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El destinado y el elegido - Capítulo 9

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9: Capitulo 9 9: Capitulo 9 Estefi Han pasado ocho semanas desde aquel día en el bosque… Ocho largas semanas sin repetir nada de lo que sucedió.

Y siento que cada segundo me pesa como una condena.

La frustración se me mete en la piel.

No solo emocional, también física.

Cada vez que me cruzo con ellos —con Iván y con Aiden—, siento cómo el vínculo palpita dentro de mí, recordándome lo que compartimos aquella noche.

Los roces accidentales, las miradas que duran un segundo más de lo permitido, las sonrisas contenidas… todo es un recordatorio cruel.

Y, sin embargo, nada.

Ningún beso, solo pequeños roces, ningún suspiro permitido desde entonces.

El culpable tiene nombre y apellido: Alfa Erick, también conocido como mi padre.

No lo culpo, lo entiendo.

Pero el dolor y la ansiedad me consumen.

Me siento como un río contenido por un muro demasiado frágil: tarde o temprano, voy a desbordar.

Recuerdo esas primeras noches después del bosque.

No podía dormir.

Me daba vueltas en la cama, sintiendo las chispas aún recorriendo mi piel, deseando repetirlo aunque fuera en sueños.

Pero el silencio y la prohibición eran un recordatorio constante: todavía no.

Y cada día, en el centro, era peor.

Iván, con su descaro juguetón, siempre buscaba la manera de hacerme sonrojar; Aiden, con su calma profunda, me observaba en silencio, y ese silencio decía más que mil palabras.

Y yo, atrapada entre los dos, fingiendo normalidad mientras mi corazón se partía y se encendía al mismo tiempo.

Era insoportable.

— Aun recuerdo Cuando volvimos aquella noche después de cenar, papá nos hizo pasar directamente a su despacho.

Iván y Aiden estaban tensos, casi tanto como yo.

El aire del lugar era espeso, cargado con la energía de su autoridad.

El escritorio de madera oscura, los mapas de los territorios colgados en las paredes y la chimenea encendida hacían que todo pareciera aún más solemne, como si cada palabra que allí se dijera quedara grabada en piedra.

Papá se quedó de pie, con las manos detrás de la espalda.

Su rostro era duro, implacable.

La voz, grave y tajante, retumbaba como un trueno contenido.

—Respetarán a mi hija hasta su cumpleaños número dieciocho —declaró, con la firmeza de un alfa que no admite réplica—.

Nada de acercamientos indebidos.

Sus ojos se clavaron primero en Aiden, luego en Iván.

Ellos aguantaron la mirada, pero no sin tragar saliva.

—No crean que no noto sus olores mezclados —añadió, alzando apenas una ceja.

Sentí cómo la sangre me subía al rostro de golpe.

—¡Papá!

¡Qué vergüenza!

—protesté, queriendo hundirme en el suelo.

—Nada de eso, Estefi —replicó, sin dejar que lo interrumpiera—.

Esto es serio.

Lo vi girar lentamente hacia mí.

Sus ojos, los mismos ojos que tantas veces me miraron con ternura, ahora eran los de un líder preocupado.

—Nunca le he prohibido nada a mi chocolatito —dijo, con una dulzura breve que contrastó con la dureza de antes—, pero esto es distinto.

No podemos actuar a la ligera.

Hasta tu cumpleaños, quiero respeto.

Si de verdad la quieren, lo demostrarán así.

Las palabras pesaban más que cualquier cadena.

Bajamos los tres la mirada, resignados.

Entonces su voz cambió de nuevo, más grave, más solemne: —Además… cómo dijimos comenzamos a investigar y hemos encontrado una profecía.

El silencio nos golpeó.

—Lewen habla de un lazo entre lo mágico y lo salvaje —continuó—.

Tres compañeros entrelazados.

Uno de ellos híbrido.

Mi respiración se detuvo por un segundo.

—Ya contactamos al aquelarre Newenkalew —agregó—.

Tu madre recibirá la información pronto.

Y encontré esto en la biblioteca.

Sacó de un estante un libro antiguo, encuadernado en cuero gastado.

Lo colocó sobre el escritorio con cuidado, aunque su gesto seguía siendo solemne.

—Pueden compartirlo —dijo, entrecerrando los ojos—.

Ya que aparentemente… comparten muchas otras cosas.

—¡Papá!

—protesté otra vez, entre la risa nerviosa y la vergüenza.

Iván, descarado como siempre, me tomó la mano y sonrió con esa chispa traviesa en los labios.

—Cariño, comienza a leer tu, nosotros lo haremos después, te veré en el centro.

Ya te extraño.

Aiden, más serio, arqueó una ceja y añadió con su voz grave: —Chocolatito… trata de descansar.

Mañana nos vemos.

Y así, entre bromas, límites y miradas ardientes, comenzó nuestra espera.

— Hoy por fin es mi cumpleaños.

E estado en mi habitación, con la ventana abierta, dejando que la brisa fría del sur acaricie mi piel.

No sé si estoy lista.

El espejo frente a mí refleja a alguien que no reconozco del todo: la niña insegura parece haberse escondido en algún rincón, y en su lugar hay una joven expectante, temerosa… y marcada por algo que no puede controlar.

El crujido de la puerta me devuelve a la realidad.

Mamá entra apresurada, con los ojos encendidos de emoción y nerviosismo.

—¡Lo tengo!

—exclama, sosteniendo contra su pecho un tomo grueso, forrado en cuero oscuro con detalles plateados—.

El aquelarre Newenkalew envió el libro.

Me quedo sin aire.

