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El destinado y el elegido - Capítulo 24

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24: Capitulo 24 24: Capitulo 24 Leah El centro era imponente, con sus muros de piedra y pasillos llenos de voces jóvenes.

Había escuchado hablar de este lugar durante años, lo había visto desde lejos, pero nunca había puesto un pie aquí.

Yo no había crecido asistiendo, en un centro físico como los demás, pero eso no significa que estuviera en desventaja.

Al contrario: llevaba años estudiando en casa teorías, practicando técnicas, repitiendo rutinas solitarias que me exigían más disciplina que cualquier clase.

Había entrenado hasta que la piel me ardiera, hasta que cada músculo supiera obedecerme.

Por fin estaba aquí.

Por fin iba a conocer dónde todos ellos habían crecido, reído, compartido.

Y, por un instante, me descubrí emocionada con la idea de estar rodeada de otros como yo.

Quizás… quizás esto también podría ser mi lugar, no quería admitirlo en voz alta pero estaba animada, animada de ser parte de algo más.

Claro, no olvidaba mi verdadero objetivo.

Estaba aquí por una razón: recuperar lo que me correspondía.

Mis compañeros.

Lo demás era solo un escenario, un juego que debía aprender a dominar y porque no disfrutar.

Crucé el patio con paso seguro, y entonces los vi.

Dos chicos El dorado de su energía brillaba con un tenue resplandor.

Quería conocer a Estefi, pero al parecer no está aqui.

sentí una extraña alegría y sonreí.

Así que la niña de la profecía no esta… usare esto a mi favor.

En dirección me recibieron con una sonrisa amable.

—Llegas justo en el mejor momento, Leah.

Mañana habrá competencias, y según tus resúmenes, eres una competidora excelente.

—E trabajado duro por esos informes—respondí con calma.

Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que por todo lo que me había preparado me llevaba exactamente a este punto.

—Los grupos de competencia son de cinco —me explicó la mujer del escritorio—, así que tendrás que unirte a alguno.

—No se preocupe, estoy segura de que ya tengo un grupo fijo donde puedo estar —respondí con seguridad.

—Oh, me alegró mucho.

Así te será más fácil, hacer amistades más adelante.

No tenía grupo todavía y hacer amistades mmmm No, pero sabía perfectamente dónde quería estar.

La cancha principal estaba llena de ruido y movimiento.

Algunos practicaban resistencia y fuerza, otros peleaban cuerpo a cuerpo.

Reconocí a Aiden e Iván a un lado, conversando apartados.

Y, en el otro extremo, un hombre alto y corpulento reinaba en el círculo de combate, riendo con descaro.

Su cabello oscuro caía en desorden y sus ojos verdes brillaban con provocación.

—Carlos, basta de llamar la atención, no te lastimes ahora, recuerda mañana!

—le gritó otro chico.

Así que ese era su nombre… Carlos.

—Cristian, no seas aguafiestas —replicó él—.

Déjame intentar algo.

Quiero enfrentar a Aiden, ese sí es un rival para mí.

Todos miramos hacia donde estaban los dos, pero justo en ese momento los vi correr hacia el bosque, y entonces vi fugazmente una figura feminina en el bosque, como si el mundo no importara ellos corrieron riendo.

Carlos chasqueó la lengua.

—Parece que tienen mejores asuntos por hacer.

Sonreí.

Entonces el creo que es mi entrada.

—¿Qué tal yo?

Adoraba su caras de sorpresa seguidas de murmullos que recorrió el círculo.

Silbidos, miradas de deseo, suspiros.

Sabía bien por qué: era apenas más baja que Estefi, piel clara que contrastaba con mi cabello negro, ojos negros, cada curva resaltada por el corsé rojo y los shorts negros que mamá me había obligado a usar.

Yo habría preferido ropa un poco mas cómoda, pero ella insistía: todo entra primero por la vista.

—¿Y tú eres?

—preguntó Carlos, con una sonrisa burlona.

—Leah.

Acabo de llegar al centro.

Soy una excelente combatiente.

Creo que puedo ganarte.

Carlos soltó una carcajada que hizo eco en la cancha.

—¿Tú?

¿A mí?

No lo creo, tesoro.

Aun así, yo no peleo con mujeres.

—Vaya —arqueé una ceja, entrando al círculo—, y yo que escuché que los hombres de aquí respetaban a las mujeres… Carlos entrecerró los ojos.

—Y así es tesoro, pero no quiero arruinar esa linda carita… —Vamos —lo interrumpí, sonriendo—.

Solo es un calentamiento, ¿no?

Las reglas eran simples, según Cristian: nada de golpes bajos, y el primero en caer o salir del círculo perdía.

—Me parece perfecto —dije, lista.

Carlos sonrió confiado.

—Esto podría ser divertido.

Al sonar la señal, se dio su tiempo antes de lanzarse contra mí.

Era rápido, sí, pero sus movimientos eran predecibles.

Lo esquivé y giré, mi pierna se estrelló contra sus costillas.

Él gruñó, recuperando el aire.

—Veo que quieres tomártelo en serio… perfecto.

Intentó empujarme fuera con un giro, pero me agaché y atrapé su brazo.

—Me gustan tus ojos —murmuró, divertido incluso bajo presión.

—Y a mí los tuyos.

Por cierto… acabas de perder.

Usé su propio peso para lanzarlo fuera del círculo.

Cayó con estrépito, y los aplausos estallaron alrededor.

Había más gente de la que recordaba al entrar; todos se habían acercado a ver.

Carlos se levantó, sacudiéndose el polvo con una sonrisa torcida.

—Tesoro, bien jugado.

