El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 105
- Inicio
- Todas las novelas
- El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
- Capítulo 105 - 105 Capítulo 105 ¿Qué le han hecho a mi casa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
105: Capítulo 105: ¿Qué le han hecho a mi casa?
105: Capítulo 105: ¿Qué le han hecho a mi casa?
Tres días.
Solo tres días.
Eso fue lo que tardaron los supuestos elfos constructores de Boris en transformar mi humilde casa en algo que parecía una sucursal del palacio real.
Cuando llegamos, lo primero que pensé fue que nos habíamos equivocado de dirección.
La fachada ahora tenía ventanales con marcos dorados, un portón de hierro negro con grabados de flores.
—¿flores demoníacas?
—dije en voz baja.
Y un jardín frontal tan perfecto que me daban ganas de disculparme por respirar cerca.
—¿Qué… qué le hicieron a mi casa?
—dije con voz temblorosa.
Ahyeli me palmeó el hombro con una sonrisa orgullosa.
—Le dieron dignidad, cariño.
Entramos, y ahí fue cuando casi me da un infarto: ¡Mis muebles no estaban!
Ni la mesa, ni las sillas, ni el sillón que compré en oferta y al que ya le tenía cariño.
Por un segundo sentí que se me rompía el alma… hasta que vi entrar a los falsos elfos cargando nuevos muebles, de esos que uno solo ve en catálogos que cuestan más que tu sueldo mensual.
—Ah… claro —murmuré —reemplazaron mis muebles nuevos por muebles más nuevos.
Porque obviamente eso tiene todo el sentido del mundo.
La cocina parecía sacada de un sueño.
Tenía hornos dobles, una isla central de mármol y más utensilios de los que sabría usar.
Ahyeli casi llora de emoción, lo cual me dio miedo porque, siendo un fénix, eso podría terminar en combustión espontánea (creo, aún no se cómo funcionan los fénix).
Luego salimos al jardín y… ¡mi jardín!
Bueno, técnicamente el de Ahyeli, por las flores azules que tanto cuida.
Ahora esas flores crecían como si alguien les hubiera puesto esteroides o algo.
Se movían con el viento como si bailaran.
—¿Las… las regaron con pociones de crecimiento o con lágrimas de dragón?
—pregunté en broma.
Boris solo sonrió.
—Digamos que usamos abono… de primera.
No quise saber más.
Cuando terminamos de recorrer la casa, me encontré con mis padres que acababan de regresar.
Venían radiantes, tomados de la mano, riéndose como dos adolescentes.
Al parecer, habían decidido aprovechar la reconstrucción para darse una especie de “segunda luna de miel”.
—¡Vaya, hijo!
—dijo mi padre —No sabía que vivirías en una mansión.
—Yo tampoco —respondí con una sonrisa nerviosa.
La recámara principal que, por alguna razón tenía una cama tan grande que podía albergar a un ejército entero, quedó para mí y Ahyeli.
Alice y Laila se quedaron con las segundas habitaciones más grandes, y el resto fue para los invitados o, como yo los llamo, “los que quieren vivir la experiencia de una mansión nueva y no pueden”.
Esa noche hicimos una cena para celebrar la “renovación” de la casa.
Boris brindó con vino caro, los elfos falsos comieron como si no hubieran visto comida en semanas, y mis padres bailaron al ritmo de una melodía improvisada por Alice.
Mientras tanto, Lunito jugaba con Azreth y Laila, los tres corriendo por el pasillo principal y dejando huellas de pastel en el suelo recién pulido.
Y ahí estaba yo, mirando todo eso, intentando asimilar que ahora vivía en una mansión con una fénix, una princesa medio draconiana, una niña medio demonio, una manticora bebé, mis padres reencontrados y un grupo de constructores encubiertos.
Suspiré y levanté mi copa.
—Por nuestra nueva casa… o fortaleza, o lo que sea esto.
Ahyeli rió.
—Por nuestro hogar.
Y sí, por ridículo que sonara, tenía razón.
Era un hogar.
Uno muy caro, caótico y lleno de gente rara… pero hogar al fin y al cabo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com