Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El destinado y el elegido - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El destinado y el elegido
  4. Capítulo 26 - 26 Capitulo 26
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: Capitulo 26 26: Capitulo 26 Aiden El olor a pan recién hecho se mezclaba con el vapor de la tetera.

Iván y yo habíamos hecho un desayuno sencillo, pero con todo lo necesario para darnos fuerzas antes de la competencia.

Yo había preparado una pomada mágica, un ungüento que serviría para golpes o raspones, nunca estaba de más.

Iván, en cambio, había traído consigo unos planos familiares, un mapa que había ido perfeccionando con los suyos y que podía servirnos para trazar estrategias en terreno.

—Estefi se está demorando en la ducha —comenté, mientras revolvía la infusión.

—Seguro está cansada después de todo lo de ayer —respondió Iván, doblando con cuidado uno de los mapas.

Nos quedamos en silencio unos segundos, hasta que decidí sacar lo que llevaba en la cabeza desde anoche.

—¿Sentiste lo mismo que yo con Leah?

Iván levantó la vista, sus ojos celestes atentos.

—¿A qué te refieres?

—Que nos coqueteó —dije directo, sin rodeos—.

No solo fue una mirada rara, Iván.

Fue descarado.

Él dejó escapar una risa seca.

—Yo lo llamaría provocación.

No coqueteo.

Casi como si quisiera reclamarnos.

—¿Y no crees que deberíamos decirle a Estefi?

—pregunté, serio.

Iván negó con la cabeza.

—Hoy no.

No quiero preocuparla justo el día de las competencias.

—Pero si no le decimos ahora, después puede haber malos entendidos entre nosotros tres —insistí.

Él me miró de reojo, con esa chispa desafiante que tanto lo caracteriza.

—¿Y por qué habría malos entendidos?

¿Acaso a ti te gustó?

Solté una carcajada incrédula y lo encaré.

—Es una puta broma Iván.

No me gustó.

Pero no pienso dejar que ella se meta entre nosotros.

—¿Cuál es el problema entonces?

—resopló él —.

Ya nos coqueteó, fue descarada, sí, pero depende completamente de nosotros, – dijo Ivan —Se eso Iván, se que depende de nosotros, pero… aún siento que deberíamos decirle a Estefi,-, con un gruñido le comente, Por ahora me callare, Pásame esa tetera.

En ese momento la puerta de la habitación se abrió y apareció Estefi, fresca, con el cabello húmedo, con una leggins verde militar, una Polera Gris de Iván y una camisa Verde mia, se veía perfecta, Nos miró con suspicacia.

—¿Y ese humor, Aiden?

¿Están peleando, chicos?

—No, cariño, no es nada —respondió Iván rápidamente—.

Solo teníamos una opinión distinta sobre un tema en común, ¿cierto, Aiden?

—Sí, tranquila —dije, intentando sonar despreocupado—.

Solo estábamos hablando cosas que al parecer no tienen importancia.

Estefi arqueó una ceja.

—Ok… el ambiente se puso tenso de repente, pero voy a hacer como que esto no está pasando, ya que ustedes no quieren que yo lo sepa, por ahora haré como que no importa, pero cuando luego pregunté deberán contarme, ahoraTomemos desayuno en calma.

Nos sentamos los tres y comenzamos a compartimos la comida al principio un poco tensos pero pronto Estefi termino por unir todo y entre risas que disiparon la tensión.

Cuando terminamos de guardar todo en los bolsos, Iván le sonrió a Estefi.

—Me encanta cuando llevas mi polera.

Yo me acerqué y le di un beso en la cabeza.

—Y a mí me encanta cuando llevas mi camisa en tus caderas.

Estefi nos besó a ambos, con esa dulzura que siempre terminaba derritiéndome.

—Y yo amo tener sus olores en mí —susurró.

— El camino hacia el centro fue tranquilo, aunque yo no lograba sacar de mi cabeza la conversación con Iván.

No era que desconfiara de nosotros, pero la manera en que Leah nos había mirado me seguía inquietando.

Respiré hondo, intentando dejarlo atrás: hoy era día de competencia, y no quería distraerme.

Al llegar al centro, fuimos enviados directamente a la cancha principal.

Todos los grupos ya estaban reunidos, el aire vibraba con expectativa.

Fue entonces cuando la vi.

Cata.

Estaba con un grupo formado y listo para competir.

Mierda.

Odiaba la idea de que siguiera cerca de Estefi, mucho menos ahora, cuando cada error podía volverse peligroso.

Estefi nos había pedido como favor que no dijéramos nada a sus padres.