—Dicen que contiene información sobre vínculos y profecías —continúa con voz temblorosa—.

Pero solo puede abrirlo un híbrido.

Por lo que cariño Es tuyo, Estefi.

Me extiende el tomo.

Es pesado, más de lo que esperaba.

Al tocarlo, un cosquilleo me recorre los brazos.

Está caliente, casi palpitante, como si tuviera vida propia.

—¿Quieres que me quede contigo?

—pregunta mamá, insegura, aunque su voz suena firme.

La miro.

Parte de mí desea que no me deje sola.

Pero algo más profundo me dice que debo hacerlo por mi cuenta.

—Prefiero verlo sola —respondo al fin.

Ella asiente despacio.

Se acerca, me besa la frente y me toma las manos con ternura.

—Confío en ti, hija mía.

No olvides que la luna siempre estará de tu lado.

Cuando se va, el silencio se siente denso.

El libro descansa en mi regazo, irradiando calor.

Con un suspiro, pase la mano sobre la cubierta.

Un sello lunar se dibuja bajo mi piel, brillando en azul.

El tomo se abrio solo, obedeciendo a esa marca invisible, justo en la página tres.

El título resplandece con letras plateadas: Sellados por la Luna Azul.

Mis labios se entreabren.

Contengo la respiración mientras las palabras parecen encenderse: > Se decía que los vínculos marcados bajo su luz eran inquebrantables, incluso si desafiaban la lógica.

Una ilustración de la luna llena aparece, rodeada de un círculo blanco.

Es idéntica a la que vi aquella noche en el bosque cuando venía después del cumpleaños de Aiden y Iván.

El texto continúaba: > El lazo unirá a tres a tomar su destino escrito, donde se mezclará de forma perfecta entre sí, donde dos especies ya conviven.

Será el deber de sus compañeros acunar tal poder bendecido.

Siento un escalofrío recorrerme la espalda.

Todo coincide.

Los tres.

La mezcla.

El vínculo.

Pero hay más.

un párrafo tapado con tinta negra, La tinta vibra con un fulgor extraño.

Por lo que Tomo la poción viscosa que mamá dejó preparada, recuerdo que dijo que era en caso de necesitarlo, un líquido espeso con olor a hierbas dulces.

Lo derrame con cuidado sobre la página.

Al instante, las letras ocultas brillan como oro líquido.

> El camino está definido, los corazones ya están unidos, el elegido y el destinado y la híbrida formarán el lazo para nuestro renacer.

La envidia, el rencor y el corazón destrozado tomarán un camino sin retorno, incluso de la misma sangre, se unirá a otros en contra del destino, depende del lazo frenar el mal que viene en camino.

Al tocar las palabras, una energía caliente sube por mi brazo.

No dolia pero es tan intenso que me dejaba sin aliento.

El libro vibraba.

El suelo parece latir bajo mis pies.

—¡Estefi!

—escucho la voz de mamá desde el pasillo, alarmada.

La energía se escapa por debajo de la puerta, iluminando toda la habitación.

Quiero responderle, pero no puedo moverme.

Mis ojos se nublan.

Y entonces, la visión me arrastra por completo.

Estoy de pie bajo la Luna Azul.

El cielo nocturno brilla como nunca lo había visto.

Un vestido verde, largo y etéreo, ondea alrededor de mi cuerpo como si el viento atravesara mi piel.

A mi derecha, Aiden, envuelto cómo en un fuego que no quema, con los ojos marrones ardiendo como brasas.

A mi izquierda, Iván, cubierto por una luz plateada que se expande como un halo, sus ojos grises celestes.

Ambos me toman de la mano.

El calor y la energía fluyen de ellos hacia mí, mezclándose, entrelazándose en mi pecho, entonces un lazo dorado nos rodea.

La Luna Azul brilla con más fuerza.

Y sobre nuestros pechos aparece un símbolo ancestral: tres espirales entrelazados.

El mismo que llevo años dibujando sin saber por qué.

El aire vibra.

Mi piel arde.

Siento que el universo me marca con hierro y luz al mismo tiempo.

—¡Estefi!

—la voz de mamá irrumpió con desesperación.

La puerta se abrió y la vi correr hacia mí, sus manos tibias sujetándome de los hombros, temblorosas.

—¿Estás bien?

Amor, cariño, ¿me escuchas?

—preguntaba una y otra vez, sus ojos brillando de miedo.

Parpadeé, recuperando la respiración poco a poco.

El sudor me corría por la frente, y apenas logré articular las palabras.

—Aiden… Iván… Mi voz era un susurro entrecortado, pero bastó para que mamá se quedara en silencio, como si también lo comprendiera todo de golpe.

—Cariño… —susurró ella, conmovida—.

Nos hemos comunicado mentalmente con el consejo.

Están asombrados.

Dijeron que ya lo saben… que lo sintieron.

Tragué saliva, con el corazón acelerado.

—¿Estaban con… ellos?

—pregunté débil, la garganta ardiendo.

—Creo que sí.

No estoy segura, tal vez Iván.

—Mamá… —mi voz tembló—.

¿Quiero llamarlos?

Tráeme el teléfono, por favor.

Necesito saber cómo están.

Necesito ver cómo están.

Ella me acarició el rostro, intentando calmarme.

—Tranquila, cariño.

Voy a traerlo.

Respira, ¿sí?

En un segundo estaré aquí y podrás hablar con él.

Asentí con los ojos cerrados, aferrándome a esa promesa.

Sentía que, si no escuchaba sus voces pronto, el lazo dentro de mí iba a estallar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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