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El destinado y el elegido - Capítulo 23

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23: Capitulo 23 23: Capitulo 23 Estefi El camino de regreso a la casa de mi manada fue tranquilo.

Me había puesto ropa cómoda, sin pensar demasiado; no tenía a nadie que impresionar, aunque Iván y Aiden insistían en que parecía una flor en primavera.

Al llegar, vi a Lira y Lila en la entrada.

Me hicieron un gesto de paciencia, casi conspirativo.

No pude evitar reír al recordar lo de ayer: seguro las lunas habían hecho de las suyas y decidido más cosas de las que estábamos preparados para escuchar.

Solo esperaba no tener que esperar demasiado para enterarme.

Mamá ya nos esperaba en la mesa, y el desayuno parecía un festín.

Cada luna había aportado su especialidad: Selene mostraba sus muffins con orgullo, Paula defendía su arroz con leche como indispensable, y mamá presumía sus panqueques esponjosos.

Casi parecía una competencia culinaria, y nosotros —los hijos y los alfas— éramos los afortunados jueces que disfrutaban de cada bocado.

Entre risas y aromas dulces, entendí que aquel despliegue no era solo un desayuno: era una especie de duelo disfrazado de hospitalidad.

Cada luna quería impresionar, dejar en claro que en su casa la mesa era abundante y que el cariño se servía en bandejas doradas.

—¿Vieron?

—Selene sonrió satisfecha mientras acomodaba una bandeja—.

Mis muffins nunca fallan.

—Claro, querida —rió mamá con una ceja alzada—, pero los panqueques son tradición en cualquier cumpleaños importante.

—¡Por favor!

—intervino Paula, dándole un golpecito en el brazo a Luis—.

Nada llena el corazón como el arroz con leche.

Todos reímos, porque se notaba que competían más entre ellas que con nosotras.

Mientras tanto, los alfas fingían imparcialidad, aunque cada uno se servía primero de lo que había traído su propia luna, pero añadían de las otras propuestas.

Yo los miraba a todos y pensé que, aunque la mesa estaba llena de platos increíbles, lo que de verdad querían mostrar no era solo comida.

Era amor.

Era orgullo.

Y, en el fondo, era su manera de decirnos a Iván, Aiden y a mí que estábamos en el centro de sus miradas.

—Yo digo que los panqueques ganan, pero con los muffins de postre —comentó Johanna con la boca llena, sin el menor pudor.

—¡Eso no es justo!

—protestó John, dándole un codazo—.

El arroz con leche se lleva la corona, pero Luna Eva déjeme decirle que ame los panqueques y sus moffins Luna Selene están maravillosos.

Lira y Lila se miraron entre ellas y soltaron una risa que contagió a todos.

—Ay, mellizos, parecen jurados de programa—dijo Lira.

—Más bien niños peleando por dulces —añadió Lila, divertida.

—Pues yo estoy de acuerdo con ellos —dijo Iván con una sonrisa traviesa—.

Lo mejor es combinarlo todo.

—Claro, qué sorpresa —bufó Aiden—, tú siempre terminas comiéndote la mitad de la mesa.

—¿Y tú qué?

—contraatacó Iván—.

Te escondiste dos panqueques bajo la servilleta, te vi.

Todos estallamos en carcajadas, y por un momento la tensión de los últimos días se esfumó.

Era tan fácil perderse en la ligereza de esa escena: la mesa llena, las familias unidas, y nosotros en el centro, como si fuéramos el lazo que los reunía a todos.

Pronto, mamá dejó escapar un suspiro, y todos lo sentimos.

El ambiente festivo se esfumó como si alguien hubiera abierto una ventana y dejado entrar el frío.

—Como deben imaginarse, chicos —dijo mamá con voz suave pero firme—, hemos estado hablando tanto de la profecía como de la ceremonia de apareamiento.

¿Qué prefieren escuchar primero?

—Siento que, sea lo que sea, ya está decidido —respondió Aiden con una mirada casi de advertencia.

—Así es —añadió Iván—, pero todo lo que se decida tendrá que pasar primero por nuestra luna.

—Exacto —dijo Aiden, mirándome—.

Si Estefi no acepta o no está cómoda con algo, tendrá que revisarse otra vez.

—¡Los amoo!

