El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
- Capítulo 20 - 20 Capítulo 20 Huevos secretos y gritos matutinos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Capítulo 20: Huevos, secretos y gritos matutinos 20: Capítulo 20: Huevos, secretos y gritos matutinos La mañana empezó como cualquier otra: con mi rostro aplastado contra la almohada, soñando que ganaba una competencia de robos mágicos mientras una multitud me aplaudía y Alice me arrojaba monedas desde un trono hecho de pasteles.
Lamentablemente, desperté no por los aplausos, sino por un grito desgarrador justo en mi oído.
—¡AMOOO!
¡¡Despierta, despierta!!
¡Nuestro hijo ha llegado!
—¿¡QUÉEEEEE!?
—grité, lanzándome de la cama como si me hubieran tirado una trampa de pinchos .
Me giré… y ahí estaba Ahyeli.
En su forma de ave.
Radiando felicidad.
Con un huevo blanco y liso reposando en medio de las sábanas.
—¿QUÉ ES ESO?
—Nuestro hijo, amo —dijo ella con voz suave y ojos brillantes—.
Lo puse anoche…
No quise despertarlo, pero… ¡ahora somos una familia!
Yo me congelé.
—¿¡Pusiste eso!?
—¡Sí!
—¿¡Anoche!?
—¡Sí!
—¿¡Mío!?
—¡Obviamente!
Mis cuerdas vocales intentaron emitir un sonido, pero lo único que salió fue algo entre un “¿khe?” y un ataque de pánico en cámara lenta.
Y justo cuando pensaba que las cosas no podían ponerse más raras, la puerta se abrió de golpe y, como siempre, entró Alice con una taza de té en la mano y cero ganas de tolerar tonterías.
—¡Víctor!
¿Sabes qué pasó con la…?
Silencio.
Ojo izquierdo temblando.
Taza cayendo en cámara lenta.
Alice contempló la escena: yo en la cama, despeinado y pálido; Ahyeli feliz con las alas extendidas; un huevo brillante entre nosotros.
—… —¡ALICE, PUEDO EXPLICAR!
—grité al borde del colapso.
—¡¿PERO QUÉ DIABLOS PASÓ AQUÍ?!
—gritó ella.
—¡No lo sé!
¡Yo estaba dormido!
¡Solo desperté con el huevo!
—¡¿Y NO NOTASTE NADA?!
—¡¿Qué se supone que iba a notar?!
¡¿QUE IBA A CONVERTIRME EN AVEPADRE EN PLENO SUEÑO?!
—¡No le grites al amo!
¡Tu tono es muy agresivo para un ambiente familiar!
—interrumpió Ahyeli, ofendida.
Alice se llevó ambas manos a la cabeza.
—¡Esto no tiene sentido!
¿Cómo es que… tú… y él… y el huevo…?
—¡El amor encuentra sus caminos!
—dijo Ahyeli con orgullo, abrazando el huevo con sus alitas.
—¡¿Esto fue magia?!
¡¿Ritual de fertilidad?!
¡¿Un hechizo prohibido de maternidad!?
—No… simplemente nació.
—¡¿Y DE QUIÉN ES LA BIOLOGÍA QUE PERMITE ESTO!?
—Yo también me lo pregunto… —murmuré.
Pasaron horas de caos.
Alice interrogó a Ahyeli como si fuera una jueza en un tribunal mágico.
Cada explicación era más vaga y emocionalmente más confusa que la anterior.
Hasta que… —Bueno… quizás… no lo puse como tal… —dijo Ahyeli, bajando la mirada.
—¿Qué?
—Tal vez… digamos… lo encontré.
En un lugar con gallinas…
Y me lo llevé…
Porque… quería uno…
Para nosotros.
—… —¿Qué?
—¡¿ROBÁSTE UN HUEVO DE GALLINA?!
—gritamos Alice y yo al unísono.
—¡Pero con elegancia!
Y con mucho amor.
Alice se tiró de los pelos.
—¡No puedo creer que creí por cinco minutos que habías logrado una proeza de reproducción interespecies!
—¡Y yo pensé que me había convertido en padre de un pollo celestial!
—añadí yo, todavía en shock.
Ahyeli bajó sus alas.
—Lo siento… solo quería ver cómo se sentía tener una familia completa.
Pensé que estarían felices… y… ahora todos me ven como una ladrona.
Me acerqué, le tomé la ala con cuidado y sonreí.
—Ahyeli… estoy orgulloso de ti.
—¿Eh?
—¡Robaste un huevo, burlaste la seguridad de un gallinero, y nos hiciste creer que habías creado vida!
Eso es un nivel maestro de manipulación emocional y sigilo logístico.
Ahyeli parpadeó.
Sus ojos comenzaron a brillar.
—¿Lo dice en serio?
—¡Por supuesto!
¡Has dado el primer paso al noble camino del hurto consciente!
Yo era apenas un niño cuando robé mi primer bastón mágico de una tienda enana… —¡Qué bonito!
—dijo ella con una sonrisa que haría sonrojar a una gárgola.
Alice suspiró, resignada, tomando el huevo y entregándoselo a Azreth.
—Devuélvelo al gallinero, por favor.
Y asegúrate de que ninguna gallina esté traumada.
Azreth asintió como un mayordomo profesional y desapareció entre plumas.
El resto del día fue… tranquilo.
A su manera.
Alice siguió refunfuñando, Ahyeli me cantó una canción de cuna en honor a “nuestro hijo perdido”, y yo anoté en mi diario: “Día 87: desperté con un huevo.
Fue raro.
Me suscribo.
7 de 10.” Pero al final, entre risas, lágrimas y huevos robados, todo volvió a la normalidad.
Bueno, nuestra normalidad.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com