El destinado y el elegido - Capítulo 6
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6: Capitulo 6 6: Capitulo 6 Estefi Desperté de golpe, empapada en sudor.
El corazón me latía como si quisiera escapar de mi pecho.
Me senté en la cama tratando de calmar mi respiración, mientras las imágenes del sueño regresaban con fuerza: dos lobos enormes, uno rubio y otro marrón, me observaban con hambre, deseo y anhelo.
Me dieron ventaja.
Sin palabras, solo con una mirada.
Corrí.
Me escondí.
Escalé un árbol.
Pero ellos me seguían.
El lobo marrón me encontró primero.
Era Aiden, lo sabía.
Me dejó tocarlo, me miraba con intensidad.
Entonces quise que volviera a su forma humana… pero el lobo rubio rugió.
Iván.
Sus ojos brillaban con furia antes de lanzarse directo contra nosotros.
Sacudí la cabeza, tratando de borrar esas imágenes.
¿Qué significaban?
¿Por qué me sentía tan atrapada?
¿Por qué tan atraída hacia ellos?
Me metí a la ducha buscando despejarme.
El agua tibia cayó sobre mí, ayudándome a calmar un poco mis pensamientos.
Pero entonces recordé el instante en que escuché esas palabras.
“Compañera.” Dos voces al mismo tiempo.
Dos miradas clavadas en mí.
Aiden e Iván.
Los dos sintiendo lo mismo por mí.
Los dos alfas.
Los dos… mis compañeros.
Y yo, cuando me apartaron a un lado —Aiden con sus manos en los bolsillos, Iván con los brazos cruzados—, solo pude decir: “Necesito tiempo, chicos.
Tiempo para entender.
Para respirar.
Para ver qué debo hacer.” Salí del baño más confundida que antes.
Me envolví en una toalla y busqué mi teléfono.
Tenía que hablar con Cata.
Recordé su rostro descompuesto, las lágrimas en sus mejillas, y cómo había salido corriendo del salón.
La llamé una vez.
Nada.
Dos veces.
Silencio.
Tres.
Sin respuesta.
El peso de la culpa me apretó el pecho.
Soy su mejor amiga, y ni siquiera fui tras ella.
Debe estar molesta.
Me vestí con lo primero que encontré en la silla: ese vestido que usaba cuando quería sentirme cómoda, y bajé rápidamente.
En el comedor me esperaba una escena que no imaginé: Iván, sentado con mi familia, riendo como si llevara años siendo parte de ella.
Mi papá, siempre el más escéptico, lo escuchaba con atención.
Mi mamá lo miraba con ternura.
Y mis hermanas… parecían hipnotizadas.
Cuando me vio, se levantó de inmediato.
Sus ojos celestes brillaban con una mezcla de decisión y dulzura.
—Cariño, pensé en venir a desayunar contigo.
Como me dijeron que aún descansabas, quise ayudar en la cocina, pero tu familia no me dejó mover ni un dedo —sonrió antes de inclinarse y besarme suavemente la comisura de los labios.
Chispas.
Suaves, cálidas, familiares.
No tan eléctricas como cuando Aiden me había tomado la mano.
Me senté, aún en shock, y comí en silencio mientras Iván hablaba de su manada, de los lagos sagrados donde la diosa Lewen bendecía a sus miembros, de su beta y su gama —altos, fuertes, solteros— y de cómo anhelaban encontrar a sus compañeras.
Lira y Lila casi chillaron de emoción.
Comenzaron a preguntar sin parar, e Iván respondía con paciencia, lanzándome miradas cómplices de vez en cuando.
Me levanté de la mesa, dispuesta a salir, cuando Iván me siguió.
Caminamos un momento en silencio hasta que habló.
—Cariño, quiero hablar contigo.
Pero antes necesito aclarar algo.
—Sus ojos se clavaron en los míos—.
Anoche fui tras Cata.
Me pidió que la dejara hablar primero… y me rechazó.
Me sorprendió, porque yo iba a hacer lo mismo.
