El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 18
- Inicio
- Todas las novelas
- El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
- Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 Entre hechizos corazones y otros desastres románticos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
18: Capítulo 18: Entre hechizos, corazones y otros desastres románticos 18: Capítulo 18: Entre hechizos, corazones y otros desastres románticos Todo comenzó con algo aparentemente inocente.
Una misión de patrullaje de rutina por los alrededores de Ciudad Ilustre, caminata ligera, mapa en mano, sin monstruos a la vista, día soleado, brisa agradable, cero posibilidades de que algo saliera mal, y sin embargo… yo estaba en un aprieto mucho peor que cualquier emboscada goblin o caverna con trampas en las trampas.
Tenía a Ahyeli agarrada de mi brazo derecho, y a Alice del izquierdo.
Ambas caminaban tranquilamente, como si esto fuera lo más normal del mundo.
Yo, por mi parte, estaba sudando más que un ladrón en misa…
Y no voy a misa…
—Amo, ¿le gustaría que cantara para usted mientras caminamos?
Podría imitar el canto de las sirenas celestes.
—dijo Ahyeli con voz melodiosa y ojitos de luna llena.
—¿Eso no hipnotiza a la gente?
—Solo si se lo propone, yo lo haría suavecito.
Alice rió con una sonrisa inocente…
Demasiado inocente…
Peligrosamente inocente.
—¿No será un poco… intenso?
Vamos, solo estamos caminando.
No es como si estuviéramos en una cita o algo así.
(Su mirada me decía: “di que sí y te quemo el otro brazo con fuego infernal”).
Yo hice lo único sensato: me hice el confundido.
—¿Cita?
¿Qué es eso?
¿Una fruta?
Tras un rato caminando, encontramos un pequeño claro entre los árboles, donde decidimos almorzar.
Azreth, como siempre, se lanzó sobre la mochila de comida, y Ahyeli empezó a preparar té con una tetera que aparentemente había conjurado de la nada.
—¿Desde cuándo tienes una tetera mágica?
—pregunté, entre curioso y preocupado por el número de utensilios místicos que podía sacar de la nada.
—Desde ayer.
Me pareció linda.
Y sirve para hacer infusiones relajantes para usted, amo.
¿Prefiere flores lunares o esencia de rocío celeste?
—¿Tienes algo más normal como… manzanilla?
—¡Qué simple!
Pero sí, también.
Alice sacó su libro de hechizos y lo abrió sobre una piedra plana.
—Mientras el té está listo, podríamos repasar la teoría de transmutación de energía elemental.
¿Recuerdas lo que pasa si mezclas fuego y viento, Víctor?
—Sí.
Aprendí eso el día que me incendiaste los pantalones.
—Fue una reacción controlada.
—dijo ella, sin levantar la vista del libro.
Pero estaba sonriendo.
—¿Amo?
—interrumpió Ahyeli, acercándose con una taza humeante—.
Quiero preguntarle algo… importante.
—¿Eh?
—¿Cuál es su tipo de chica?
—¿¡QUÉ!?
—Por ejemplo, ¿prefiere a alguien que cante bonito, lo abrace fuerte, lo mire como si fuera la estrella más brillante del universo y le cocine pastelitos de luna?
Alice alzó una ceja.
—¿Eso fue una descripción o una postulación?
—No entiendo.
¿Acaso no es normal querer estar con quien uno ama?
—dijo Ahyeli, totalmente seria.
Silencio.
Incómodo, lleno de grillos…
Literalmente, porque un par se subieron a mi bota.
—Ahyeli… eres un ser increíble.
Pero no necesitas… bueno, no tienes que… —¿No tengo que qué, amo?
Yo miré a Alice como quien lanza una bengala de auxilio.
Ella cruzó los brazos y me miró con una expresión que decía: “adelante, arregla tú esto, campeón”.
—Lo que Víctor quiere decir —intervino finalmente Alice, secamente— es que aún es un tonto emocional con el carisma de una lechuga distraída y que se desmaya cuando alguien le dice que lo quiere.
—¡Oye!
¡Eso fue una sola vez y estaba intoxicado, había mucho incienso en el aire!
—Una niña de cinco años te ofreció un dibujo.
—¡Ya recuerdo, fueron los mariscos!
Ahyeli se sentó, un poco avergonzada, con su taza de té entre las manos.
—No quiero incomodar a nadie.
Pero es difícil no quererlo.
Siempre me trata con cariño, se preocupa por mí… y… me hace sentir viva.
Como si fuera algo más que una criatura mágica.
Alice la miró.
Luego me miró.
Luego suspiró.
—Está bien.
Solo… tómalo con calma.
No es que Víctor sepa lidiar con esto.
Su plan original era vender las cosas de mi castillo y mira, aqui estamos, con el siendo mi “guardaespaldas”, solo estaríamos aquí unos cuantos días y ya pasaron unos meses.
—¡No niegues que es bonito vivir aquí!
—le respondí.
—Claro.
Y yo soy repostera.
—¿En serio?
—No.
La tarde pasó entre risas, miradas cruzadas y tazas de té (algunas que explotaban si no las sostenías con cuidado…
Made in Ch…
No se leer esto que está escrito en el fondo).
Cuando regresamos a Ciudad Ilustre, yo iba más confundido que nunca.
¿Era normal que tu familiar mágico te viera como algo más?
¿Y que tu compañera demoníaca actuara más molesta de lo normal haciendo que su cabello cambie de color cada que menos se lo espera pero no lo admitiera?
¿Y que tu vida amorosa se pareciera cada vez más a una novela escolar con espadas?
No lo sabía.
Solo sabía que, de pronto, ser aventurero no era lo más peligroso de mi día.
—Víctor —susurró Ahyeli mientras nos despedíamos para ir a dormir—.
Gracias por dejarme estar contigo.
—Siempre, Ahyeli.
Y recuerda… mañana toca entrenamiento de camuflaje.
Sin abrazos explosivos.
—Haré lo posible.
No prometo nada.
Y me sonrió.
Con esa sonrisa que, honestamente… No tenía nada de mágica.
Solo era… bonita.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com