, de adornos, de cosas.

Claro, ella todo lo tiene.

Solté un suspiro y las miré con paciencia.

—Niñas, ustedes también tuvieron la misma fiesta, ¿ya lo olvidaron?

Cada una con sus detalles, sus cosas.

Con su papá siempre hemos sido dedicados con ustedes.

—Mamá, no es eso —intervino Lila, cruzando los brazos—.

Es que Estefi ya encontró a su compañero… y lo peor, ¡no uno, sino dos!

Las palabras me atravesaron como un eco de algo que ya temía.

Me quedé en silencio un instante, tratando de ordenar las ideas.

—Ahora entiendo… eso es lo que les pesa —murmuré con calma—.

Mis niñas, sé que aún no han encontrado a sus compañeros, pero que su hermana los haya hallado no significa que todo sea fácil para ella.

Al contrario, está complicada.

Busqué sus ojos con seriedad.

—En nuestra manada solo existían mitos de algo así… pero ella lo está viviendo.

Existen profecías de las que aún no sabemos todo.

Es confuso, incluso para mí.

En ese momento apareció Alfa Erick, con la voz grave y firme que siempre imponía respeto.

—Exacto.

La historia de su hermana con esos muchachos recién empieza, y carga con un peso que ninguno de nosotros entiende del todo, por ahora Puso una mano en el hombro de Lira.

—Además, tú tienes solo veintiún años, y tú veinte, Lila.

Están en la juventud, llenas de sueños.

No se comparen con ella; su camino será distinto al suyo.

Erick se acercó un poco más, su presencia imponía calma.

Me Rodeó con un brazo la cintura y miró a nuestras hijas con la misma seriedad con la que solía guiar a la manada.

—Y el amor que les tenemos a las tres es igual de inmenso —dijo con voz grave pero cálida—.

No se equivoquen, niñas… las amamos a las tres por igual.

Sentí un nudo en la garganta al escucharlo.

Sus palabras eran verdad absoluta.

Habíamos entregado el mismo cariño, la misma dedicación, aunque ahora todo pareciera girar en torno a Estefi y su destino extraño.

Lira bajó la mirada, mordiéndose el labio, mientras Lila resopló con resignación.

Pude ver que no era rabia lo que las dominaba, sino una mezcla de celos y de miedo.

Me incliné hacia ellas, acariciando sus mejillas como cuando eran pequeñas.

—Mis niñas, cada una tiene su propio camino.

No permitan que la comparación les robe la paz.

Estefi está enfrentando algo muy grande, y créanme… no es tan sencillo como parece, saben lo insegura que es Estefi, esto solo a añadido más problemas para ella.

Lira respiró hondo, como si soltar aquellas palabras le costara más de lo que aparentaba.

—Entiendo, mamá… —murmuró con un hilo de voz—.

Solo que los celos a veces son horribles.

Se miró con Lila, buscando apoyo, y luego bajó la vista.

—El otro día vimos cómo le dejaban cartas y flores en el camino hacia el centro.

Todos la miran, todos hablan de ella… —sus labios temblaron apenas—.

Amo a mi hermana, de verdad, solo que… he anhelado tanto un amor para mí y verlo tan cerca duele un poco.

Me acerqué despacio, sintiendo la sinceridad en sus ojos.

Esa confesión no era rabia, era vulnerabilidad.

—Oh, mi niña… —susurré acariciándole el cabello—.

No hay nada malo en lo que sientes.

El corazón a veces se rebela cuando cree que alguien más recibe lo que tú aún esperas.

Pero tus tiempos llegarán, y cuando lo hagan, será tan hermoso que entenderás por qué debías esperar.

Lila chasqueó la lengua y habló con un dejo de ironía.

—Claro… además ustedes lo aceptaron así como si nada.

Erick alzó la voz, firme, cortando de raíz esa idea.

—Alto ahí.

He puesto a prueba a esos chicos, y créanme, los he hecho sufrir.

—Su mirada se endureció un instante, pero luego suavizó el tono—.

Y lo haré también con sus compañeros cuando llegue el momento.

Me incliné hacia ellas, dejando que la calidez se abriera paso.

—Mi niña de en medio, la más inteligente y fuerte… mi Lila—le cerré un ojo a Lira con complicidad.

Luego tomé la mano de Lira—.

Y tú, tan brillante y hermosa… Cada una de ustedes es especial para mí.

Mi corazón está lleno de gratitud por la vida, por las mujeres en que se han convertido.

Me enderecé y las miré con firmeza.

—Los destinos son inciertos, a veces dudosos, pero no por eso menos afortunados.

Así que basta de esas caras largas.

Hoy hay una fiesta aquí, y llegará gente nueva.

Recuerden que hoy vendrán integrantes de la manada de los compañeros de su hermana… quizás hasta pase algo inesperado para ustedes.

No hizo falta más.

Ambas se miraron, y en un segundo salieron corriendo, chocando entre sí en el pasillo mientras reían nerviosas, ansiosas por arreglarse.

Erick me rodeó con sus brazos y murmuró cerca de mi oído: —Hermosa… siempre sabes qué hacer.

Mi luna perfecta.

— Les había dado hasta las ocho y media a los tres para que llegaran.

Eran las ocho quince y todavía no aparecían.

Sentía cómo la impaciencia me quemaba por dentro.

Había recibido a la gente, todo estaba listo: las mesas con flores, las luces encendidas, la comida servida.

La familia de Iván ya estaba aquí, esperando con cordialidad, y la familia de Aiden estaba por llegar en cualquier momento.

Yo miraba el reloj una y otra vez, incapaz de quedarme quieta.

Cada minuto que pasaba me parecía eterno.

¿Por qué no llegan aún?, me repetía en silencio, sintiendo cómo la inquietud crecía en mi pecho.

Lira y Lila tampoco querían bajar.

Después de lo que les había dicho, estaban convencidas de que podían encontrarse con sus verdaderos compañeros esa noche, y la idea las tenía tan nerviosas que preferían esperar arriba.

Me encontré de pie en medio del salón, mirando el rostro serio de Erick.

Mi esposo ya mostraba molestia; la ausencia de Estefi lo tensaba tanto como a mí.

Y cuando estaba a punto de perder la calma, escuché el rugido de un motor acercándose.

El Jeep apareció al final del camino, con ellos dentro.

Solté el aire que había estado conteniendo.

—Allí están… —susurré aliviada.

— Vaya… se veía hermosa.

Digna hija de su madre, por supuesto.

Con ese vestido verde menta que dejaba sus hombros al aire, parecía brillar bajo las luces, como si la misma luna la envolviera.

Noté enseguida el collar que llevaba: un extraño símbolo entrelazado, delicado y poderoso a la vez.

Estaba segura de que habían sido los chicos; lo conocía, era un gesto que solo ellos podían tener.

A juego con el collar, unos aretes de una media luna plata brillaban como la luna misma, resaltando la dulzura de mi princesa pequeña.

Ahí venía… mi Estefi.

A su lado, inseparables, estaban ellos dos.

Ambos vestían pantalones grises y camisas verde menta, claramente pensadas para combinar con ella.

Me habían pedido ayuda con las telas días atrás, y ahora entendía la razón: querían que todos supieran que estaban unidos, que eran un solo corazón latiendo en tres cuerpos.

Eran un encanto.

Una visión que me arrancó un suspiro orgulloso.

Y en el aire, esa noche que apenas comenzaba, solo prometía traer sorpresas que ninguno de nosotros podría olvidar Mientras mirábamos a los chicos hacer su gran entrada, sentí la presencia de Selene y Max a mi lado.

Ambos irradiaban un orgullo silencioso al ver cómo Iván había madurado en tan pocas semanas.

Habíamos compartido mucho tiempo con ellos últimamente, sobre todo con la organización de la cabaña.

Cada detalle había pasado por sus manos y sus ojos; así habían ido conociendo a Estefi, no en persona todavía, pero sí a través de las palabras y las miradas de los muchachos.

Y ahora, al verla, Selene no podía contenerse.

Movía los pies nerviosa, como si quisiera correr hacia adelante.

Su sonrisa era tan amplia que apenas le cabía en el rostro.

—No dejo de pensar en abrazarla —susurró entre dientes—.

¡La voy a apretar fuerte, está tan hermosa!

Y además… tiene a mi hijo tan radiante, resplandece a su lado.

Me reí quedo ante su entusiasmo.

Selene se inclinó un poco más hacia mí, bajando la voz pero sin ocultar la emoción.

—Oye, no es porque sea mi hijo… ni el otro que ahora siento como mío también —señaló a Aiden con ternura—, pero son lo mejor.

Tu hija se llevó a los mejores.

Sus palabras fueron un bálsamo; un saludo sincero, cargado de cariño, que me hizo sonreír con gratitud.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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