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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 Moda magia y melodías desafinadas
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13: Capítulo 13: Moda, magia y melodías desafinadas 13: Capítulo 13: Moda, magia y melodías desafinadas Si hay algo que aprendí luego de despertar con una chica mágica desnuda en mi cama es que la vida puede siempre ponerse más rara.

Y que la ropa no es un lujo, sino una necesidad urgente cuando tu familiar se transforma en una exuberante joven sin ningún sentido del pudor.

>Víctor, por favor acompáñame a comprarle ropa a Ahyeli.

—dijo Alice con tono de general en campaña—.

No puedo dejar que esa chica ande por ahí así, la ciudad ya tiene suficientes problemas existenciales.

>¿Y si vamos a la sección de túnicas baratas?

>¡No vamos a vestir a un fénix legendario con cortinas recicladas!

—me fulminó con los ojos—.

Vamos a la zona noble.

Y así fue como terminé, contra mi voluntad y dignidad, en la sección elegante del mercado de Ciudad Ilustre, entre maniquíes brillantes, telas mágicas y vendedores que hablaban como si estuvieran declamando poesía envenenada, para salir a la calle, Alice tuvo que prestarle a Ahyeli algunas sábanas de las que había yo sacado del castillo, como togas se le ven muy bien…

>¡Bienvenidos al Refugio del Encanto!

—nos saludó un sastre con bigote extraño y un sombrero que probablemente tenía vida propia—.

¿Buscan atuendos que griten misterio y poder o que susurren ¡tócame y ardes!?

>Solo ropa funcional, por favor —dijo Alice, sin pestañear.

Había entrado en modo seria.

Ahyeli, por su parte, estaba fascinada con todo.

Tocaba telas, olía sombreros, y en un momento accidentalmente hizo levitar a un maniquí que comenzó a bailar flamenco.

>¿Amo?

¿Puedo usar esto?

—preguntó, señalando una especie de vestido hecho enteramente de plumas y luces flotantes.

>Solo si planeas invadir un teatro de ópera.

—respondí, devolviendo al maniquí su dignidad.

Después de tres tiendas, dos incidentes mágicos, una pelea con un espejo que insultó a Alice (en voz alta), y un probador que se convirtió en una dimensión alternativa por error, finalmente encontramos lo que buscábamos: Una armadura ligera, elegante, ajustada a la figura de Ahyeli, con tonos blancos y plateados, incrustaciones mágicas lunares y un diseño que parecía salido de un sueño épico.

Hermosa, funcional y cero escandalosa.

>Esta es perfecta —dijo Alice—.

Ahora solo necesitamos que no la pierda cuando se convierta en ave.

>¿Y eso cómo se hace?

¿Le amarramos la ropa con una cuerda mágica?

—pregunté, genuinamente confundido.

Alice sonrió.

Y eso me dio miedo.

>Mi madre me enseñó un encantamiento familiar.

Es antiguo, elegante… y bastante útil para familiares con crisis de identidad corporal o que quieran pasar desapercibidos.

Dicho eso, sacó una piedrecita azul, la colocó en el broche de la armadura, recitó un encantamiento tan fluido como una canción de cuna, y al instante el conjunto brilló.

Luego, Ahyeli se transformó en su forma de ave…

¡y puf!

La ropa desapareció con ella, sin dejar rastros mágicos o prendas flotantes en el aire.

Un segundo después, volvió a su forma humana y la armadura reapareció como si siempre hubiera estado ahí.

>¡Funciona!

—gritó Ahyeli dando vueltas, emocionada—.

¡No volveré a correr desnuda por todos lados!

>Gracias al cielo —dije, con el alma en paz y la cara color tomate.

El resto del día fue…

extrañamente feliz.

Comimos en un restaurante (Azreth robó dos cucharas y una servilleta con bordes dorados), caminamos por el parque de la ciudad (Ahyeli intentó hablar con una fuente…

que respondió), y vimos a unos niños practicar magia básica…

terminaron invocando accidentalmente un golem hecho de sándwiches.

No lo detuvimos.

Queríamos ver cómo acababa.

Cuando regresamos a la posada, el cielo comenzaba a teñirse de azul oscuro y violeta.

Las luces de la ciudad titilaban como luciérnagas urbanas.

Y, por primera vez en semanas, no sentíamos ninguna amenaza, ni sombras raras, ni explosiones…

solo paz.

Y fue entonces cuando sucedió lo más raro del día.

Ahyeli y Azreth se subieron a la baranda del balcón y…

comenzaron a cantar.

>¿Qué están haciendo?

—pregunté con la curiosidad del que teme una maldición sonora.

>¡Es un canto ritual de victoria!

—respondió Ahyeli—.

¡Y Azreth sabe la segunda voz!

Lo que siguió fue una combinación de trinos etéreos, aullidos suaves, y lo que puedo describir únicamente como “el sonido que hace un dragón bebé imitando una flauta desafinada”.

Pero era hermoso…

A su modo…

Y mientras la luna subía en el cielo, y los dos familiares mágicos cantaban como si no hubiera un mañana, me di cuenta de algo: Tal vez esta aventura estaba volviéndose cada vez más loca… …pero también, cada vez más inolvidable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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