Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
  4. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 Músculo magia y modales
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: Capítulo 11: Músculo, magia y modales 11: Capítulo 11: Músculo, magia y modales Después de haber sobrevivido a una persecución caótica por el pueblo de Lynthe, haber luchado contra una entidad sombría con nombre de perfume caro (Umbra), y presenciado cómo una biblioteca entera se desvanecía en un portal como si fuera un espectáculo de magia mal financiado… decidimos que era hora de volver a Ciudad Ilustre.

Sí, nuestra querida y siempre ruidosa Ciudad Ilustre.

Hogar de comerciantes, aventureros, vendedores de estafas místicas y posadas con más chinches que almohadas.

Pero sobre todo, hogar del Gremio de Aventureros Central, donde habíamos estado hospedándonos desde el principio.

—¿De verdad tenemos que presentar un informe?

—pregunté mientras caminábamos hacia el enorme edificio de piedra blanca, con el símbolo del gremio grabado en una placa dorada tan reluciente que podía reflejar tus errores del pasado.

—Sí —respondió Alice, como quien ya se rindió a explicarme el concepto de responsabilidad—.

Somos miembros oficiales.

Es nuestro deber reportar lo que pasó en Lynthe.

—¿Y si les decimos que todo fue un sueño colectivo causado por sopa en mal estado?

Me lanzó una mirada.

Esa.

La mirada.

Así que sí, vamos a presentar el informe.

Lo que no esperaba era que hoy nos tocara reportar directamente al jefe del gremio.

No a un burócrata con bigote, ni a la recepcionista con más mal humor que carisma.

No.

Hoy nos tocaba audiencia con el único, el inigualable…

Maelon del Bosque Oscuro.

Antiguo paladín.

Elfo legendario.

Líder del gremio.

Y… fisicoculturista profesional, porque ¿por qué no?

Su oficina, ubicada en la torre más alta del gremio, olía a incienso, cuero nuevo y proteínas mágicas.

El suelo brillaba, las paredes estaban decoradas con diplomas, espadas legendarias, y lo que parecía ser un espejo de cuerpo entero dedicado exclusivamente a admirar sus músculos.

Maelon nos recibió con una túnica abierta (por supuesto) mostrando un torso tan marcado que uno podría estudiar anatomía en él.

—Bienvenidos, jóvenes aventureros —dijo con voz profunda y noble—.

Habéis sido citados para informar sobre los incidentes en Lynthe.

Por favor, sentaos.

¿Deseáis té de jazmín, un batido de fuerza… o una flexión demostrativa?

—¿Tiene pan?

—pregunté, como buen ser humano en crisis alimentaria constante.

Maelon asintió con calma, mientras flexionaba el brazo sin razón aparente.

Nos ofreció asientos frente a su escritorio de roble mágico.

La silla crujió bajo Azreth, que decidió que ese era su trono por hoy.

—Contadme lo sucedido —dijo mientras se ponía de pie para realizar, sin ningún contexto, una sentadilla perfecta.

Alice narró todo con precisión militar: las runas vivas, la pérdida de memorias, la aparición de Umbra, la biblioteca succionada por un portal como si fuera una aspiradora interdimensional.

Yo aporté con los datos importantes, como el momento en que casi me traga un glifo parlante y el hecho de que Umbra tiene mirada de “vengo a absorberte la historia y también tu paz mental”.

Maelon escuchaba atentamente, asentía, y anotaba en un pergamino que estaba sobre…

¡una pesa!

Sí, escribía sobre una pesa.

—Una amenaza preocupante… una magia olvidada… una criatura fuera de nuestra comprensión —reflexionó mientras su bíceps parecía filosofar con él.

—¿Entonces estamos ascendidos de nivel?

—pregunté, intentando sonar casual.

—Sí.

Pero también… estáis ascendidos en responsabilidad.

—…eso no suena divertido.

Nos entregó una pequeña bolsa con monedas, un nuevo rango (por fin, ¡intermedio!) y un símbolo grabado con el emblema del gremio: prueba de que habíamos cumplido una misión oficial de alto valor.

—Volved a descansar.

Y preparaos.

El gremio os vigilará de cerca… y también confía en vosotros.

—¿”Vigilará” como “con admiración”?

¿O como “con miedo de que incendiemos otra aldea”?

—pregunté con una sonrisa culpable.

—Ambas —respondió Maelon con una serenidad tan elegante como su pectoral izquierdo.

Salimos de su despacho con el sol cayendo sobre la Ciudad Ilustre, la ciudad que no duerme…

porque siempre hay algún monstruo, estafador o demonio encubierto haciendo de las suyas.

—Bueno —dije, estirándome como si no tuviera secuelas emocionales—.

¡Misión cumplida, paga recibida, y nadie nos arrojó tomates!

Esto es progreso.

—Por ahora —respondió Alice, mientras Azreth se acomodaba sobre su hombro y Ahyeli planeaba en círculos alrededor mío como si tarareara una sinfonía triunfal.

Y así, con la tranquilidad de un trabajo bien hecho, y el peso de una amenaza mágica futura acechando en el horizonte (porque obvio que no acaba ahí), regresamos a la posada.

Con suerte, esta noche nadie explotaría, desaparecería en portales o invocaría sombras vivientes.

Y si lo hacían… bueno, ya era martes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo