El destinado y el elegido - Capítulo 4
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4: Capitulo 4 4: Capitulo 4 Caminábamos por el bosque siguiendo el mismo sendero por donde habían huido Cata y Estefi.
El silencio era espeso, interrumpido solo por las ramas que crujían bajo nuestros pasos.
Aiden iba a mi lado, pero yo apenas lo notaba.
Mi mente seguía atrapada en lo que acababa de pasar.
Cata… su mirada, ese instante extraño en el salón, y luego ella corriendo como si quisiera escapar de todo.
No sabía cómo procesarlo.
Cata.
Ella era la que Lewen había señalado para mí.
¿Cómo se supone que debía sentirme?
No tenía a nadie en mente, nunca lo tuve, o eso pensaba… hasta ahora.
Pero lo que pasó no se parecía en nada a lo que imaginaba.
Y, para ser honesto, cuando Estefi apareció… algo dentro de mí se revolvió.
No podía ponerle nombre, pero me incomodó, como si la situación entera no tuviera sentido.
—Entonces… ¿qué harás?
—preguntó Aiden, con su tono calmo, aunque sus ojos me miraban con atención.
Respiré hondo, pasándome una mano por el cabello.
—¿Qué haré?
—repetí, amargo—.
Eso me pregunto desde hace rato.
¿Qué hago?
No quiero ser descortés con Cata… pero no sentí nada más que confusión.
Aiden abrió la boca para decir algo más, pero de pronto se detuvo.
—Espera… están ahí.
Levanté la vista y los vi.
Estefi sostenía a Cata con cuidado y firmeza a la vez.
Sus brazos eran un refugio, y el contraste entre las dos me estremeció más de lo que quería admitir.
—Deberías ir —murmuró Aiden a mi lado.
Tenía razón.
Claro que la tenía.
Pero no sé qué me detuvo.
El olor a vainilla y frutos rojos me golpeó de repente, colándose en mi pecho como una ráfaga cálida.
Pensé, confundido, que quizás era el vínculo con Cata haciéndose presente… pero mis ojos seguían fijos en Estefi.
Ella se giró hacia nosotros.
Cata también nos miró.
Por un instante, el mundo se detuvo.
Los ojos de Cata tenían la expresión de alguien que acababa de recibir la peor noticia de su vida.
Los de Estefi… no lo supe.
¿Pena?
¿Desilusión?
¿Tristeza?
Todo junto, quizás.
Y entonces empezó a caminar.
¿Hacia mí?
¿Qué mierda me pasa?
El corazón me latía con fuerza.
Cada paso suyo acercaba de nuevo ese olor inconfundible a vainilla y frutos rojos.
Me atravesaba entero, me dejaba sin aire, y por un segundo, sentí una atracción que me fue imposible ocultar.
Tuve que controlarme.
Tenía que controlarme.
Al pasar junto a mí, escuché la voz de Aiden, grave pero suave: —Estefi… ¿puedo acompañarte?
Ella asintió, mirándolo directo a los ojos.
—Claro.
Luego me miró a mí.
Una sonrisa triste, apenas un destello en su rostro.
Después giró hacia Cata y susurró con dulzura: —Nos vemos mañana… te quiero.
Y siguió su camino, dejando un vacío imposible de ignorar.
Me quedé de pie, inmóvil, mirando cómo se alejaba junto a Aiden.
El olor todavía me rodeaba como un hechizo imposible de romper.
Cata permanecía a unos pasos, con la mirada clavada en mí.
—Perdona por haberme ido así —dijo al fin, con la voz quebrada—.
No supe cómo reaccionar.
Asentí despacio.
—No tienes que disculparte.
Para mí también fue una sorpresa… no esperaba esto.
Cata me sostuvo la mirada, como si buscara leer algo en mis ojos.
—No sabía que a ti te gustaba alguien… vaya.
Me removí incómodo, pasándome una mano por la nuca.
—No es tan así… bueno, es complicado.
Ella tragó saliva, miró al suelo y luego volvió a alzar la vista.
—Yo todavía no sé qué hacer, Iván.
Te seré sincera: yo quería que mi compañero fuera otra persona.
Aunque el vínculo lo siento… es débil, pero está ahí.
¿Y tú?
Me quedé en silencio unos segundos.
Mierda.
No quería ser tan sincero, pero algo en su voz me hizo sentir que se lo debía.
—Cata… yo no siento nada —confesé al fin, con un hilo de voz—.
Es como si no fuera yo.
Solo percibo un pequeño hilo entre nosotros, pero nada de lo que todos dicen que se siente.
Ella respiró hondo, como si esperara esa respuesta.
—Sé que pronto es tu cumpleaños… junto con Aiden, ¿cierto?
Levanté las cejas, sorprendido.
—Vaya, qué bien informada estás.
Ella sonrió apenas.
—Bueno, ustedes siempre invitan a todo el mundo.
He ido en algunas oportunidades… Espero que esta vez Estefi también me acompañe.
—¿Estefi irá también?
—pregunté, sin poder evitarlo.
Cata me miró, arqueando una ceja, y luego soltó una risa suave.
—Jajaja… Podrías convencerla.
Al parecer quieres que vaya.
Sentí el calor subirme al rostro y me apresuré a negar.
—No es… no, lo que pasa es que… —Tranquilo, Iván —me interrumpió, aún sonriendo—.
No quiero hacerte sentir incómodo.
¿Qué tal si ese día nos encontramos y, si no sientes el vínculo de tu parte, lo rompemos inmediatamente?
Casi me sentí ofendido por lo directo de su propuesta.
—¿Tan fácil?
—No creo que eso sea malo en absoluto —respondió ella, con calma.
Me pasé una mano por el cabello, soltando un respiro lento.
—Entonces, si no pasa nada… ¿no me odiarás?
—Claro que no —aseguró—.
Pero en caso de que suceda… si llegas a sentir el vínculo, ¿qué hacemos?
Me quedé pensativo, mirando el suelo.
—Mmm… veremos qué sucede ahí.
¿Te parece?
Será en el Centro, como siempre.
Cata dejó escapar un suspiro profundo y una risa breve.
—Ahhhh, Iván… siento que me he quitado un gran peso de encima.
Vamos, ¿o te quedas aquí parado?
—Claro, claro… voy —respondí, siguiéndola.
Pero mientras caminábamos, mi mente seguía atrapada en otro lado.
Aún debo entender qué me pasa con Estefi.
No lo sé.
Es complicado… porque sé que a Aiden le gusta.
Él me lo ha dicho abiertamente.
Y yo… no sé qué hacer, no creo poder traicionar a mi hermano.
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