Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El destinado y el elegido - Capítulo 7

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El destinado y el elegido
  4. Capítulo 7 - 7 Capitulo 7
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

7: Capitulo 7 7: Capitulo 7 Toqué la puerta con los nudillos, sintiendo cómo el nudo en mi estómago se tensaba más con cada segundo.

No había ensayado qué decir.

No podía.

A veces, el silencio era lo único que una podía ofrecer…

y tal vez esta vez también lo usaría.

La puerta se abrió más lento de lo normal.

Cata apareció con los ojos hinchados, la piel pálida, el rostro lleno de marcas de lágrimas y una expresión agotada.

Por un segundo no dijo nada.

Solo me miró, como si no supiera si quería abrazarme o cerrarme la puerta en la cara.

—¿Puedo pasar?

—pregunté con voz suave.

Ella asintió.

Nada más.

Entré en silencio, esperando que sus pasos me guiaran.

Lo hicieron hasta su habitación.

Todo olía a maquillaje y perfume.

Me senté al borde de la cama, sin mirarla directamente.

Esperé.

No quería forzar nada.

Pasaron minutos.

O tal vez fueron segundos disfrazados de eternidad.

Hasta que su voz, al fin, rompió el aire.

—¿Vas a decirme algo o tendré que hablar yo?

No supe qué decir.

La culpa me aplastaba el pecho como una piedra caliente.

Entonces hablé, en voz baja.

—Yo no busqué esto, Cata… —Lo sé.

Pero eso no lo hace menos doloroso —me interrumpió con un hilo de voz—.

Sé que nunca te diste cuenta, pero estaba complemente enamorada de Aiden, se que te lo dije hace poco, pero eso lo hace menos real?, menos poderoso, !No, No.

Me quedé en silencio, paralizada.

—Me enamoré de él, Estefi.

¿Cómo no hacerlo?

Es tierno, atento, el mejor en todo.

Y cuando descubrí que no era mi compañero, te tomé de la mano y salí de ahí.

Cuando me viste llorar, era por él.

Por todo lo que no pudo ser.

¿Sabes cuánto me costó convencerme de que tal vez el destino me había dado a Iván para sanar ese amor no correspondido?

Que, si él era mi compañero, podría dejar atrás lo que sentía por Aiden… Sus ojos se llenaron de lágrimas, y yo sentí una punzada tan aguda como si esas lágrimas fueran mías.

—Y funcionó.

Por un momento…

funcionó.

Pensé: “al menos tengo a Iván”.

Pero no.

¡Ni siquiera eso me dejaron!

Su voz se quebró.

Su cuerpo comenzó a temblar.

Yo seguía inmóvil, tragando mi dolor para dejar espacio al suyo.

—¿Y sabes qué es lo peor?

—susurró con los dientes apretados—.

Si me hubieran preguntado a cuál no quería perder, habría dicho Aiden.

Él era mi amor para siempre… aunque nunca me mirara como a ti.

Mi respiración se detuvo.

—Y tú…

tú siempre ahí.

Con tu cara de “no estoy conforme conmigo misma”, con esa magia que a todos les encanta.

Siempre brillando sin darte cuenta.

¿Qué te hace tan especial, Estefi?

¿Por qué la diosa te da todo?

Si solo eres…

la rara híbrida.

Y ya no disimulaba.

Su mirada era odio.

Me puse de pie, sin saber qué hacer con las manos.

Cada palabra era un latigazo.

No por la acusación, sino por su mirada.

—No sé por qué pasó esto, Cata.

Pero no quiero pelear contigo.

Te juro que… —¿Pelear?

—interrumpió, con una risa amarga—.

No estoy peleando.

Estoy diciendo la verdad.

Y la verdad es que eras mi amiga, y me robaste todo…

aunque tú nunca lo notaras.

Sentí las lágrimas arder, pero no las dejé salir.

No ahora.

—No fue mi intención —susurré.

Cata soltó una carcajada seca.

Sin alegría.

Sin aire.

—¿¡No fue tu intención!?

—repitió, elevando la voz con un filo que me hizo retroceder un paso—.

¡Claro que no!

Tú nunca tienes intención de nada, Estefi.

Todo te cae del cielo.

Las buenas notas, los dones, la sonrisa de los profesores, el respeto de los guerreros.

¡Y ahora esto!

Los compañeros.

Se llevó una mano al pecho, respirando con dificultad, como si las palabras le arrancaran trozos del alma.

—¿Sabes cuánto me esforcé para que me miraran?

Para que Aiden, aunque fuera solo por un segundo, me viera como algo más que la amiga.

¿Sabes cuántas veces me repetí que, si al menos Iván era mi compañero, podía funcionar?

Que la diosa me estaba dando una segunda oportunidad…

¡Pero no!

Hasta eso me quitaste.

—Yo no los elegí, Cata… —dije con la voz temblorosa—.

No pedí tener dos vínculos.

Ni siquiera entiendo por qué pasó.

—¡¿Y crees que eso me consuela?!

—gritó—.

¿No saber por qué te dieron a mis dos chicos?

¿Sabes lo que duele?

Lo que de verdad quema por dentro… Es que, aun sabiendo que me destrozabas, ni siquiera fuiste capaz de alejarte.

Pudiste haberles dicho que no.

No aparecer con tu carita de mártir… ¡Pudiste no mirarlos como los miras!

Porque no lo niegues… los quieres a los dos.

Sus ojos brillaban.

No solo por las lágrimas.

Había algo más.

Un fuego.

Un rencor que jamás le había visto antes.

—Y yo… —susurró ahora, con un tono tan cruel como frágil—.

Yo ya no quiero callarme.

No puedo.

¡Y sabes qué!

Tampoco quiero.

Caminó hacia mí, despacio, como si cada paso la acercara al abismo de sí misma.

—Quiero que te duela, Estefi.

Que recuerdes siempre este momento.

Que recuerdes que yo los quería.

Que yo los soñé primero.

Que Aiden fue mi amor verdadero.

E Iván…

bueno, Iván era mi premio de consuelo.

Pero lo habría amado igual.

Porque sé amar.

Y podría haber tenido a los dos… si ellos me hubieran querido.

Me ardían los ojos.

No podía respirar bien.

El dolor me apretaba la garganta.

—Y ahora míranos… —dijo con una sonrisa torcida, rota—.

Tú, con mis dos compañeros… el Elegido y el Destinado.

Me quedé de pie, muda, helada, sintiendo que esa frase se incrustaba en mi piel como un tatuaje de culpa y verdad.

—No sé si te odio —añadió más bajo, dándome la espalda—.

Pero no quiero volver a verte.

Y no dijo más.

No lo necesitaba.

Salí casi corriendo, con el corazón a punto de estallar.

El aire de afuera me golpeó con violencia.

Eché a andar, pero pronto mis pasos se transformaron en carrera.

Corrí sin rumbo hasta que el bosque me envolvió con su sombra y el olor a tierra húmeda.

Me dejé caer de rodillas, rota, con el pecho convulsionando y las manos cubriéndome el rostro.

¿Qué podía hacer?

¿Debía regresar e intentar salvar mi amistad con Cata?

¿O debía aceptar mi destino y decidir con cuál de los dos quedarme?

¿Cómo elegir entre Aiden e Iván?

No podía.

No podía elegir.

Pero sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo.

Ellos jamás querrían compartir.

Y yo… yo tampoco querría compartirlos con nadie.

Me abracé a mí misma, temblando.

—Lewen… —susurré al cielo, aun sin verla—.

Dime qué puedo hacer.

Ayúdame.

El silencio del bosque fue mi única respuesta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo