El destinado y el elegido - Capítulo 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
2: Capitulo 2 2: Capitulo 2 Cata era de esas chicas que hacían que el mundo se detuviera al pasar.
Rubia, de ojos celestes tan claros que a veces parecían hielo puro.
Alta, con curvas de escándalo y una presencia que iluminaba donde fuera.
Incluso las chicas se giraban a mirarla.
No solo por su apariencia, sino por su energía.
Era divertida, segura de sí misma, con ese toque chispeante que atraía a todos.
Era la mejor en la clase de sanación.
Débil en magia, sí, pero brillante y dedicada.
Siempre encontraba la forma de destacar.
Aun así, más de una vez me confesó que le habría gustado tener mis poderes, ser como yo: mitad loba y mitad bruja.
Decía que amaba el hecho de que pudiera pertenecer a ambos mundos al mismo tiempo.
Yo siempre lo tomé como un cumplido, como esa forma tierna y exagerada que tenía de hablar.
Por eso, cuando la vi caminar emocionada hacia mí con su cuaderno en mano, no me sorprendió.
Venía riendo, gritándome que me apurara, porque ya era hora de la próxima clase de sanación, la única —según ella— que disfrutaba tanto como combate.
Me preparé para seguirle el ritmo, pero de pronto se detuvo en seco.
Sus fosas nasales se expandieron al olfatear el aire, y su cuerpo se tensó como si el mundo se hubiera reducido a ese instante.
El Recuerdo de la noche anterior vino a mi mente Era su cumpleaños, la celebracion de sus anhelados dieciocho.
Estábamos rodeadas de luces, música y risas, y yo la observaba mientras soplaba las velas con esa sonrisa brillante que parecía capaz de encender el mundo entero.
Pero cuando el reloj marcó la medianoche, su expresión cambió.
Se quedó quieta, mirando a todos lados con el corazón en sus manos, como si en cualquier momento fuera a aparecer esa mirada destinada que le confirmara quién era su compañero.
Esperó… buscó… pero nadie apareció.
Vi cómo su rostro se apagaba lentamente, como una llama que se consume.
Me acerqué de inmediato y le tomé la mano.
—Tranquila, Cata —le susurré—.
Todavía hay tiempo.
No todos han llegado, y quizás el destino solo quiere hacerte esperar un poco más.
Ella me sonrió, aunque era una sonrisa triste.
Se apoyó en mi hombro y esa noche entendí lo mucho que anhelaba ese vínculo sagrado.
El recuerdo se desvaneció, y volví a verla en el pasillo.
Esta vez, en sus ojos ya no había tristeza, sino un destello feroz, primitivo… como si finalmente hubiera escuchado la llamada que tanto había esperado.
Avanzó con paso firme hacia el salón de estrategia.
Me pregunté si los chicos estarían ahí.
Cuando entró sin decir nada, decidí seguirla.
Quería ver quién era.
Al cruzar la puerta, la escena me golpeó con fuerza.
Cata estaba en el centro del salón, paralizada.
Frente a ella, Iván la observaba con el entrecejo fruncido, como si también intentara entender lo que ocurría.
Aiden e Iván levantaron la mirada al mismo tiempo hacia mí, y mi corazón se encogió.
El silencio en la sala era insoportable.
De pronto, Cata se giró hacia mí y me tomó del brazo con brusquedad.
—Nos vamos —susurró con urgencia.
No tuve tiempo de pensar.
Solo corrimos.
Corrimos como si el bosque pudiera tragarse todo aquello que acabábamos de ver.
A mitad de camino, la duda me carcomía por dentro.
Tenía que preguntarlo, aunque la respuesta me destrozara.
—Cata… ¿quién es tu compañero?
—mi voz se quebró.
Ella bajó la mirada y lo dijo como si escupiera veneno.
—Iván.
Es Iván… El silencio que siguió me atravesó como un cuchillo.
—Yo tampoco esperaba que fuera él, Estefi —añadió con voz rota—.
Lo siento… es solo el maldito vínculo.
No era quien yo quería.
No era a quien anhelaba.
Me miraba, esperando una respuesta, pero yo estaba muda.
Cada palabra suya me arrancaba el aire.
Finalmente, ella lo dijo.
—Yo quiero a Aiden.
Él es el que quiero.
Sus palabras quedaron suspendidas entre nosotras como un golpe final.
Y yo… no pude decir nada.
Por dentro, sin embargo, algo se rompía.
¿Cómo podía ser Iván?
¿Cómo podía ser Aiden?
Todo lo que había intentado guardar en silencio, lo que nunca me atreví a confesar, de pronto estaba ahí, expuesto y desgarrándome por dentro.
Cata era mi amiga, mi hermana de vida.
Siempre pensé que el destino la haría feliz, que yo estaría a su lado para celebrarlo.
Pero ahora… ahora me lo estaba arrebatando todo.
¿Qué lugar me quedaba a mí?
Sentía que mis secretos más íntimos, mis sueños más escondidos, quedaban desnudos frente a ella.
Y lo peor no era que deseara a Iván o a Aiden.
Lo peor era que había puesto voz a lo que yo nunca me atreví a admitir: que los quería a uno de ellos y el otro estaba destinado por la misma lewen, aunque eso fuera imposible.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com