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El destinado y el elegido - Capítulo 25

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25: Capitulo 25 25: Capitulo 25 Ivan Salimos del salón de estrategia en silencio por un momento con Aiden.

Carlos, como siempre, no dejaba de hacer chistes y presumir, pero yo apenas lo escuchaba.

No dejaba de pensar que Había algo raro… en esa chica Leah.

—¿Viste como nos miraba?

—pregunté en voz baja a Aiden, sin dejar que los demás se enteraran.

Él me miró de reojo, serio.

—Sí.

Y no solo la vi.

Sentí algo… extraño.

Como si ya la conociera.

Asentí despacio.

Eso mismo me estaba carcomiendo desde que ella habló en clase.

Su mirada, su seguridad.

Había algo familiar, como un eco de un recuerdo que no lograba atrapar.

Pero en ese instante todo se borró.

Al otro lado de la cancha, saliendo del borde del bosque, estaba Estefi.

Su vestido ligero se movía con el viento, y el sol dibujaba destellos en su cabello.

Me detuve en seco.

—Mírala… —murmuré, sintiendo cómo mi pecho se apretaba.

Aiden también sonrió.

—Se saltó la clase, ¿eh?

La vimos agacharse, rodeada de un par de aves pequeñas.

Había elegido quedarse ayudándolas en vez de volver con nosotros, Habiamos estado en un pequeño juego de caza, pero Estefi encontro unas pequeñas lastimadas, Esa es Estefi.

Siempre escuchando a su corazón, incluso en los detalles más pequeños.

—Creo que tenemos un juego pendiente —dije, y apenas mire a Aiden entendió, ambos comenzamos a movernos sigilosos hacia ella, listos para cazarla, como tantas veces antes.

Nuestra marca brilló tenuemente mientras corríamos.

Sentía la diversión mezclada con el deseo, enredándose como un mismo pulso.

Diosa… nunca me cansaré de esto, pensé, y se lo dije a Aiden entre risas mientras avanzábamos.

Estefi nos lanzó una última mirada antes de dejar a las aves en el pequeño nido que seguramente ella misma había acomodado.

Entonces, sin previo aviso, comenzó a correr.

—Es rápida —rió Aiden.

—No más que nosotros, hermano —respondí con un rugido divertido.

Aceleramos hasta arrinconarla en la orilla de un arroyo.

Ella, en lugar de rendirse, sonrió con picardía… y comenzó a hacer lo impensado: se quitó la ropa despacio, prenda por prenda, hasta quedar solo con la luz del bosque acariciándola.

Luego se lanzó al agua cristalina.

—Debe de estar helada —murmuró Aiden, sorprendido.

—El agua, sí.

Ella, no —repliqué, con los ojos fijos en su silueta.

Y era verdad.

Estefi no irradiaba frío, sino fuego.

Un sol propio, vivo, vibrante.

Amaba la forma en que su cuerpo se movía, libre, sin miedo.

Estos días con ella habían sido un viaje inesperado… avanzando poco a poco, a su ritmo, y sorprendiéndonos siempre, como ahora.

—No me digan que los alfas tienen miedo a un poco de agua helada… —nos retó Estefi, sonriendo desde el centro del arroyo.

Aiden rió bajo, con esa voz grave que hacía vibrar el aire.

—No hay nadie cerca, amor.

No le tienes miedo a dos lobos… Si entramos, podríamos comerte.

—¿Miedo?

—alzó una ceja, divertida—.

Si ni siquiera se han quitado la ropa.

Eso fue suficiente para provocar al lobo en mí.

Me deshice de la ropa en segundos y me lancé al agua.

Maldición, estaba congelada.

—¡Mierda!

—solté, riéndome entre dientes.

Aiden me siguió de inmediato, maldiciendo avanzamos hacia Estefi.

Pero De pronto, ella desapareció bajo la superficie.

Miramos alrededor, tensos, hasta que lo sentimos: calor.

Nuestra marca comenzó a brillar, expandiendo un resplandor dorado bajo el agua.

Estefi emergió entre nosotros, la sonrisa ladeada, los ojos encendidos.

—Mmm… veo que están fríos.

Quizás necesiten entrar en calor, quizás un poco de cariño…

Nos tocaba con tanta precisión que me costaba mantenerme quieto pero me tocaba tan bien, su mano se movía perfecta en mi miembro arriba, abajo pero cuando tocó mis testículos me volví loco, Aiden le tomo la cara y comenzó a besarla, Su nombre escapó de sus labios en un susurro, y sentí que todo mi control se rompía.

Aiden seguía devorando su boca y su cuello, mientras yo la observaba, deseando con todo mi ser besarla también, así que me coloque detrás de ella adorandola tomando su cuello, jugando con sus pezones, baje entonces lentamente hacia su clitoris, gimió, eso me animo y metí un dedo en su húmeda vagina, mierda estaba tibia, cuando introduje dos, tiró su trasero hacia atrás, pegándose a mi erección, MIerda !

quería nalgearla, necesitaba nalgearla.

No aguanté más.

Mi mano actuó antes que mi razón: le di una nalgada.

Estefi rompió el beso con Aiden de golpe y me miró con esos ojos encendidos.

Mierda… la cagué.

—Yo… lo sien… —alcancé a balbucear.

Pero ella no me dejó terminar.

Se lanzó hacia mí y comenzó a besarme con la misma intensidad.

—Me encanta cuando eres tú —murmuró contra mis labios.

Eso me arrancó un gruñido.

