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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 Capítulo 22 Luces en el cielo y sombras en el corazón
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22: Capítulo 22: Luces en el cielo y sombras en el corazón 22: Capítulo 22: Luces en el cielo y sombras en el corazón El festival continuó por varios días más y nosotros, fieles creyentes de que “la felicidad engorda pero qué rica sabe”, no nos perdimos ni una sola actividad.

Cada amanecer despertaba con música callejera, aromas de platillos mágicos flotando en el aire, y la promesa de nuevos concursos ridículos que, por alguna razón, siempre terminaban con alguien volando por los aires.

Ahyeli y Azreth se volvieron celebridades locales.

Entre el concurso de vuelo artístico (que ganaron disfrazados de estrellas fugaces), las competencias de canto (que empataron con una banshee jubilada), y los bailes callejeros improvisados… bueno, yo empezaba a pensar que el festival estaba hecho para ellos.

Alice, por su parte, ganó con facilidad la “carrera de cucharear sopa sin derramarla” y fue proclamada Reina del Estofado, literalmente, le dieron una corona hecha de huesos de res y un delantal bordado con hilo de plata.

Nunca la vi tan feliz.

Y yo… bueno… yo vendí unas pulseras “antiespíritus vengativos” hechas con hilo de cáñamo y absolutamente cero poder mágico.

Pero sonaban bonito cuando se agitaban, así que me hice unas buenas monedas.

La noche final del festival llegó, el ambiente era perfecto: faroles flotantes, calles tapizadas con pétalos de flor mágica, y una enorme tarima donde el Gremio de Artistas de Ciudad Ilustre preparaba su gran espectáculo final.

—¿Listos para la función?

—preguntó Alice con una sonrisa que derretiría estatuas de hielo.

—¡Más que listos!

—dijo Ahyeli, que llevaba un vestido ligero de tonos azules y plumas brillantes, como si la luna misma la hubiera vestido.

Nos sentamos en una colina cerca de la plaza, con vista perfecta.

Azreth flotaba como un cojín alado detrás nuestro, de él brotaban pequeñas chispas de magia como si fueran palomitas.

El espectáculo comenzó: violines mágicos flotaban y tocaban solos, bailarines giraban al ritmo de tambores elementales, y una soprano elfa cantó una canción tan hermosa que hasta las piedras lloraron, literalmente, una se partió en dos del drama.

Y entonces, a la medianoche, llegaron los fuegos artificiales.

Eran ilustraciones mágicas en el cielo: dragones volando entre constelaciones, castillos flotantes, una recreación de la gran batalla contra las ratas infernales (una ratita incluso saludaba al público antes de explotar en estrellas doradas).

Todo el mundo reía, aplaudía, comía, bailaba, pero yo noté que Ahyeli se había quedado muy quieta.

Y luego, en silencio… empezó a llorar.

—¿Ahyeli?

—susurró Alice, acercándose.

—Lo siento… —dijo ella entre sollozos, intentando sonreír, sin éxito—.

Es solo que… mis papás… mis hermanos… eran tan alegres como esto.

Siempre decían que el mundo tenía que celebrarse con luz… y cuando nos atacaron… solo quedó oscuridad.

Bajó la cabeza, lágrimas suaves como plumas caían sobre su regazo.

—Yo era solo una polluela, no pude hacer nada, huimos, y luego… estuve sola, aunque un grupo de aves me acogió.

Su voz se quebró.

Pero no fue la única.

Alice la abrazó primero, sin decir palabra.

Yo me acerqué y también la abracé, y luego Azreth aterrizó sobre sus hombros, enrollando su cola alrededor de su cuello como una bufanda cálida.

—No estás sola, Ahyeli —le dije—.

Lo que hiciste ese día no fue huir, fue sobrevivir, fuiste valiente.

—Y si tus padres estuvieran aquí —añadió Alice—, estarían orgullosos de ti.

No solo porque te haz vuelto fuerte, sino porque eres tú, una luz en medio de todo este mundo torcido.

Ahyeli lloró aún más fuerte, y luego se rió entre lágrimas.

—Gracias… los quiero mucho… aunque a veces sean insoportables.

—Eso es lo más bonito que alguien me ha dicho esta semana —respondí.

Y entonces, sin previo aviso, Ahyeli me tomó del rostro con ambas manos y me besó.

No uno de esos besos románticos y sutiles de novela romántica.

No.

Uno sonoro, cálido y muy, muy directo.

—¡¿Q-QUÉ!?

—grité con los ojos abiertos como platos.

—¡JAJAJA!

—rió ella, lanzándose hacia el cielo en su forma de ave— ¡Te atrapé, amo!

¡Ahora no solo gané el festival, espero que también tu corazón!

—¡ESO NO FUE CONSENTIDO!

—grité, rojo como un tomate maldito.

—¡Aww, ya lo superaste, ladrón sentimental!

—rió Alice, revolcándose de la risa.

—¡REGRESA AQUÍ, CONDENADA LADRONA!

Pero Ahyeli ya estaba volando en círculos sobre el bosque, dejando tras de sí una estela de luz azulada como una estrella fugaz traviesa.

Y ahí estábamos.

Yo, con el corazón latiendo como si me hubieran lanzado un hechizo de confusión.

Alice, llorando de la risa.

Azreth, rodando por el suelo haciendo ruidos extraños.

Y Ahyeli, en el cielo, como un faro que por fin había vuelto a brillar.

Ese fue el final del festival.

Y el comienzo de algo… más complicado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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