Deberías estar en mi grupo para las pruebas de mañana, que te parece aceptas?

Mi sonrisa fue pura satisfacción.

Justo lo que necesitaba.

—Estoy con Estefi, Aiden e Iván —continuó Carlos—.

Ellos quedaron en buscar a alguien más, pero parece que no tienen prisa.

Ahora ya no tienen que preocuparse.

—Perfecto —respondí con calma.

—Somos el grupo amarillo.

Te acompaño a inscribirte, tesoro.

La suerte me sonreia sin hacer nada ya había conseguido tiempo con mis chicos, lo seguí sin dudar.

Tras dejar mi nombre inscrito oficialmente, Carlos me presentó a algunos de los que, según él, eran “necesarios para sobrevivir” en el centro, básicamente pura gente aburrida.

Luego me indicó el camino hacia mi próxima clase.

Era la clase de estrategias.

Entré temprano, así que fui la primera en llegar, y me senté al fondo.

Quería ver a todos sin que me vieran.

El corazón me latía fuerte: ¿y si alguno de ellos también asistía a esta clase?

Como si decir eso fuera su entrada.

La puerta se abrió y entraron Iván y Aiden, riendo juntos, rodeados de otros chicos.

Ni siquiera me notaron.

Eso cambiará muy pronto.

Me acerqué al profesor, que todavía no me había visto.

—Hola, mi nombre es Leah, Soy nueva —le dije, entregando mi informe.

Él me presentó con entusiasmo.

El murmullo recorrió la sala.

—¡Qué hermosa es!

—¿Cómo no la vimos antes?

Miré directamente a Iván y Aiden.

Ellos me devolvieron la mirada, sorprendidos, y luego se miraron entre ellos, desconcertados.

No importa, pensé, no me recuerdan es lo más seguro, Pero yo sí.

Me comencé a dirigir a mi puesto, era observada por todos ahora incluso por mis chicos con su ceño fruncido, quería tocarlos sentarme entre ellos, pero no podía hacerlo ahora, seguro estaban hechizados por Estefi.

—– La clase estaba por terminar, me sorprendí disfrutando la clase del profesor, era bueno…

mejor de lo que pensaba, Hasta que comenzó a explicar las partes claves de una emboscada, su voz firme resonando en la sala.

—Tomen nota —indicó.

Yo apenas pude contener una sonrisa.

Como si mamá no me hubiera llenado de libros de estrategia desde que tenía diez años.

No me dejaba en paz hasta que terminara cada uno, y luego me hacía ponerlos en práctica en magia.

—Lo importante, chicos —continuó el profesor—, es que siempre confíen en el resto de su equipo.

Levanté la mano.

—Disculpe, profesor.

—Sí, Leah.

—Debemos recordar también que siempre puede existir un traidor… o un espía, si lo prefiere.

Lo ideal en una estrategia es que todos conozcan el camino, pero no necesariamente el objetivo final.

Así, si alguien cae o traiciona, el plan no se rompe.

Un murmullo recorrió la sala.

El profesor asintió, pensativo.

—Interesante punto de vista.

Iván, ¿qué opinas?

Iván me miró por primera vez con atención.

—Cuando una manada está bajo ataque, debemos confiar unos en otros para poder avanzar.

Entiendo lo que comenta la… —Leah —lo interrumpí, sonriendo.

Él inclinó apenas la cabeza.

—Lo que comenta Leah.

Es cierto que puede haber un traidor, por lo que debe haber siempre al menos dos personas de absoluta confianza que sepan el plan completo.

El resto puede conocer solo la parte que le corresponde.

—Muy bien, chicos —aprobó el profesor—.

Harían un gran equipo.

Carlos se estiró en su asiento y declaró con orgullo: —Lo seremos, profesor.

Mañana estará con nosotros.

En ese instante, Iván y Aiden me miraron de nuevo.

Yo les devolví la sonrisa, segura, altiva.

—Asi es, espero poder estar a la Altura del desafío.

Aiden y Iván me miraban y su atención hizo algo extraño en mi, un calor surgió, no me había sentido así nunca, sus miradas eran intensas…

-La clase a terminado chicos, suerte mañana para todos los que participen!

-Tesoro, te invito a comer algo, quieres ?-.

Carlos me estiraba la mano mientras me giñaba un ojo, Mirando detenidamente a Carlos me doy cuenta que no está mal, pero no sé compara con ellos…

-Aiden, Iván, se que habíamos quedado en que ustedes buscarían una quinta persona pero chicos conseguí a la mejor.- Carlos seguía explicando porque era la mejor opción cuando solo me conocía hace minutos.

Yo solo veía como se sentían incómodos?

atraídos ?

extraños?

-Cierto Tesoro?- Carlos me miraba y ellos igual, había dejado de escuchar a Carlos cuando comencé a ver sus cuerpos perfectos.

-Leah, estás bien ?

– Carlos insistía -Claro disculpa, estaba distraída-.

Mirando esos cuerpos marcados, pero no podía ser tan directa,.

– Soy muy hábil no los defraudaré sería la compañera perfecta.

Justo ahí le sonó el teléfono a Aiden, – Amor…

si claro ya terminamos, vamos en camino te amamos.

Te amamos que mierda como pueden decirle que la aman delante mío, tome una fuerte respiración.

– Si nos disculpan, nuestra compañera nos espera, nos vemos mañana.- Aiden ya ni siquiera me veía, tan ansiosa estaba por volver con ella.

-Carlos, Leah, hasta mañana.- dijo Iván, mi nombre en su boca sonaba hasta como música en mis oídos…

Mañana suena perfecto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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