El destinado y el elegido - Capítulo 19
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19: Capitulo 19 19: Capitulo 19 Kalindra La puerta de la cabaña se cerró tras de mí con un crujido lento.
El aire olía a naranja y humo, un refugio perfecto para conversaciones que no debían escucharse afuera.
Allí, frente al fuego, me esperaba ella, la sola presencia de sus ojos brillantes bastaba.
—La estúpida falló —espeté, dejando que el veneno de mis palabras impregnara el aire—.
En lo único que tenía que hacer, y falló.
Darle el acónito a esa Estefi bastaba para deshacernos de ella, y ni eso pudo.
Me dejé caer en la silla con una elegancia estudiada, cruzando las piernas mientras jugaba con una piedra rúnica entre mis dedos.
—Siempre supe que lo más probable era que no lo lograra —continué—.
Desde el primer momento la encontré débil, frágil de mente y de corazón.
Recordé aquella tarde en que la vi caminando por el sendero, con los ojos clavados en Estefi.
Su envidia era tan evidente que supe cómo utilizarla.
Me acerqué con suavidad, como una confidente, y le susurré la verdad que ansiaba escuchar: que era una gran Loba hechicera en potencia, y que yo podía darle lo que tanto quería.
Porque yo sabía bien de quién estaba enamorada… de Aiden.
Al principio fue cauta, recelosa.
Me preguntó por qué querría ayudarla.
Y yo, con la dulzura de una mentira bien hilada, respondí: odio que otros se queden con lo que no les corresponde por derecho.
Fue suficiente.
Cata abrió la puerta de su corazón herido, y yo entré sin esfuerzo.
Confiaba en mí como un peón que no sabe que ya está en un tablero de ajedrez.
Planeamos el hecho con cuidado, el veneno escondido en el jugo.
Todo estaba dispuesto.
Lo que me enfurece es su debilidad final.
No solo dejó entrever sus dudas, sino que fue incapaz de guardar silencio.
Terminó diciéndole a Estefi lo que contenía el jugo, como si la estuviera advirtiendo.
¡Patética!
Un peón mal jugado, torpe, que arruina la perfección de mi estrategia.
—Cuando hablé con ella, cuando me entregó la runa que tengo aquí ahora, lloraba como una niña —dije con desprecio—.
Me decía que todo estaba perdido, que la encerrarían, que quizás nunca encuentre a alguien que la ame, que su propio padre la castigaría.
Chasqueé la lengua con fastidio.
—Sabía perfectamente que nada de eso iba a suceder.
Estefi está en un periodo de celo.
No te levantes —ordené, al ver que ella se removía en la silla—.
Ya hablamos de esto, ¿recuerdas?
Es natural.
Hoy cumplió dieciocho.
Está entrando en esas fases pequeñas, inevitables.
Pero aún no pueden concretar nada.
Tienen que esperar a la Luna Azul.
Me incliné hacia adelante, dejando que mis ojos brillaran con impaciencia.
—Yo también odio esperar.
Lo sabes bien.
¡Odio esperar!, pero debemos hacerlo.
Sus labios se apretaron en una línea de deseo y rabia contenida.
—Ellos son míos —susurró con firmeza.
Sonreí complacida, acariciándole el cabello como a una niña caprichosa.
—Lo sé, querida.
Son tuyos.
Por eso intenté que Cata nos ayudara, … aún podemos usarla, ya veremos cómo.
Me enderecé, volviendo a la firmeza de siempre.
—Por ahora, quédate quieta y hazme caso.
No quiero que vayas a la fiesta a verlos, ni siquiera de lejos.
¿Entendido?
—Sí… entendido.
El fuego crepitó, iluminando sus ojos oscuros llenos de ambición.
— El recuerdo me golpeó como un cuchillo: la noche en que todo comenzó.
La Luna Azul brillaba sobre el bosque, bañando cada rama en un resplandor etéreo.
Yo estaba allí, joven, con la mano sobre mi vientre abultado.
Sentía la vida latiendo dentro de mí, fuerte, implacable.
Una de las brujas mayores del aquelarre se inclinó hacia mí, sus dedos huesudos rozando mi guata con solemnidad.
—Traerás a la que impone —dijo con voz áspera—.
Ella podrá llevar un amor entrelazado.
Mi corazón se agitó con una mezcla de orgullo y miedo.
Otra bruja me entregó un collar con un símbolo dos lunas con un recipiente por llenar la cadena de plata y sombras.
—Dependerá de ella buscar su destino.
Tú sabrás el momento, que la luna azul guíe tus pasos, y sabrás en que deberá usarlo.
Este será su guía.
Lo apreté contra mi pecho, temblando bajo el resplandor azul.
—Será la híbrida elegida… —susurró la anciana—.
O más bien, la híbrida que la luna elija.
Sentí cómo la Luna Azul me envolvía, como si Lewen misma me marcara.
La voz final del aquelarre fue clara, implacable: —Kalindra, es tu deber que tu hija cumpla lo que está destinada según nuestro aquelarre.
La memoria ardía aún dentro de mí como una orden imposible de olvidar.
— Sacudí el recuerdo, volviendo al presente.
Ella me observaba expectante, sin sospechar aún la magnitud del papel que le había sido impuesto desde antes de nacer.
Me incliné hacia las llamas, dejando que el fuego iluminara mi rostro.
—Repasemos el plan —dije con calma venenosa—.
Faltan exactamente doce semanas para la Luna Azul.
Eso significa que todo debe empezar a marchar ya.
La miré con intensidad, notando cómo sus ojos reflejaban cada palabra.
—Sé que tú solo quieres ir y arrebatar lo que se te quiro por derecho.
hemos hablado de ello estás hecha para liderar, para gobernar, para eso entrenaste, para eso fuiste hecha más fuerte que cualquiera.
Me puse de pie, caminando lentamente por la cabaña.
—Este viernes les darán un receso de dos semanas en el centro, y luego de eso volverán a clases.
Ese lapso es crucial.
Ahí entraras tu, Tenemos tiempo aún para la Luna Roja… exactamente ocho semanas.
—Golpeé la mesa con la yema de los dedos, marcando el ritmo—.
Ocho semanas.
Eso significa que vamos a perder tres, sin embargo es necesario.
Inspiré hondo, dejando que el silencio se volviera pesado.
—Para la Luna Roja debemos actuar.
Ese es el momento del cambio, cuando la híbrida puede ser moldeada.
Si pierdemos esa oportunidad, si dejamos pasar ese ciclo lunar, todo el plan en el que he trabajado los últimos dieciocho años se desmoronará.
Apreté los labios, dejando que la amargura se convirtiera en acero.
Me acerqué a ella, inclinándome lo suficiente para que sintiera el filo de mi voz como un secreto.
—Y ahora escucha bien, porque esta es tu parte.
Si Cata falló, tú no fallarás.
Su respiración se aceleró, expectante.
—Ellos son jóvenes, fuertes, y sí… están embriagados por la presencia de esa híbrida.
Pero no olvides que son hombres, y los hombres se distraen.
Lo único que tienes que hacer es entrar en sus mentes, sembrar la duda, recordarles lo que creen necesitar.
La rodeé, caminando en círculos como una loba que estudia a su presa.
—Míralos como si ya fueran tuyos.
Usa tu belleza, tus gestos, incluso tu inocencia fingida.
Muéstrate cercana, amable, la que entiende sus debilidades.
Iván es ligero, ríe fácil; con él deberás ser chispa, diversión, tentación disfrazada.
Aiden, en cambio, necesita entrega y devoción… hazle creer que nadie lo mirará con tanta fe como tú.
Me detuve frente a ella, alzando el mentón de su rostro con un dedo.
—Hazlos pelear por ti, hazlos dudar de ella.
La grieta ya está ahí… solo necesitas abrirla.
Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta.
Y en ese gesto vi que mis palabras habían prendido fuego.
Mientras ella se daba vuelta, encantada con las palabras que le había dicho, sabía que anhelaba estará cerca de ellos, no pude evitar maldecir en silencio.
Lo que ella no sabía era la verdad más amarga de todas: mi hija, Leah, no era la elegida, la misma lewen me lo había dicho.
Era Estefi, su prima.
Por eso la he criado enseñándole a odiarla desde que tiene uso de razón, moldeando su corazón con resentimiento, haciéndole creer que todo lo que anhela le fue arrebatado por esa híbrida.
Y así seguirá… hasta que cumpla el destino que yo misma he decidido.
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