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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 El espía la bañera y la máscara que se derrite
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24: Capítulo 24: El espía, la bañera y la máscara que se derrite 24: Capítulo 24: El espía, la bañera y la máscara que se derrite Todo el mundo sabe que Xalvok es ese reino con ínfulas de conquistador frustrado que, si pudiera, mandaría diplomáticos con cuchillos ocultos en cada apretón de manos.

También saben que Xalvok apoyó con todo gusto el ataque de la infame Orden de los Lamentos contra el antiguo rey, que por si alguien lo había olvidado, también fue un héroe invocado de otro mundo, esposo de una princesa semibestia y papá de un bebé adorable.

Tristemente, ninguno de los tres vivió para contarlo.

Lo que nadie sabe (porque si lo supieran sería un caos diplomático de proporciones volcánicas) es que Xalvok ha estado infiltrando espías por todos los reinos.

Y sí, cuando digo “nadie sabe”, me refiero a todos excepto nosotros, porque aparentemente tenemos una diana mágica dibujada en la frente que dice: “Hola, problemas, entren por aquí.” Todo comenzó como una noche normal en Ciudad Ilustre, contaba monedas robadas legalmente (sí, eso es una cosa), Alice limpiaba su espada con cariño sospechoso, y Ahyeli… Ahyeli se estaba bañando, cantando alegremente desde la habitación con su voz de ave-ópera-diosa-emocional mientras todo el edificio parecía derretirse por la ternura de su canto.

Fue entonces cuando escuchamos un crujido en la ventana del baño, seguido de un leve clic, luego un shhhh.

—¡Azreth!

—gritó Alice— ¡¡Alguien está intentando entrar!!

—¡¿Mientras se baña Ahyeli?!

—dije yo, agarrando mi daga y mi orgullo.

Abrimos la puerta a toda velocidad y vimos una figura envuelta en una túnica blanca, rostro cubierto por una máscara negra sin facciones, ya medio cuerpo dentro de la ventana como si fuera un ladrón ninja… con el peor timing posible.

El intruso nos miró, nosotros lo miramos, Ahyeli gritó desde dentro del baño: —¡Hay alguien espiando mis plumas!

Y entonces comenzó la persecución.

¡Por las calles!

¡Por los tejados!

¡Por un puesto de takoyaki que terminó incendiado!

El sujeto no hablaba, no chillaba, no se cansaba y lanzaba dagas como si fueran pétalos en primavera… solo que letales.

—¡¿Quién demonios es ese?!

—grité mientras esquivábamos un disco explosivo que convirtió un carrito de frutas en composta ardiente.

—¡Tiene el escudo de la Orden de los Lamentos grabado en el guante!

—gritó Alice.

—¡¿Y qué demonios hace espiando a una fénix desnuda?!

—bramó Azreth, más enojado por la ofensa que por el fuego.

Al llegar a un callejón, el ninja encapuchado intentó trepar una pared, pero Azreth lo derribó con una ráfaga de viento afilado, estampándolo contra el suelo.

Lo rodeamos.

—Ahora sí, amigo… —dije sacando mi daga— habla, o te hacemos cantar ópera en calzoncillos frente al gremio.

Pero entonces… El encapuchado comenzó a reír.

Un sonido seco, agudo, macabro, como si alguien lo estuviera cosquilleando en la espalda con un cuchillo.

Su cuerpo tembló, la túnica se humedeció, la máscara comenzó a derretirse como si estuviera hecha de cera oscura.

—¡Atrás!

¡Es un hechizo de autodestrucción mágica!

—gritó Alice.

Pero no fue una explosión, no hubo fuego.

Fue descomposición mágica, el sujeto se derritió, se volvió líquido, inodoro, sin dejar ni una sola huella mágica, como si nunca hubiera existido.

—¿Pero qué… qué demonios…?

—pregunté mirando el charco que desaparecía entre las piedras.

—Un espía suicida —dijo Alice—.

Un Sombrasigno.

Lo usaban durante la guerra contra el reino demoníaco.

Nadie ha visto uno desde hace… bueno, desde que nuestros padres tenían acné.

—Al menos no robó mi huevo… —dijo Ahyeli, envuelta en una toalla, parada detrás de nosotros como si la muerte líquida fuera algo de todos los días.

Esa misma noche, fuimos a dar el informe al gremio.

El elfo fisicoculturista, con su camisa ajustada que gritaba “yo hago sentadillas con golems”, nos recibió en la sala principal.

—Entonces… ¿alguien intentó entrar a la posada por el baño mientras la señorita Ahyeli se bañaba…?

—dijo mientras tomaba notas con letra cursiva perfecta.

—Sí.

—¿Y luego huyó como ninja silente por los techos, arrojó cuchillos mágicos, reía como villano de cuento y luego se derritió como vela barata?

—Sí.

—¿Y nadie más lo vio?

—¿Quién crees que se va a asomar a mirar cuando alguien grita “¡espía en el baño!”?

Él asintió.

—Gracias por el informe.

A partir de ahora, el gremio los pondrá bajo vigilancia especial.

Este asunto es… preocupante.

—¿Vigilancia especial como protección o como sospechosos?

—pregunté.

—Sí.

—¡…!

Salimos del gremio bajo la luz de la luna.

Alice suspiró.

—La Orden de los Lamentos ha vuelto a moverse.

—Y Xalvok está detrás.

Esto se va a poner feo —agregué, por si alguien no había captado la tensión narrativa.

—Al menos nadie más vio mis plumas.

—Ahyeli sonrió.

—Excepto el cadáver derretido.

—¡¡No lo digas así!!

¡¡Qué asco!!

—Por cierto, ¿alguien va a pagar por el puesto de takoyaki que voló en pedazos?

—Soy ladrón, no filántropo —dije encogiéndome de hombros.

Y así terminó la noche.

Con un espía menos, un secreto más, y el leve presentimiento de que las sombras del pasado se preparan para atacar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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