Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El destinado y el elegido - Capítulo 8

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El destinado y el elegido
  4. Capítulo 8 - 8 Capitulo 8
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

8: Capitulo 8 8: Capitulo 8 Aiden El golpeteo en la puerta era insistente.

No urgente, pero sí con una energía que no podía ignorar.

Me levanté del sofá con desgano, todavía con el cuerpo pesado por lo que había pasado con Estefi la noche anterior.

No podía sacarme su voz de la cabeza, su respiración acelerada, la forma en que nos miró a los dos antes de decir que necesitaba tiempo.

Abrí la puerta.

Era Iván.

—¿Tienes un minuto?

—preguntó con su típica media sonrisa, pero sus ojos estaban serios.

Más de lo habitual.

Asentí y lo dejé pasar.

Nos sentamos en el borde del sofá, como cuando éramos amigos, porque ya no lo somos o si ?, mierda no lo sé —¿Pasa algo?

—pregunté, aunque en el fondo ya sabía que sí.

—Sí.

Tú —dijo directo, sin rodeos—.

¿Por qué no estás peleando por ella?

Lo miré de reojo, pero no respondí.

No sabía qué decir sin soltar toda la rabia contenida.

—Siempre supe que sentías algo por Estefi —dijo tras un respiro, como tomando fuerza para lo que venía—.

Entonces, ¿por qué ahora estás actuando como si te bastara con quedarte al margen?

Inspiré profundo.

—No me estoy quedando al margen.

—¿Ah, no?

Porque desde aquí parece que te estás rindiendo.

Y Aiden… Ella es nuestra compañera.

De los dos.

Lo siento en los huesos.

Y si ella decide quedarse con ambos… yo la aceptaré.

Porque ya no puedo vivir sin ella.

Levanté la vista.

Su mirada era firme.

Sin agresividad, pero con la intensidad del lobo alfa que sabe lo que vale.

—Mis padres hablaron conmigo —agregó Iván—.

Me contaron que, en nuestra manada, hace muchas generaciones, hubo un vínculo triple.

Dos alfas unidos a una mujer.

Al principio no los quise escuchar.

¿Quién querría compartir a su compañera?

Pero ellos insisten en que fue real.

Así que tal vez…

esto no sea tan loco como pensamos.

Sentí que algo dentro de mí se removía, una chispa que llevaba apagada desde que la vi con él.

Entonces, por fin, mi voz salió.

—Yo también hice averiguaciones —dije, más bajo—.

En mi manada también hay registros.

Y algo más… encontré una profecía.

Iván alzó una ceja, sorprendido.

—Habla de la Luna Azul y de tres vínculos entrelazados.

De cómo, juntos, serán la clave para que el poder no llegue a manos equivocadas.

Para que no se abuse de un poder tan grande.

El silencio se instaló entre nosotros, cargado de significado.

Ya no éramos solo dos chicos enamorados de la misma chica.

Éramos parte de algo más grande.

Algo que apenas comenzábamos a entender.

Entonces sentí una punzada tan fuerte que me hizo tambalearme.

Iván lo sintió también.

Lo vi en su mirada.

—Es ella —murmuré.

Estefi.

Estaba sufriendo.

El vínculo nos lo gritaba desde adentro, una vibración que nos sacudía el alma.

Sin decir nada más, ambos salimos corriendo hacia el bosque.

Su olor era como un lazo que nos guiaba.

Corrimos entre los árboles como si la tierra misma nos hablara, hasta que la vimos.

Allí estaba.

En el claro del bosque, de rodillas frente al Árbol Madre.

Las lágrimas caían sin freno por sus mejillas.

Su magia flotaba a su alrededor como una bruma plateada.

Iván fue el primero en moverse.

Caminó hacia ella con cautela, sin romper el momento.

Se quitó la sudadera y, con una suavidad que no le conocía, le limpió el rostro.

La acarició como si fuera de cristal.

Yo me alejé un poco.

Mis ojos recorrieron el bosque, los sentidos en alerta.

Quería asegurarme de que no había peligro.

No ahora.

No cuando ella estaba tan vulnerable.

Y entonces, Estefi me miró.

Y corrió hacia mí.

Me tomó por sorpresa.

Yo no me movía, y entonces sus brazos rodearon mi cuello con desesperación.

Las chispas explotaron entre nosotros como fuego.

Me incliné hacia ella para decirle que la había cagado, que me perdonara, pero su boca buscó la mía sin permiso.

Nos besamos con hambre.

Con necesidad.

—Te quiero.

Te necesito —susurró contra mis labios, entre lágrimas—.

No sé cómo, pero…

no puedo estar sin ti.

Sin ustedes —dijo, sonrojada.

Mi pecho se apretó.

Era todo lo que siempre quise oír.

Que me quería.

La apreté con fuerza contra mí.

El mundo se redujo a ese instante.

A nosotros.

Pero entonces lo sentí: una corriente atravesó mi pecho, como si algo invisible me uniera también a Iván a través de ella.

Una vibración dorada que me erizó la piel.

Vi, en un destello fugaz, los tres conectados.

No solo ella y yo.

No solo ella y él.

Los tres.

Mi lobo rugió dentro de mí, confundido pero fascinado.

Quería marcarla, poseerla.

Pero también reconocía que Iván estaba allí, y que de algún modo, también le pertenecía.

La idea me dolió.

Me revolvió.

Pero cuando la vi sonreír entre lágrimas, entendí que quizá no teníamos opción.

Que el destino no pedía permiso.

Iván se acercó, lento, como si caminara en un campo de flores.

Vi su mano rozar la espalda de Estefi con ternura, mover su cabello y comenzar a besarle la clavícula.

Ella giró el rostro para mirarlo.

Primero me miró a mí, como temiendo mi reacción.

Y, aunque me ardía el pecho de celos, solo asentí.

Entonces ella lo besó, con la misma intensidad que a mí.

Su respiración se volvió entrecortada.

La nuestra también.

—Tóquenme…

Los dos.

Los quiero.

Los necesito.

Esas palabras casi me derrumbaron.

La rodeé desde atrás, con las manos temblorosas.

Sentí sus pechos firmes bajo mis dedos, su cuerpo vibrando de deseo.

Chispas recorrían nuestros brazos como rayos dorados, mezclándose con el calor húmedo de su piel.

Iván le besaba la clavícula, bajando con lentitud, mientras yo la apretaba contra mí, devorando su olor de frutos y magia.

Era hambre.

Era amor.

Era destino.

La necesidad de hacerla mía era insoportable.

Quería devorarla, amarla, protegerla de todo.

Pero sabía… no aquí.

No aún.

Entonces Iván habló, con la voz ronca pero firme.

—Cariño, aunque todos lo deseamos… debemos parar.

Estamos en medio del bosque.

Y peor aún, cerca de tu casa.

Ni Aiden ni yo queremos que tu familia piense que nos aprovechamos de ti.

Ya es tarde.

¿Qué tal si vamos a comer algo al pueblo?

Estefi respiraba con fuerza entre nosotros.

Su cuerpo aún vibraba de deseo.

Pero asintió lentamente, y entonces la abrazamos ambos.

Y yo supe, sin necesidad de palabras, que a partir de ahora…

ya nada sería igual.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo