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El destinado y el elegido - Capítulo 27

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27: Capitulo 27 27: Capitulo 27 Estefi Nos habían reunido en espacio central de entrenamiento, mientras todos esperábamos instrucciones, un asistente colocó un brazalete amarillo en nuestras muñecas.

Los chicos se habían mantenido cerca… demasiado cerca.

Tal vez era por precaución, o quizás porque habían notado lo mismo que yo: Cata estaba entre los del grupo azul, acompañada por Cristian, quería saber si los chicos sabían algo, pero entonces El sonido metálico de los altavoces rompió el murmullo genera El director levantó la voz con autoridad: —Hoy comienzan los Aukantun.

Serán tres competencias en total.

La última de ellas se llevará a cabo esta noche, bajo la mirada de la luna.

Mientras ajustaba el brazalete, sentí una leve vibración, casi como si despertara con vida propia.

—El brazalete abrirá un canal de enlace mental entre ustedes —explicó—.

Desde El momento que comience la competencia, no deberán hablar en voz alta.

Quien lo haga, recibirá una pequeña descarga.

Algunos rieron nerviosos, otros se miraron con complicidad.

—La primera competencia será una carrera hasta el límite de la manada, la ruta no será entregada, solo indicaremos como referencia que es uno de los límites de esta manada—continuó la voz—.

Deberán cruzar todos los integrantes para declararse ganadores.

Es con límite de tiempo, tendrán dos horas.

Un silencio expectante cubrió el claro.

—Eso no es todo…Ademas, Está permitido retrasar a los otros equipos, siempre y cuando no causen un daño grave a otro compañero.

Tienen cinco minutos para organizarse a viva voz.

Luego, solo podrán comunicarse mentalmente.

Conocía lo suficiente a Iván y Aiden para saber que desde ahora solo hablaríamos atraves el enlace.

Iván fue el primero en hablar por el enlace: ¿Todos me escuchan?

Sí, respondimos al unísono.

Leah soltó una risa.

Bah, pensé que esto sería difícil.

Iván: No hay que confiarse.

Está permitido retrasar a los equipos rivales.

Aiden: Tiene poco sentido.

Si retrasamos a otros, también perdemos tiempo.

Aiden tenía razón, no veía razón para atrasar a otro equipo menos aún si no sabíamos la ruta.

Los altavoces tronaron de nuevo: —Solo los primeros cinco equipos que lleguen continuarán en competencia.

Era una carrera se veía simple pero ya habian varias cosas que no lo hacía simple, teníamos dos, no sabíamos la ruta y ahora solo 5 podían pasar está etapa, entonces se me ocurrió algo, nuestra cabaña estaba cerca de uno de los límites.

Estefi (por el enlace): Nuestra cabaña está en el límite sur, podría ser allí.

Carlos: Es cierto, preciosa, pero primero debemos confirmar que dirección nos darán.

Iván: Debemos trazar una ruta clara.

Leah: Yo vivo en las afueras de la manada.

Vi movimiento cerca de mi cabaña… podría ser el límite Este.

Aiden: Debemos asegurarnos antes de avanzar.

Altavoces: —Tienen la opción de una pregunta durante la competencia, pero solo una, si la utilizan en este juego, no podrán hacer otra.

Sin más preámbulos… ¡comiencen los juegos!

A lo lejos, el sol comenzaba a elevarse.

Iván nos instó a centrarnos y avanzar.

Carlos, distraído, habló en voz alta: —Pues vamos, ¿para qué…?

Una descarga eléctrica nos recorrió a todos.

atraves del enlace  Iván: Carlos, concéntrate o nos electrocutarás a todos.

Iván desplegó un mapa, trazando rutas con ayuda de Aiden y Carlos.

Leah de alguna manera se había colocado justo entre los dos, aportando ideas con soltura.

Y yo… apenas podía concentrarme.

Cada vez que intentaba pensar, Nara intervenía.

Nara: Si no haces algo pronto, tomaré el control y le cortaré el cuello.

Estefi: Nara, necesito que te calmes.

Si no me dejas pensar, no podré ayudar.

Nara: Mierda… odio cuando tienes razón.

Había estado pensando desde que indicaron que es en el límite en nuestra cabaña y en las cosas que hemos hecho ahí…

no podía concentrarme, comencé a recordar como Iván me mantenía firme de frente a a el y deslizaba su mano hacia mi entrepierna…

mierda siento calor…

Iván: ¿Estás bien, Estefi?

Todos levantaron la cabeza hacia mí.

—Eh… nada… —balbuceé.

Como iba a decir que pensaba en como Aiden también me apretaba desde atrás…

haciéndome sentir su exitacion.

Aiden: Esta es tu manada, tal vez puedas guiarnos.

Todas las miradas cayeron sobre mí, tenía que pensar y no precisamente en la cabaña, entonces vi la expresión de Leah: una sonrisa apenas contenida, casi burlona.

Nara: Habla ahora!.

Mira su cara.

Recuerda quien eres la hija del Alfa, está es tu manada por lo que estamos en tu territorio.

Tenía razón, tenía que hablar y tenía que concentrarme.

Estefi (por el enlace): Si los juegos están ligados a nuestras raíces, deberíamos seguir el sol y la luna como referencia.

Eso nos lleva al río, que cruza los límites este y oeste de la manada.

Nara: Debo admitirlo… cuando hablas, piensas bien.

El silencio fue breve.

Iván: Excelente idea, Estefi.

Una de las rutas que estábamos trazando pasa cerca del río.

Aiden: Tiene sentido.

Leah: Pero si lo que dice es cierto, tenemos dos posibles rutas, en direcciones opuestas.

Carlos: Es cierto, tesoro, siempre tan lista.

Iván: Estamos más cerca del límite oeste.

deberíamos ir por ahí primero.

Si no es, giraremos hacia el este.

Nadie objetó.

Iván: Asumo el silencio como confirmación.

Corramos hacia el oeste.

Si fallamos, bajaremos el ritmo y tomaremos la segunda ruta.

Leah: Sugiero movernos rápido, por si ninguna funciona.

Carlos: Apoyo a tesoro.

Aiden: Carlos comprendo tu sugerencia, sin embargo Los puntos de Estefi son válidos, es su manada después de todo, Sigamos su sugerencia.

Era extraño oírlos hablar de mí de forma tan neutral.

Habíamos hablado y yo les había pedido que solo me tratarán como compañera de equipo: durante los juegos.

—– Llevábamos corriendo un buen tramo sin contratiempos.

Iván marcaba el ritmo adelante; Aiden cerraba el grupo, justo detrás de mí.

Sabía que era para protegerme.

El viento nos golpeaba el rostro cuando algo llamó mi atención: unos árboles de tronco grueso Altos con frutos rojos colgando.

¿Guindas?

No.

Los cerezos no crecían tan altos.

Iván (por el enlace): Podemos bajar el ritmo.

Estamos cerca.

Tomen aire y hidratense.

Aiden me pasó una botella, su mano rozó mi hombro y las chispas volvieron a recorrerme, aún pensaba como era posible que sus toques causarán que me derritiera por ellos.

Entonces escuché a Carlos (atraves del enlace): Las guindas están especialmente buenas.

Leah: Te dije que era raro.

Carlos: Tranquila, tesoro.

¿Qué daño puede hacerme una guinda?

Guindas… Mi corazón se aceleró.

(atraves del enlace) Estefi: Carlos, ¿comiste de los árboles altos?

Leah: Se lo advertí.

Estefi: Creo que son una trampa.

Ese no es un cerezo.

Aiden: Bebe de esta agua, Carlos.

No tomes nada más.

Carlos: No pasa nada… antes de que terminara de hablar su cuerpo se arqueó antes de caer al suelo, convulsionando.

—¡Mierda!

—alcanzó a gritar.

Una descarga recorrió a todo el equipo, aguda, quemante, era la segunda y también más fuerte.

Aiden corrió hacia él, con una botella distinta.

—¡Abre, idiota!

—ordenó, y lo obligó a beber.

Carlos tosió, bebió, y poco a poco se calmó.

Su respiración comenzó a estabilizarse Nos quedamos en silencio, mirando a Carlos, esperando que se recuperará, hasta que  Aiden se incorporó de golpe, colocándose detrás de mí.

Sentí cómo me cubría con su cuerpo.

Su voz resonó grave, contenida (atraves del enlace): No estamos solos aquí.

—Leah: son cinco personas.

—Iván: probablemente otro equipo.

—Aiden: las cerezas solo eran una distracción para detener a alguien aquí.

—Leah: nos rodean.

—Iván: podemos hacer dos cosas, avanzar y esperar que la meta este en el límite oeste o ir por ellos ahora.

—Leah: lo que decidan, estoy lista.

—Aiden: Iván, ¿qué crees que es lo mejor?

Iván miró a Carlos, que ya se estaba levantando, con mejor color.

El agua que le dio Aiden era efectiva.

—Aiden: ¿existe la posibilidad de que no estén solos, que sea más de un equipo?

—Iván: estamos cerca del límite oeste.

No creo que sepan que es una posible meta, si no estarían corriendo hacia allá.

Tenía razón, pensé.

Estábamos a menos de tres kilómetros.

Por el enlace: —Estefi: estamos a unos tres kilómetros, como mucho.

Si somos lo suficientemente rápidos, podríamos llegar.

—Aiden: y si es ahí la meta, nos liberamos de este enfrentamiento innecesario.

En cambio, si no lo es, aprovechamos la ventaja de llegar antes y esperarlos.

—Iván: debemos ser muy rápidos.

Carlos, ¿estás en condiciones?

—Carlos: amigo, siempre estoy listo para una carrera.

—Iván: perfecto.

Entonces seremos rápidos.

Tomen ayuda de sus lobos para ganar velocidad.

Cuando lleguemos, si no es la meta, formamos un círculo, ¿queda claro?

—Sí —respondimos todos.

—Iván: perfecto.

Ahora.

Comenzamos a correr.

Todos eran rápidos, pero yo sabía que podía dar más.

Me adelanté, Nara amaba correr y me dio la energía que necesitaba.

Cuando estábamos por llegar, aceleré más, sabía que podía mas y quería revisar si era ahí, así podría avisarles.

Por el enlace: —Iván: Estefi, no te adelantes tanto, podría haber peligro más adelante.

—Estefi: tranquilo, solo iré a revisar.

Cuando llegue, vi la meta cerca, los llamé (por el enlace): —¡Es aquí!

¡Es en este límite!

—Carlos: preciosa, así se hace.

—Aiden: pasa la meta, no nos esperes.

—Estefi: pero si paso y ustedes necesitan mi ayuda, no podré volver a ayudarlos.

—Iván: tranquila, estamos a unos segundos de ti.

Pasa.

-Estefi: Pero…

—Leah: ¡cuidado, Aiden, detrás de ti!

El corazón me latía rápido, no por la carrera si no por el posible peligro en el que se encontraban mis compañeros, Debía volver, estaba por hacerlo cuando escuché: Por el enlace: —Aiden: gracias, Leah.

—Iván: lo hiciste bien, fue bueno tenerte en el equipo.

—Carlos: Vieron cuando saltó, fue Wow, les dije, la tesoro es increíble.

Seguía quieta, Estaba a pasos de la meta, pero algo se sentía mal.

No debía sentirme traicionada, sabía que lo que escuché era solo trabajo en equipo… pero dolía.

Los vi llegar los 4 venía agitados, examine a ambos rápidamente, quería asegurarme que no tuvieran heridas visibles, entonces ambos me miraron con el ceño fruncido.

(por el enlace) —Iván: te dije que pasaras.

¿Qué pasó?

—Carlos: E chicos…

vamos, vamos, después pedimos explicaciones.

Entonces mi re a Leah, su sonrisa de triunfo no se me pasó por alto, menos aún el hecho de que su polera superior estaba rota, mostrando aún más su ropa interior,  Los cinco caminamos cruzando la meta en un silencio cargado de tensión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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