El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 1
- Inicio
- Todas las novelas
- El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
- Capítulo 1 - 1 Capítulo 1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: Capítulo 1: El día que me robé a la hija del Rey Demonio.
1: Capítulo 1: El día que me robé a la hija del Rey Demonio.
Lo planeé un año entero.
Cada movimiento, cada piedra, cada camino.
Desde lejos miraba al castillo, en la frontera con la tierra de las bestias.
Nunca vi entrar ni salir gente.
Solo invasiones: ejércitos que llegaban, gritaban, lanzaban explosiones, flechas, piedras enormes, hechizos… y eran desintegrados por un rayo que salía de la torre central.
“Definitivamente debía evitar esa cosa”.
Además, todo el castillo estaba protegido por un campo de fuerza.
El Rey Demonio estaba en guerra con un reino; seguridad extrema, invasiones constantes.
Un sitio ideal para hacer el tonto y morir, vaya.
Un año estudiando la estructura: muros, posibles entradas, patrones del rayo.
Noté algo: si me acercaba sin intención agresiva, tanto el campo como el rayo me ignoraban.
No diré cuántas veces casi me alcanzó ese rayo ni cuántas veces salí volando por intentar forzar el campo.
Humillante.
“Bueno, ya está listo el acceso al terreno.
Ahora solo queda idear cómo entrar al castillo…” Parecería raro que el castillo no tuviera una puerta levadiza.
Pero no la tenía.
La única forma era atravesar el muro que servía de fortificación.
Podría cavar, pero sería demasiado evidente; lo mejor era saltarlo.
Sabía que aún debían estar los sirvientes dentro.
Semana tras semana busqué un punto ciego.
Pensé en un pergamino de levitación, pero lo descarté cuando vi a un ave rapaz alcanzada por el rayo (ahí entendí por qué no había pájaros en el interior).
Me limité a quitar ladrillo por ladrillo, con un cincel, en la parte trasera del castillo.
Día a día.
Raspando entre las juntas, sin ruido.
Cuatro meses después: por fin dentro del muro.
“Vaya… está hueco”.
Iluminé con una antorcha pequeña (no quería llamar la atención con un hechizo de luz) y recolocé los ladrillos marcándolos para no perderme.
No pienso comerme una pierna antes de salir de aquí.
Recorro el pasillo interno del muro.
No encuentro salida.
Llego a mi punto de partida, vuelvo a dejar todo en su sitio.
Tiempo después finalmente entro al patio.
Jardines bonitos.
Sigo sin ver gente, pero no bajo la guardia.
Aproveché una invasión para asomarme por una ventana y escuchar: —Cielos, esos humanos no aprenden.
Señorita, ¿ya recalibró el sistema de seguridad?
—Por supuesto.
Debería activarse en breve… Perfecto.
Me escabullo a mi madriguera improvisada justo cuando el rayo dispara.
Necesito otros zapatos.
Y pantalones limpios.
Desde dentro del muro oigo voces inspeccionando el patio —Le juro que vi a alguien escabullirse por aquí… —Pues si fue así, “La Saeta” debió alcanzarlo —dice otro —eso parece ser lo que queda de una suela.
Reforcemos el muro mágico; no queremos que el rey arremeta contra nosotros.
—No lo creo; él nos quiere mucho.
Como mucho, nos encerraría en las mazmorras.
Ja, ja “Rayos.
Si refuerzan la barrera, no sé si podré volver”.
Espero a que callen.
Salgo por el otro lado.
Justo cuando atravieso, otra barrera se activa encima de la anterior.
“¿Cómo pude ser tan tonto?
Me vieron.
Pero al menos creen que estoy muerto”.
Toco ambas barreras con temor.
Nada.
Atravieso como siempre y pongo rumbo al campamento.
Ya he perdido mucho tiempo entre investigación e infiltración.
¿Cómo entrar sin que me vean?
Recojo mi campamento y vuelvo al pueblo.
Extraño mis zapatos y mi ropa limpia.
Compro provisiones y equipo mágico, unas cuantas pociones y un amuleto de invisibilidad (ahí se fueron mis ahorros), pero funciona.
Así pude “decomisar” un par de bolsas de oro a unos nobles que se aprovechaban de niños que vendían fruta.
Mitad de lo recaudado fue para las familias.
Seré ladrón, pero tengo principios.
Les advertí que fundieran el oro y lo hicieran pasar por pepitas; si no, podrían culpar a los niños.
Lágrimas de agradecimiento y todo eso.
Emoción pura.
Cuando era pequeño admiraba a mi padre.
Era un ladrón con oficio; siempre traía “tesoros” a casa y mamá decía que era demasiado arriesgado, pero fueron esos riesgos los que nos sacaron de la miseria.
Un día partió hacia el reino vecino en busca de un tesoro.
Tal vez lo encontró, tal vez se volvió demasiado codicioso… el caso es que no volvió.
Ni él ni su botín volvieron.
Antes de marcharse me dejó una herramienta.
«Toma, hijo.
Con este cubo mágico puedes transportar lo que sea.
Está prohibido para quien no tenga licencia; solo las compañías de mudanzas del reino lo usan para trasladar las pertenencias de los nobles.
No dejes que nadie lo vea.
Ja, ja.
Sé que le sacarás buen uso, como yo.» “¡Ay, cómo extraño al viejo!
Lo seguí, me curtí en el oficio y me puse una meta demasiado ambiciosa: asaltar ese mugroso castillo”.
Con equipo listo: cortador de vidrio (entraré por la ventana), pociones, cubo mágico.
Plan: por la noche, entraré habitación por habitación con el cubo hasta dar con la cámara del tesoro.
Luego clasifico lo que saque.
Con el equipo a cuestas, atravieso la barrera (aún no entiendo cómo funciona esa cosa), me oculto dentro del muro y cierro los ojos esperando la noche.
—No puedo creer que justo la tarde que regreso al castillo me den este recibimiento… Y entonces un estruendo me despierta.
Gritos, explosiones, la tierra tiembla.
“¿Qué demonios pasa?
¿En qué momento me dormí?” La parte donde me oculté es lo único en pie; alrededor, desastre total.
Soldados y demonios por todos lados.
No era lo planeado… pero, maldita sea, es mi oportunidad.
Atravieso el patio rumbo a la ventana lo más rápido que puedo.
En el cielo, el Rey Demonio combate cuerpo a cuerpo contra un humano (muy fuerte) que lo golpea sin piedad.
Entro al palacio.
En la primera habitación entreabro una puerta, meto el cubo y lo activo; vidrios y pedazos de pared vuelan.
El rayo de la torre se activa y luego explota algo.
Piso por piso, habitación por habitación: robo mientras el mundo se derrumba.
Me asomo por una ventana: el tipo rubio le está dando una paliza al Rey Demonio.
Aunque, juraría que hace un rato tenía el cabello negro… ¿cambio de look por combate?
Ya nada me sorprende.
Subo a lo que queda de la torre central.
Afuera la batalla continúa; sin pensarlo uso el cubo.
Todo lo que estaba en la sala se añade: muebles, cofres… incluso lo que arrojaba el rayo.
Si logro repararlo, lo podré vender caro.
De pronto, el tipo rubio y el Rey comienzan a gritar.
Ambos resplandecen.
“¿Qué demo… esto no pinta bien… debo salir de aquí…!” Me tomo una poción de agilidad y otra de reducción de daño y me lanzo desde la torre.
El castillo se viene abajo.
Corro como loco; la barrera mágica ya no está.
Me interno en el bosque y me oculto bajo tierra hasta que todo acaba.
No entiendo lo que pasó, pero sigo vivo.
Y con un montón de muebles encima.
Hago una fogata y caliento la comida.
El silencio se extiende.
Instalo mi tienda, saco el cubo para clasificar la mercancía.
Lo activo y delante de mí aparecen un montón de muebles… y una chica en medio de gritos exigiendo volver con su padre.
—¡Te exijo que me lleves de vuelta con mi padre!
—grita ella —si él te encuentra primero, te cortará la cabeza.
—¿En serio?
Buena forma de tratar al héroe que te salvó la vida —respondo con todo el descaro del mundo.
—¿De verdad piensas que me vas a engañar así?
Me encerraste en esa cosa a propósito; pude haber muerto.
—Pero era la única forma de sacarte del peligro, princesa.
—Debes estar bromeando.
Soy muy fuerte.
Puedo pelear.
Resulta que estaba escondida en una de las habitaciones cuando usé el cubo.
Maldición.
¿Cómo voy a lidiar con esta demonio?
Me llamo Víctor.
Ella me dice su nombre: Alice Hellvalley.
Pero prefiero oye tú o pequeña princesa llorona.
Oficialmente: Princesa Alice, heredera del trono del Reino Demoníaco.
—Solo a un idiota se le ocurre transportar a una princesa en un cubo.
¿Qué te pasa, estás tarado?
Exijo que me lleves ya con mi padre.
Hazte responsable de tus actos; si me protegiste, deberás ser mi guardaespaldas.
—Si vamos a estar juntos, ¿puedo llamarte por tu nombre?
—Está bien —dice ella con un gruñido—.
Te concedo el permiso solo como agradecimiento.
—Oye, Alice… Es una pena que el tesoro de tu padre se haya perdido junto con el castillo, ¿no crees?
—¿Cómo que se perdió el castillo?
—me mira confusa—.
¿A qué te refieres?
—Que es una pena que explotara y quedara en ruinas.
—Ese castillo no importa.
Lo único de valor son los muebles y “La Saeta”.
Aquel era nuestro castillo de veraneo.
El tesoro está en el castillo principal, en la capital del reino.
Obvio no lo sabrías; ningún humano se atreve a ir al Reino Demoníaco.
Confío en que mi padre está bien.
Me dijo que, ante cualquier emergencia, volviera a casa.
Noto en sus palabras una sombra de tristeza.
¿Por qué querría un humano visitar ese lugar?
Dicen que quien va al Reino Demoníaco no regresa.
Nota mental: en el próximo viaje, tomaremos rumbo a ese país.
Pero primero: vender lo que saqué y conseguir mejor equipo.
—Tu padre quedó en medio de la explosión —digo sin florituras—.
No insinúo nada, pero sería mejor que si te busca, te encuentre en casa.
No me opongo a llevarte.
Solo te pido que te comportes para no levantar sospechas, ¿de acuerdo?
.
—Está bien —Ella me gruñe —solo tenme paciencia; esto tampoco es fácil para mí.
—Perfecto.
Ahora somos un equipo.
Vamos a la ciudad más cercana por provisiones.
—Cerca hay un pueblo.
Vamos.
—dice ella.
—Lo conozco, pero por ahora no deberíamos ir… podrían buscarnos.
—Si… claro… está bien… yo quería visitar el pueblo… —responde dubitativa.
Será una buena aventura.
Ya me había aburrido de ese mugroso castillo.
Un año perdido por muebles y baratijas… aunque, debo admitirlo, gané bastante experiencia de esto.
Y así comienza mi aventura: yo, Víctor, ladrón de medio pelo con mala suerte y con un cubo mágico; ella, Alice, princesa demonio con muy mal carácter.
¿Qué podría salir mal?
Respuesta: muchas cosas.
Pero oye, las mejores historias tienden a estallar en llamas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com