El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 De dragones tíos y puñetazos inesperados
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15: Capítulo 15: De dragones, tíos y puñetazos inesperados 15: Capítulo 15: De dragones, tíos y puñetazos inesperados Ah, el plan era simple: 1.
Activar la súper antena láser mágica llamada La Saeta.
2.
Apuntar al dragón del tamaño de una catedral.
3.
Salvar la ciudad.
4.
Ser recompensados con comida, fama y una noche sin incidentes sobrenaturales.
Obviamente no salió así.
Justo cuando el núcleo de energía de La Saeta empezaba a zumbar con ese reconfortante “estamos a punto de lanzar un rayo destructor”, Alice entrecerró los ojos.
—Espera.
Detén el rayo.
—¿Qué?
¡¿Por qué?!
¡Está bajando como una gárgola con hambre y resentimiento!
—Es que… creo que lo conozco.
—¿Qué?
Y entonces el dragón rugió por última vez, descendió lentamente con sus alas extendidas como si estuviera en una pasarela de caos, y justo antes de aterrizar en medio de la ciudad, su cuerpo comenzó a encogerse y cambiar.
Donde antes había escamas y garras gigantes, ahora había un hombre alto, de cabello blanco con reflejos metálicos, ojos dorados intensos y una túnica negra con adornos de plata.
Aún quedaban rasgos draconianos: una cola, escamas en los brazos, garras en lugar de uñas y un aura que gritaba “tengo opiniones fuertes y puedo prenderle fuego a tu casa”.
—¡Alice!
—rugió con voz de trueno—.
¡Estás viva!
—Hola, tío.
—¡Me enteré que habías desaparecido!
¡Pensé que alguien te había secuestrado!
—Sí… ese es Víctor.
Técnicamente me secuestró, pero ahora es más como mi… empleado…Mascota…
Guardaespaldas…
Algo entre eso.
Yo levanté la mano.
—Hola.
¿Puede dejar de mirarme como si fuera su almuerzo?
El tío no dijo nada.
Solo sonrió.
Un segundo después, lanzó un zarpazo directo hacia mí con garras que, sinceramente, parecían diseñadas para cortar montañas.
Por suerte, no soy tan lento como parezco…
Soy más lento.
Pero antes de que pudiera reaccionar, una figura se cruzó como un relámpago plateado.
—¡NI LO PIENSE, CARA DE LAGARTIJA!
—gritó Ahyeli, ahora en su forma humana, impactando al tío con un puñetazo tan potente que lo mandó rodando varios metros entre cajas de fruta y un gato callejero que, ofendido, le arañó la espalda.
El dragón…
bueno, el tío, se quedó en el suelo mirando al cielo con una expresión de “esto no era parte del plan”.
—¿Qué demonios…?
—musitó, aturdido.
—Eso fue por intentar matar a mi amo.
—dijo Ahyeli, sacudiéndose la mano como quien aplasta una mosca molesta.
—¿Qué clase de criatura es esa?
—preguntó el tío, al reincorporarse con la dignidad hecha polvo.
—Una que habla, lanza hechizos y te puede noquear con estilo.
—respondí con una sonrisa.
Ahyeli sonrió también.
Azreth aplaudió.
Literalmente.
Afortunadamente, el dragón-tío no había destruido nada de Ciudad Ilustre.
Solo causó un pánico general, algunos desmayos y una estampida menor de cabras mágicas.
El gremio de aventureros canceló la alerta roja cuando Alice explicó la situación, y la Saeta fue apagada justo a tiempo para no vaporizar al nuevo familiar de confianza.
Esa noche, en el comedor de la posada, el tío estaba sentado frente a nosotros, tomando té con una elegancia extraña para alguien que había intentado asesinarme hace unas horas.
—Entonces, nadie secuestró a Alice.
—dijo con calma.
—Técnicamente, sí lo hice —repetí, por quinta vez—, pero fue un malentendido mágico.
—Y luego lo hice mi guardaespaldas —añadió Alice, comiéndose un panecillo como si no hubiera pasado nada.
—Supongo que me equivoqué.
—El tío suspiró—.
Pero será mejor que sigas manteniendo un perfil bajo.
Hay ojos por todas partes, y si alguien descubre que estás en el reino humano, esto podría desatar una guerra diplomática.
Y tú sabes cómo odia tu padre escribir cartas de disculpa…
—Sí.
Aquel caso con el unicornio bailarín aún lo tiene de mal humor.
—¿Pero por qué eres un dragón?
—pregunté finalmente, mirándolo con cautela—.
Quiero decir… ¿cómo es que TU TÍO ES UN DRAGÓN?!
Alice me miró, como si esperara esa pregunta desde hace capítulos.
—Por parte de mi madre somos draconianos.
Tío Vireon es su hermano mayor, uno de los generales del reino draconiano.
Y yo, aunque me parezco más a papá, tengo sangre de dragón también.
Recuerda, mi madre, la dragona, fue la primera aliada del héroe cuando llegó al Reino Demoníaco.
Antes de que mi padre, el Rey Demonio, apareciera y se hiciera su mejor amigo.
Luego se casaron, se volvieron poderosos y ahora tengo esta vida absurda que comparto contigo.
—Ajá… —murmuré—.
¿Y hay más dragones en la familia que deba conocer?
¿O este era el cupo máximo de sorpresas?
—Por ahora solo él.
Pero mi abuela…
Luego te cuento…
Y así, entre garras, puñetazos, secretos familiares y pasteles de la posada, otro día terminaba en Ciudad Ilustre.
Nada se había incendiado.
Solo casi.
Y nadie murió.
Solo mi dignidad, un poco.
Pero como siempre decía mi padre, cosa que no entendí hasta ahora: “Si vas a meterte con una chica, asegúrate de que su familia no escupa fuego ni tenga alas.” Gracias, papá.
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