—exclamó Selene, llevándose las manos al pecho.

—Awwww —soltó Paula, enternecida.

—Casi se ven los corazones flotando —bromeó Lira.

Yo bajé la mirada un instante.

Mamá arqueó una ceja, expectante, como si esperara que yo fuera la que debía tomar la decisión de qué escuchar primero.

Los chicos habían dado un paso atrás, cediéndome el pase.

Voy a ser luna… debo actuar como tal, pensé, tomando aire.

Hasta ahora solo había tomado una decisión: quedarme con ellos, reconocerlos como mis compañeros.

Bueno, técnicamente dos.

—La ceremonia de apareamiento —dije al fin, alzando la vista hacia mamá—.

Cuéntenme qué han estado conversando.

—Chocolatito —comenzó papá, con esa voz grave que siempre me estremecía—, como sabes, este tema me tiene impaciente… y será peor aún.

—¿Cómo peor?

—pregunté, frunciendo el ceño.

Él miró a mamá, y comenzó a hablar —Tu madre ha hecho averiguaciones y… tendremos que esperar.

—¿Cuánto?

—pregunté con un nudo en el estómago.

—Doce semanas —respondió Luna Eva, con una calma que no compartíamos.

—¿¡Qué!?

—saltaron Iván y Aiden al unísono.

—Pero mamá… ¿no crees que es demasiado tiempo?

—mi voz salió más débil de lo que quería.

—Lo sé —dijo, mirándonos a los tres con ternura y firmeza—.

La fecha fue recomendada por la luna azul.

¿Recuerdan el día del cumpleaños de ustedes, chicos, cuando descubrieron que eran compañeros de Estefi?

Bueno… esa era su luna.

—Esa luna —intervino Luna Paula, con una sonrisa cargada de emoción— no es cualquier luna.

Tiene la gracia de dar lo mejor a la pareja: estabilidad, amor, resiliencia, y potencia a quienes se unan bajo ella.

—Nuestros ancianos también lo aprueban —añadió Luna Selene—.

Dicen que la luna azul guía, protege y sella de manera definitiva.

Papá asintió con gesto serio.

—Hemos pensado hacerlo en su propio hogar.

Haremos los arreglos que sean necesarios, y les ayudaremos si quieren encargarse ustedes mismos.

Después de todo, pasarán a ser oficialmente alfas, y Estefi… luna de sus manadas.

En un momento dejé de escuchar.

¿Doce semanas?

Mis pensamientos se arremolinaron.

Mis deseos… nuestros deseos.

Diosa, no creo poder aguantar tanto tiempo.

Pero entendía lo que decían: era lo ideal, lo seguro… ¿pero realmente necesario?

—Luna Estefi —interrumpió mamá con suavidad—, ¿tienes alguna duda que quieras compartir?

¿Luna?

Duda?

pensé con amargura.

Más bien odio la fecha.

—Creo que quizá debemos hablarlo en privado —intervino Iván, dándome una salida.

—¿Quieres eso, Estefi?

—preguntó Aiden, atento a cada gesto mío.

Mierda.

Lo que de verdad quería era que me marcaran ahora mismo, y marcarlos yo a ellos.

Pero decirlo en voz alta haría de esto un desastre.

—No quiero sonar como una sabelotodo —dijo mamá, mirando a todos con calma—, pero recordemos que su vínculo es especial.

Es triple, aún estamos investigando sobre ello.

Y aunque sin querer ya pasamos al siguiente tema, mi niña, si no tomamos estas recomendaciones en serio, puede ser perjudicial.

Mamá tenía razón, pensé con un nudo en la garganta.

Pero el hecho de no dejarme margen en la fecha… lo odio.

Iván se enderezó en su asiento, con una seriedad poco común en él.

—Agradecemos todo lo que hacen por nosotros.

Sin embargo, seremos claros en esto, debe ser nuestra decisión.

—Esta es una decisión de nosotros tres —añadió Aiden, firme—.

Una vez conversemos en privado y veamos todos nuestros puntos de vista, y por supuesto consideremos el de ustedes, les informaremos.

Vaya… Dijeron todo lo que quería gritar.

¿Leían mi mente?

No… aún no.

No habíamos hecho la ceremonia.

Respiré hondo y decidí hablar.

