El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 Medicina magia y malentendidos matutinos
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12: Capítulo 12: Medicina, magia y malentendidos matutinos 12: Capítulo 12: Medicina, magia y malentendidos matutinos El entrenamiento con familiares debería ser algo noble, espiritual y lleno de conexión mágica profunda…
Debería.
La realidad fue que pasamos gran parte de la mañana corriendo detrás de Azreth porque había robado tres pasteles, dos cucharas de plata y una lista de hechizos que luego usó como servilleta.
Mientras tanto, Ahyeli intentaba enseñarme a lanzar hechizos de curación con la elegancia de una diva mágica que ha tenido suficiente de mis errores humanos.
>Amo, por favor, esta es la quinta vez que conjura medicina para la tos.
¡Lo que necesito es energía lunar!
>¿Estás segura de que no necesitas jarabe con miel?
Porque huele a miel —dije, examinando el charco brillante frente a nosotros.
Ahyeli suspiró con la paciencia de una santa y la decepción de una madre que acaba de descubrir que su hijo confunde mantequilla con mayonesa.
Pero a mitad de la tarde, las cosas se pusieron raras.
Y no el tipo de “accidentalmente invoqué un pollo gigante” raro.
No…
Esto era serio.
Ahyeli dejó de flotar con gracia y se posó en el suelo, tambaleándose.
Sus alas, normalmente radiantes, parpadeaban como velas a punto de apagarse.
>¿Ahyeli?
¿Estás bien?
—pregunté, arrodillándome junto a ella.
>Me siento…
débil…
como si me hubieran apagado desde dentro…
>¡Azreth!
¡Tráeme algo para curar fénix!
Azreth regresó con una empanada de carne y una caja vacía de pociones, y una pala…
Útil como siempre.
Alice, preocupada, inspeccionó a Ahyeli y dijo lo que nadie quería oír: >No podemos llevarla a un veterinario.
Es una criatura casi extinta y mágica.
Si alguien se entera, la cazarán como a una joya legendaria.
>¡O como a un pollo con poderes!
—añadí yo, nada útil.
Ante la desesperación, tomé la única decisión sensata.
>Ahyeli, vuelve al cuarzo.
Descansa ahí mientras busco una solución.
>Con gusto, amo… pero por favor, si muero, no permita que me taxidermicen.
—Y con esa frase extrañamente específica, se desvaneció en su cristal.
Lo que siguió fue una noche de absoluta locura.
Intenté colarme a una tienda de alquimia cerrada.
Me atrapó una anciana que me lanzó una escoba voladora con puntería olímpica.
Luego fui a una taberna a buscar a un curandero, pero resultó ser un anciano disfrazado que solo sabía hacer masajes con final feliz.
En algún punto terminé montado en un caracol gigante, cruzando un jardín de hongos que cantaban ópera.
No preguntes.
No sé cómo pasó.
Al final, sin pócimas, sin respuestas, y con la dignidad hecha trizas, regresé a la posada.
Me sentía como un aventurero fracasado… con contractura mágica en el alma.
Froté el cuarzo con una oración silenciosa y, con suavidad, Ahyeli emergió débil, pero viva.
Sus alas tenían apenas su brillo, sus plumas apagadas.
La envolví con una manta y me recosté en la cama con ella en brazos, acariciando su cabecita suavemente.
>Lo siento… hice lo mejor que pude.
—Y me dormí con el corazón encogido.
A la mañana siguiente desperté con algo suave, blandito, tibio y extrañamente curvilíneo en mi pecho.
Parpadeé.
Me moví.
Me asusté.
Había una mujer desnuda abrazada a mí.
¡Una mujer!
¡Piel radiante, ojos azules profundos, cabello blanco plateado que parecía flotar como niebla mágica!
Sus rasgos eran etéreos, hermosos, completamente no explicables.
¡Y estaba durmiendo encima de mí como si esto fuera normal!
>¿¡QUÉ DEMONIOS!?
—grité mientras me lanzaba hacia atrás cayendo de la cama.
Ella se incorporó, medio dormida, bostezando con la gracia de una princesa celestial.
>Buenos días, amo… —dijo con voz dulce.
>¿¡AHYELI!?
>Oh…
Sí…
claro.
Creo que ahora puedo adoptar forma humana.
Al parecer, esa batalla en la biblioteca activó un no se qué que qué se yo…
O algo así.
No entendí bien las voces en mi cabeza.
Estaba medio inconsciente.
Antes de que pudiera seguir procesando el caos, la puerta se abrió de golpe.
>¡Víctor!
¿Cómo sigue Ahyeli?
Escuché que…
—Alice se quedó congelada.
Yo medio tirado en el suelo…
Ahyeli en la cama…
Desnuda…
Sonriendo…
Silencio…
Alice entrecerró los ojos, giró lentamente la cabeza hacia mí y dijo, con la calma de quien está a punto de matar: >Explícate…
Ahora…
—dijo medio desenfundando su espada.
>¡No es lo que parece!
¡Juro que anoche era un pájaro!
Spoiler: No me creyó del todo.
Y Ahyeli, inocente como un rayo de luna, no ayudó mucho diciendo cosas como: >Amo, ¿quieres que me vista para el desayuno o prefieres que te abrace un rato más?
Ese día fue largo.
Y lleno de preguntas incómodas.
Pero algo estaba claro: Ahyeli había cambiado, y con ello, nuestras aventuras estaban a punto de volverse todavía más bizarras.
Porque tener una fénix lunar parlante ya era complicado.
Tener una fénix lunar en forma humana, adorable, devota y completamente ajena al concepto de privacidad…
eso ya era otra liga.
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