Me había preparado para sentir dolor, pero en cambio… solo sentí alivio.
La acepté sin dudarlo.
Ya sabía que no era ella.
Su voz se suavizó.
—Desde hace tiempo supe que eras tú.
Siento haber tardado tanto en darme cuenta.
Tragué saliva.
Tenía un nudo en la garganta.
—Cuando soplé las velas, tu olor me envolvió.
Tu presencia me quemó.
Estefi… no sé cómo no lo vi antes.
Las chispas, el deseo, la conexión… son reales.
Y antes de que pienses en lo injusto que fue todo esto para Cata, quiero que sepas que nunca hubo nada más allá de la posibilidad del destino.
Pero mi destino, cariño… eras tú.
Me quedé sin palabras.
Era demasiado.
Demasiado intenso.
Demasiado verdadero.
Él me miró con una ternura que me desarmó.
Sonrió y se inclinó un poco.
—¿Estás bien, cariño?
—preguntó finalmente.
—Yo… voy a ir a ver a Cata —logré decir—.
No me contesta, y eso no es normal en ella.
Necesito saber cómo está con lo que pasó.
—Lo entiendo.
Pero antes… —sacó algo de su chaqueta—.
Esto es para ti.
Estoy seguro de que él lo dejó para ti.
Lo encontré en la puerta de tu casa.
Solo piensa con calma.
No te presionaré, cariño.
Podemos hacerlo.
Podemos ser felices si quieres.
Y… si lo eliges a él, yo te dejaré ir.
Era una carta.
Escrita con tinta azul, en una caligrafía perfecta.
Supe de inmediato que era de Aiden.
Supe, por cómo Iván me la entregaba, que temía hacerlo él mismo.
Entonces, se acercó más.
Me besó la frente, tocó mi cabello… y se fue.
Me quedé ahí un momento, hasta que la brisa movió el sobre en mis manos.
Lo abrí con dedos temblorosos y leí: — Estefi, Sé que anoche todo fue intenso y confuso.
Y aunque no esperaba compartir el vínculo con nadie más que contigo, no me sorprende que seas tú quien rompa todas las reglas.
Porque eso haces, ¿lo sabías?
Rompes esquemas, estructuras… y también mi autocontrol.
No sé qué decidas, ni qué vas a sentir mañana o en un mes.
Pero tenía que decírtelo: te amo.
Desde antes de saber que eras mi compañera.
Desde antes de que el destino me lo confirmara.
Te amo por cómo miras el mundo, por cómo luchas contra tus miedos, por cómo te vistes, por cómo tocas la magia como si ella también te necesitara.
Y si eliges a Iván, lo aceptaré.
Te juro que lo haré.
Pero si decides que quieres intentarlo conmigo… estaré aquí esperándote.
Siempre.
Con amor, Aiden — Sentí las lágrimas en los ojos.
Calientes.
Silenciosas.
Dos compañeros.
Dos confesiones.
Dos caminos que me atraían como imanes opuestos.
Y lo peor… creo que los quiero a los dos.
Me sequé el rostro con el dorso de la mano y salí con paso firme.
El siguiente paso era ir a ver a Cata.
Aún no sabía cómo enfrentaría esa conversación, pero no podía seguir postergándola.
Mientras caminaba por el sendero, sentía la presencia de la luna sobre mí.
Algo me hizo alzar la vista.
A pesar de que aún era de día, su silueta se veía clara en el cielo, vigilante.
Era como si algo en mí hubiese cambiado.
Una brisa suave me envolvió, cálida, protectora.
Por un instante me sentí segura, como si Lewen me recordara que no estaba sola.
Quizás era tiempo de tomar una decisión sobre mi destino.
Quizás no.
Entre la carta de Aiden y la confesión de Iván, mi corazón dividido, partido en dos caminos que parecían inevitables.
Pero ahora… no.
Por ahora, esto debía quedar en pausa.
Porque lo único que realmente importaba en ese momento era mi amiga.
Cata.
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