No pude evitarlo: le di otra nalgada, más fuerte, y la apreté contra mi cuerpo.

Sentí cómo se rendía en mis brazos, temblando entre nosotros.

Aiden, sin soltarla, se posicionó detrás de ella.

Sus manos adoraban cada curva de su espalda, bajando despacio, explorando su cuerpo, cuando llegó a su trasero, se levantó y dijo -Puedo comerte?-, ella me miró mientras sus mejillas se teñian de un rojo hermoso, se veía tan ardiente, la gire para el y la levante lo suficiente para que quedara suspendida entre Aiden y yo, Aiden no espero y comenzó a comérsela, Gire su cara y comencé a besarla Los gemidos de Estefi llenaron mi boca cuando Aiden profundizó su Lengua yo la reclamaba con cada beso, entonces le dije -Correte para nosotros cariño,- Fue como activar algo en ella porque llegó al clímax y nosotros con ella Diosa… amo a esta mujer.

Amo nuestro vínculo.

Y nunca la dejaré ir.

——— Amaba cuando estábamos en casa.

Ahí podíamos besar y acariciar a Estefi sin miradas indiscretas.

A mí no me importaba, a Aiden menos, pero a ella sí.

Lo notábamos cada vez que alguien la miraba de más cuando estábamos los tres juntos: su cuerpo se tensaba de inmediato.

Ya habíamos “amenazado” a algunos de manera amistosa… o eso nos gustaba decir.

Y desde que Estefi y Cata ya no eran amigas, se había creado un nuevo grupo alrededor de ella.

A veces nos decía, medio riendo, que ni ella podía creer que ahora tuviera tantos chicos y chicas como amigos.

Para ser sincero, eso nos había puesto a prueba a Aiden y a mí.

Nos costaba compartirla, pero no había dudas: era una líder innata, aunque ella lo negara.

Atenta, con un humor sarcástico que nos hacía reír, inocente en algunos aspectos, pero fuerte hasta la médula.

Era todo.

—¿Cómo les fue eligiendo a la quinta persona?

—nos preguntó mientras jugueteaba con la bolsa de su infusión—.

Pensé que se iba a unir Cristian también.

—No puede, amor —respondió Aiden—.

Debe apoyar a un grupo que tendrá su primera vez en este tipo de competencia.

—De todas formas le da lo mismo —añadí—.

Sabe que será seleccionado para las próximas misiones y pruebas.

Estefi frunció los labios, pensativa.

—Entonces… ¿quién será?

Podría preguntar a Yanet.

Es realmente buena en todo: rápida, estratégica, y creo que aún no se une a nadie.

Aiden y yo nos miramos.

—¿Qué pasó?

—insistió Estefi, alzando una ceja, se me olvida que nos siente.

Tragué saliva.

—Carlos ya escogió a alguien… una chica nueva.

—¿Nueva?

—repitió, sorprendida—.

¿Cuándo llegó?

No la vi.

—No lo sabemos con certeza —respondió Aiden—.

Cuando entramos a la clase de estrategia, ya estaba ahí.

Estefi sonrió con naturalidad.

—Me encanta.

Así no seré la única mujer.

Sentí un nudo en el estómago.

Algo en esa chica no me parecía bien.

Estuve a punto de decir que no quería que estuviera con nosotros, pero… ¿qué excusa tenía?

—¿Cómo se llama?

—preguntó Estefi, curiosa.

—Leah —contestó Aiden.

—Es un nombre fuerte, ¿no creen?

—dijo ella, pensativa—.

¿Y por qué Carlos dice que es la indicada?

¿O solo quiere presumir?

—Carlos organizó una pequeña lucha cuerpo a cuerpo con ella —expliqué—.

Y lo sacó del círculo sin problema.

Estefi abrió los ojos con asombro.

—Wow… entonces es buena.

—No lo sabemos aún, amor —agregó Aiden—.

También estuvo en estrategia y dio un punto de vista interesante.

Yo me incliné hacia ella y acaricié su mano.

—Lo importante para nosotros es que tú estarás ahí, cariño.

Con eso casi ya me siento un ganador.

Estefi se sonrojó con esa dulzura que me mataba.

—Por cierto —dije, recordando—, llamó mamá.

Estaba emocionada, diciendo que tenía todo listo para nuestra semana allá.

Ya la conocen… con Luna Selene de anfitriona, todo es en grande.

Estefi sonrió, aunque sus dedos jugueteaban nerviosos con el borde de la manta.

—Ya quiero ir a ver a tu mamá Selene y a Max… aunque debo confesar que estoy nerviosa.

Voy a conocer a tu manada, y no sé cómo me recibirán.

Tomé su rostro entre mis manos y la miré directo a los ojos.

—Como te mereces, cariño.

Eres nuestra luna, su luna.

Te amarán.

Aiden se inclinó hacia ella, serio pero con ternura en la voz.

—Recuerda, amor: la diosa Lewen nos escogió.

Estamos hechos para ti… y tú para nosotros.

La marca brilló apenas, como confirmando sus palabras.

—Ahora deberíamos descansar —añadí, besando su frente—.

Mañana debemos estar temprano, y quiero prepararles un desayuno antes de irnos.

-Los amo-, sus ojos brillaban cada vez que lo decia, no me cansaba de escucharlo, habíamos avanzado tanto con nuestra compañera que casi sentía que algo venía.

Con Aiden respondimos al unísono, – y Nosotros a ti-, entre risas no fuimos a nuestra habitación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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