Ella creía que Cata era lo bastante astuta como para no intentar atacarla de nuevo.

Pero Iván y yo dudábamos de ello.

La forma en que la miraba, con un recelo constante, lo decía todo.

Cata, no mostraba miedo, lo que la hacía peligrosa.

Cuando su mirada se cruzó con la mía, vi deseo.

Un deseo maldito que me revolvía el estómago.

Esto se pone cada vez peor, pensé.

Entre Cata y esta otra chica, Leah, las competencias no serán difíciles por las pruebas… sino por ellas.

Porque lo más probable es que quieran herir a nuestra compañera.

Y eso no lo permitiremos.

Estefi caminaba tomada de nuestras manos, con la vista fija hacia adelante.

Yo estaba tan absorto en mis pensamientos que casi no noté cuando Iván me miró.

Y Supo exactamente lo que pasaba por mi cabeza.

Incluso desvió la mirada hacia Cata.

Fue entonces cuando Estefi se detuvo y nos miró, el vínculo de su lado bruja era fuerte —¿Qué pasa?

—Es Cata… —le dije con un nudo en la garganta—.

Ella va a participar, amor.

Creo que no te podrás alejar de nosotros.

Estefi frunció los labios, pero respondió con seguridad: —Ella no se atrevería a atacarme con tanta gente aquí.

—No lo sé, cariño, no debemos confiarnos —intervino Iván, su voz firme—.

Solo, por favor, mantente conmigo o con Aiden durante la competencia, ¿ok, cariño?

—Lo prometo —dijo mi chica, mirándonos a los ojos.

Entonces, Carlos palmeo mi espalda, tuvo que —¿Cómo está la híbrida más sexy que conozco?

—exclamó, sonriendo con descaro.

Me giré hacia él con la cara dura.

—Carlos, recuerda lo que hablamos de llamar a Estefi así.

Él alzó las manos en gesto de rendición.

—Está bien, está bien.

Solo digo lo obvio.

De todas formas, estos chicos ya te habrán dicho que encontré un tesoro nuevo en este centro.

Estefi soltó una risa ligera.

—Vaya, sí que te dejó una gran impresión esa chica.

Carlos chasqueó los dedos, dramático.

—Awww, lo sé.

Lewen debió enviarme una nueva oportunidad, lo siento en los huesos.

—Ya quiero conocerla —dijo Estefi, divertida—.

Apuesto a que es hermosa.

—Hermosa es poco —respondió Carlos, guiñandole un ojo—.

No tanto como tú, pero hermosa y lista.

—Hola… —esa voz surgió detrás de nosotros, firme y seductora.

Giramos todos al mismo tiempo.

Y ahí estaba.

Leah.

—¡Cómo están todos!

—exclamó, Carlos, se acercó dónde ella abrazandola como si fueran grandes conocidos.

Ella, sin dudar, se dirigió directamente hacia mí.

—Hola, Aiden.

—Tomó mi brazo con confianza y me dio un beso en la mejilla, inclinándose después hacia Iván con la misma intensión Fue demasiado cercano.

Instintivamente, ambos dimos un paso atrás.

—Hola, mi nombre es… —comenzó Estefi.

—Estefi, ¿cierto?

—la interrumpió Leah, tendiéndole la mano.

Estefi se la estrechó, pero frunció el ceño.

— Eres híbrida.

Leah parpadeó sorprendida.

—¿Cómo lo supiste?

—No lo sé… solo sé que lo eres.

—Vaya, tesoro, te lo tenías guardado —intervino Carlos, divertido.

Crucé una rápida mirada con Iván.

Híbrida.

Igual que Estefi.

Y ahora que la observaba con más atención, notaba un ligero parecido entre ellas que me inquietó.

—¿De dónde eres?

—preguntó Estefi.

—De aquí y de allá, de todos lados —respondió Leah con una sonrisa—.

Mi mamá y yo nos movemos continuamente.

—Vaya… eso es genial, yo en realidad, he salido muy poco.

Un par de veces al centro de Chile, pero no conozco mucho.

—Chile es hermoso —dijo Leah con orgullo—.

Hemos ido desde Arica hasta Chiloé.

Estoy tan agradecida de que mi mamá siempre me llevara con ella.

Siento que Debo anotar todo esto, pensé, atento a cada palabra.

Había algo extraño en cómo se mostraba abierta y reservada al mismo tiempo.

Estefi rompió el silencio con una risa ligera.

—Mis compañeros me comentaron que le diste una paliza a Carlos.

Gracias por eso.

Leah encogió los hombros con aire confiado.

—Solo una pequeña demostración de lo que soy capaz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo