El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 19
- Inicio
- Todas las novelas
- El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
- Capítulo 19 - 19 Capítulo 19 Alas caídas y silencios mágicos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Capítulo 19: Alas caídas y silencios mágicos 19: Capítulo 19: Alas caídas y silencios mágicos La mañana comenzó como siempre: con Alice echándome agua en la cara porque “despertar con energía es esencial para un aventurero” y “no, Víctor, cinco minutos más no es una unidad de tiempo aceptada por la magia”.
Lo que no fue como siempre, fue la ausencia de la voz dulce de Ahyeli deseándome buenos días mientras intentaba servirme té con ingredientes que probablemente no estaban aprobados por la ley.
—¿Dónde está Ahyeli?
—pregunté, secándome con lo que quedaba de mi dignidad.
—Salió temprano —dijo Alice mientras se estiraba—.
Se transformó en su forma de ave y se fue a entrenar con Azreth.
—¿Sin mí?
Alice me lanzó una mirada que decía “¿de verdad estás preguntando eso, genio?” y se limitó a decir: —Tal vez quiere un poco de espacio.
En el claro del bosque, el entrenamiento de camuflaje comenzaba.
La idea era simple: ocultarse mágicamente y pasar desapercibido ante monstruos, enemigos, cobradores de impuestos o, en mi caso, expresiones emocionales no procesadas.
Alice se encargaba de las instrucciones, y yo… bueno, yo fallaba espectacularmente en fundirme con el entorno.
Mientras me enredaba con una rama que supuestamente iba a ser mi camuflaje perfecto, noté algo extraño: Ahyeli no se acercaba a mí.
Ni un poquito.
Estaba ahí, revoloteando con Azreth, dando vueltas alegres, lanzando pequeñas ráfagas de brisa mágica, riendo (¿o piando con sarcasmo?), y cada vez que yo intentaba acercarme… ¡ZAS!
Giraba en el aire y se alejaba como si tuviera un radar anti-torpes.
—¿Eh… Alice?
¿Está… ignorándome?
Alice ni se inmutó.
—Oh, ¿te diste cuenta?
Vaya, vamos progresando.
—¿Qué hice mal?
Solo… fui honesto.
—Sí, y la honestidad es buena.
Pero a veces, Víctor, las criaturas mágicas con forma de ave mística y emocionalmente compleja también tienen sentimientos.
Y tú los manejas con la delicadeza de un troll bailando ballet.
—¡Oye!
¡Yo bailé ballet una vez!
—Eso fue caer de cara en una trampa.
—¡Lo hice con ritmo!
Cuando el entrenamiento terminó, me acerqué con mi mejor sonrisa de “lo siento si fui un idiota” a donde Ahyeli estaba posada en una rama.
—¿Ahyeli?
Nada.
—¿Estás bien?
Ella bajó la mirada.
No me respondió.
Solo voló hacia su cristal y desapareció en un suave resplandor blanco, y no volvió a salir.
Azreth me dio una palmadita con su patita al pasar junto a mí.
Ni siquiera dijo nada, y eso que él normalmente es el sarcástico del grupo.
Esa noche, en la posada, el silencio era raro.
No porque Alice no hablara (aunque eso ya es preocupante), sino porque por primera vez desde que llegó, Ahyeli no estuvo para el té, ni para los hechizos, ni para los abrazos extraños, ni para nada.
—No quiere salir.
—dije, mirando el cuarzo donde descansaba.
—Está dándose espacio —respondió Alice, tomando su té como si no acabara de decir la frase más filosófica de la semana.
—¿Espacio de qué?
Alice alzó una ceja.
—Víctor… trataste sus sentimientos como si fueran una variable sin declarar.
Como si los sentimientos fueran parte de un hechizo que podrías aprender más tarde.
A veces, las palabras duelen más que las explosiones mágicas.
Y tú, campeón, lanzaste un buen combo.
—No quería herirla… solo no sé cómo manejarlo.
—Entonces, no lo hagas.
Dale tiempo.
Tal vez está pasando por una etapa, una confusión emocional, o un despertar mágico-romántico existencial.
O tal vez solo necesita llorar plumas en paz.
—¿Plumas?
—Es un decir.
Creo.
Me quedé mirando el cuarzo el resto de la noche.
Pequeño, brillante, tranquilo.
Y por primera vez desde que comenzamos esta loca aventura, sentí que faltaba algo.
No era su poder.
No era su magia.
Era ella.
La forma en que me miraba como si fuera importante.
La forma en que hablaba, como si todo lo que decía tuviera un propósito.
La forma en que me abrazaba sin pensar si estaba bien o no.
Y me di cuenta de algo que me dio más miedo que cualquier mazmorra: Quizás yo también la extrañaba más de lo que quería admitir.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com