—Estoy tan agradecida de que todos estén tan preocupados y buscando lo mejor para nosotros —dije—.

Pero, como dijeron mis compañeros, tomaremos una decisión en conjunto y después les informaremos.

—¡Esa es mi hermana!

—celebró Lila con orgullo.

—¡En sus caras!

—añadió John, divertido.

—Los amooo —gritó Johanna, levantando los brazos.

—Bueno, lunas y alfas, los chicos ya hablaron —concluyó Lira, con una sonrisa traviesa—.

Debemos esperar que decidan.

Ahora, Iván… habías prometido que vendrían tu próximo beta y gama y no pasó nada.

Y con Lila pasamos horas arreglándonos.

¿Qué excusa darás ahora?

Las risas se contagiaron en la mesa, y hasta los alfas parecieron relajarse un poco.

—Son muchachos estudiosos y buenos —añadió Alfa Max con una sonrisa orgullosa—.

Para Iván son como hermanos, y para nosotros, parte de la familia.

—Y sabemos que ahora viene un receso de dos semanas —intervino Selene, mirando a su hijo con complicidad—.

Iván nos informó… ¿qué tal si pasan una semana allá?

Claro, si los chicos quieren ir.

—¡Claro que queremos ir!

—respondí antes de que Iván o Aiden dijeran algo—.

De hecho, ya lo habíamos decidido.

Pasaremos una semana en cada manada.

Quiero conocer a mi gente y que ellos nos conozcan a los tres, Lira y Lila también irán, será un viaje entretenido no puedo esperar a ver si mis hermanas encuentran a sus compañeros.

-te imaginas- dijo Lira con ojos llenos de anhelo -claro que lo imagino, seria maravilloso,- dijo Lila.

—Está informado en nuestra manada —dijo Luna Selene, con brillo en los ojos—, pero el hecho de que ya lo tenían decidido… es insuperable.

¡Lo amo!

—En la nuestra igual —añadió Luna Paula, emocionada—.

Tendré todo listo cuando lleguen allá.

¡Qué emoción!

Las carcajadas, las sonrisas y la calidez volvieron a llenar la sala.

Por un momento, la tensión de la profecía y de la ceremonia quedó en segundo plano, y solo fuimos familias compartiendo un desayuno.

Habíamos llegado tarde al centro; después de todo, el desayuno había sido, por lo bajo, intenso.

Ahora estaba en clase de magia, y no podía evitar reírme al ver a Aiden tan meticuloso con los ingredientes.

—Amor, no te rías de mí —murmuró entre dientes, sin dejar de medir con precisión.

—Es que eres tan adorable cuando ordenas cada pócima como si fuera una obra de arte —respondí, mordiéndome el labio para no reír más fuerte.

—Yo creo que es al ojo —intervino Iván con una sonrisa traviesa—.

Tanto orden no es necesario.

Mira esto.

Mezcló los ingredientes al azar, y en segundos un humo morado se elevó con un “¡puf!” que hizo que varios giraran hacia él.

—Por eso deben hacerse bien —replicó Aiden con paciencia, como si hablara con un niño—.

Mira, presta atención.

Colocó cada ingrediente con precisión, y en cuanto el humo blanco y perfecto ascendió, su ceja se arqueó en triunfo.

—Así se hace, Aiden.

Excelente —dijo el profesor, satisfecho.

—Aiii, el preferido del profesor —bufó Iván, teatral, ganándose algunas risas en el aula.

—Chicos, la clase ha terminado —anunció el profesor—.

Recuerden que mañana habrá competencia durante el día.

Serán grupos de cinco, así que elijan con cuidado: los resultados serán claves para las próximas pruebas.

—Se me había olvidado por completo —dijo Aiden, frotándose la frente.

—A mí igual —asintió Iván—.

Me imagino que tendremos el placer de contar contigo, cariño.

—No soy tan buena como ustedes en todo —protesté—, pero haré lo que pueda.

—Eres la mejor bruja y loba que conozco —dijo Aiden con firmeza—.

Hábil en todo, amor.

—Sí, cariño —añadió Iván, guiñándome un ojo—.

Agradezco que te tengamos con nosotros, si no nos darías una paliza.

¿Cierto, Aiden?

—Así es —sonrió él—.

Ahora vamos a inscribirnos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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