El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 107
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- Capítulo 107 - 107 Capítulo 107 Nuevo negocio nueva misión
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107: Capítulo 107: Nuevo negocio, nueva misión.
107: Capítulo 107: Nuevo negocio, nueva misión.
Nunca pensé que mi vida de aventurero terminaría oliendo tanto a cerveza derramada y trapo húmedo.
Pero ahí estaba yo, detrás de la barra del bar de mi viejo, sirviendo jarras a un grupo de enanos que discutían quién tenía la barba más “estructuralmente imponente”.
Spoiler: ninguno.
El bar “El Cuerno Dorado”, idea de mi madre, se había vuelto el nuevo punto de reunión de medio gremio.
Y claro, todos los días era lo mismo: risas, peleas, pedidos que no terminaban, y Ahyeli sacando a los borrachos con una mano mientras seguía charlando con Alice sobre recetas o misiones.
La gente la adoraba… hasta que intentaban tocarla.
Ahí dejaban de tener manos, o dientes.
Arriba, la vida era otra historia.
Laila, la hermanita de Alice, pasaba los días estudiando con Lunito.
A veces los oía discutir sobre ecuaciones mágicas o el ciclo de vida de los cristales arcanos, mientras yo me preguntaba si era posible encantar una escoba para que barriera sola.
Mis padres parecían felices.
Mi padre había encontrado su vocación como tabernero (aunque juraría que bebe más de lo que vende) y mi madre por fin había dejado de preocuparse por si yo comía bien.
Spoiler número dos: sigo comiendo mal (por alguna razón la ropa me está quedando más chica).
La vida era buena.
Tranquila.
Extrañamente tranquila.
Tanto que ya me empezaba a preocupar… porque en mi experiencia, cada vez que las cosas se ponían perfectas, el universo se encargaba de estornudar encima.
Y, efectivamente, el estornudo llegó en forma de un elfo musculoso que entró al bar con cara de urgencia.
Maelon.
El fisicoculturista favorito del gremio.
—Víctor, tenemos un problema —dijo, cruzando los brazos como si esperara que con eso las cosas se resolvieran solas.
—¿Otra vez se te perdió la camisa?
—pregunté mientras limpiaba una jarra.
—No, esta vez es serio, La Orden de los Lamentos está moviéndose en Ciudad Lunar.
Están traficando con réplicas de la gema que les robaron cuando escoltaban a Wallace.
Genial.
Justo cuando empezaba a disfrutar no tener que esquivar bolas de fuego todos los días.
Alice y Ahyeli estaban cerca, y apenas oyeron “Orden de los Lamentos” se acercaron con esa mirada que conozco bien: la de “esto suena peligroso, vamos allá”.
Esa noche, mientras preparábamos las mochilas, Laila se cruzó de brazos al pie de la escalera.
—¡Quiero un recuerdo del viaje!
—me dijo con esa mezcla entre ternura y autoridad que sólo una niña demonio de diez años puede lograr.
—¿Qué quieres?
¿Una piedra, un mapa, o a tu hermana de vuelta entera?
—Las tres —respondió sin dudar.
No supe si reír o asustarme.
Cuando partimos al amanecer, la ciudad todavía dormía.
El bar estaba cerrado, Lunito roncaba a mi espalda dentro de la mochila, y mis padres nos despidieron desde la puerta con sonrisas que mezclaban orgullo y miedo, Laila se quedó con ellos.
Mientras caminábamos por el camino de piedra hacia Ciudad Lunar.
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