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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 ¿Hechizos entrenamiento… o romance
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17: Capítulo 17: ¿Hechizos, entrenamiento… o romance?

17: Capítulo 17: ¿Hechizos, entrenamiento… o romance?

Después de varias semanas de entrenamientos intensivos, donde Ahyeli había usado a Vireon como su saco de box mágico, el tío draconiano, aún con vendas en lugares donde ni sabía que se podían poner vendas, se despidió con una sonrisa orgullosa, una lágrima discreta en la comisura del ojo y un bastón porque, bueno… la dignidad no sobrevive a tres técnicas con nombres de ataque shoujo lunar.

—Ahyeli… eres fuerte, noble, y peligrosamente adorable.

Me voy antes de que me partas la otra ala.

—¡Gracias, tío Vireon!

—dijo ella, agitándole la mano como si no lo hubiera usado de proyectil semi-humano días antes.

—Y tú, Víctor… —me dijo, mirándome con esa cara de “sé lo que estás haciendo aunque no estés haciendo nada”—, cuídala.

—Claro.

¿Cómo no cuidar a alguien que puede partirme la columna con un abrazo?

—Justamente por eso, suerte.

Y así, con un rugido elegante y una ola de despedida dramática, el tío dragón desapareció entre las nubes, dejándonos nuevamente solos.

Con la partida de Vireon, Alice decidió que era hora de seguir con los entrenamientos mágicos.

¿Y por qué no?

Con Ahyeli de por medio, el caos estaba garantizado.

—Bueno —dijo Alice, enrollando su capa como una profesora que está por cambiarte la vida (o lanzarte una silla mágica en la espalda, lo que ocurra primero)—, ya que el tío se fue, es hora de enseñarle a Ahyeli algunos hechizos.

Me parece que será un apoyo genial para ti en combate, Víctor.

—¿Apoyo?

—pregunté, mientras Ahyeli me ofrecía una flor, un pastel de fresa y una corona de ramitas, todo en menos de cinco segundos.

—Sí, claro.

Apoyo mágico.

Nada más.

Ahyeli sonrió, sentándose junto a mí, demasiado cerca, como si el concepto de “espacio personal” fuera algo opcional.

—Amo… si aprendo más hechizos, podré protegerlo mejor.

O cocinarle con fuego lunar.

O calentar su cama.

O… —¡Vamos a enfocarnos en los hechizos!

—interrumpió Alice, con una sonrisa congelada y una vena latiéndole en la frente.

El entrenamiento comenzó.

Alice dictaba con paciencia: —Pronuncien: “Lux fulgorem, manus illuminet!” Yo lo dije.

Salió una linterna mágica aceptable.

Alice lo dijo.

Apareció una esfera brillante perfecta que flotaba suavemente como un sol de bolsillo.

Ahyeli lo dijo.

Un círculo de luz danzante se elevó mientras comenzaban a sonar coros celestiales, y un arcoíris espontáneo apareció sobre su cabeza.

Un conejo de luz muy brillante dio una voltereta en el aire.

—Bien… ella claramente tiene talento —dije, cubriéndome los ojos por la intensidad de la luz.

—¿Amo?

¿Me salió bonito?

—preguntó Ahyeli, tomándome la mano con una sonrisa que podía derretir montañas.

—Sí.

Y también me dejaste medio ciego, pero sí.

Alice suspiró.

—Vamos a probar algo con más control.

“Venti spirate, hostem repellite.” (Vientos, soplen y repelan al enemigo).

Yo lo dije.

Salió una brisa triste que hizo caer una hoja.

Alice lo dijo.

Un torbellino elegante sopló una rama lejana.

Ahyeli lo dijo, me lanzó a mí a cinco metros de distancia, aterrizando en un arbusto con la dignidad de una coliflor aplastada.

—¡AYEHI…

AY, ESO NO ES APOYO!

—grité, mientras me sacaba espinas de lugares delicados.

—¡Perdón, amo!

¡No quería empujarlo, solo me emocioné!

¿Lo cargo de vuelta?

—No, no… estoy bien aquí…

viendo mariposas.

Y mi vida pasar ante mis ojos.

Alice soltó una risita mal disimulada.

Mientras descansábamos, Ahyeli se sentó a mi lado.

Otra vez, y se acurrucó.

Otra vez.

—Amo… últimamente, siento cosas nuevas.

Raras.

Cuando lo miro, mi núcleo mágico late más rápido.

¿Estaré enferma?

—Podría ser… o alergia a los sarcasmos.

—bromeé, medio en serio.

Alice alzó una ceja.

—Víctor… creo que Ahyeli está desarrollando sentimientos por ti.

Ya sabes… más allá del lazo mágico.

—¿Qué?

No… ¿qué?

¿Cómo?

Yo solo… ¡Yo apenas puedo con mi propio caos, ahora tengo una ave mágica emocionalmente confundida!

—Ex ave, técnicamente.

Y emocionalmente no confundida, solo muy segura —añadió Alice, señalando cómo Ahyeli intentaba tejer con rayos de luna una bufanda para mí.

Así transcurrió el resto del día.

Luz.

Hechizos.

Vientos traicioneros.

Una explosión accidental que convirtió mi bastón en un espárrago (aún comestible, por cierto).

Y una Fénix Lunar que no dejaba de decir “amo” con una sonrisita de novela romántica mágica.

Pero bueno… al menos no explotó la posada.

Aún.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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