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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 Capítulo 25 El huevo el drama y el amor adoptivo no consensuado
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25: Capítulo 25: El huevo, el drama y el amor adoptivo no consensuado 25: Capítulo 25: El huevo, el drama y el amor adoptivo no consensuado A veces, los grandes descubrimientos suceden en templos antiguos, ruinas místicas o cofres encantados.

Y otras veces… en medio del bosque, al costado de un camino polvoriento, junto a los cadáveres de dos aves que claramente no sobrevivieron al tutorial de vuelo.

Todo comenzó en el trayecto hacia la tienda de antigüedades regenteada por los lobos semihumanos.

Victor, Alice y Ahyeli habían salido temprano con el objetivo de vender algunas de las baratijas mágicas que Victor, con su sello de “ladrón, pero con principios”, había sustraído cuidadosamente del castillo de verano.

Pero entre paso y paso, entre chisme y chisme, se toparon con un pequeño claro, iluminado con la luz del sol que se colaba entre los árboles como si la naturaleza misma quisiera resaltar aquel trágico espectáculo: Un nido, hecho de ramas, hierba y una bufanda rosada (que alguien seguramente perdió), y en él, dos aves no voladoras tendidas sin vida.

A su lado, un huevo de color pardo con pintas blancas, intacto, cálido… y completamente solo.

—Pobrecito —susurró Ahyeli, llevándose las manos al pecho con lágrimas en los ojos.

—Wow… sí que es una escena trágica —dijo Victor, que ya calculaba cuántas monedas podrían valer los restos de las aves.

—Ni se te ocurra vender al bebé —le espetó Ahyeli, abrazando el huevo como si fuera el último sobreviviente de su raza.

—¿Bebé?

—repitió Alice.

—¡Nuestro hijo!

—dijo Ahyeli con una sonrisa brillante, mirando a Victor como si acabaran de concebir al pequeño milagro por fusión espiritual o algo imaginario.

—¿¡QUÉ!?

—exclamaron Victor y Alice al unísono.

—Es producto de nuestro amor… adoptivo, claro.

Porque todavía no me has besado, amo.

¡No seas tímido!

Victor simplemente se quedó quieto, como si el tiempo se hubiera congelado o alguien lo hubiera transformado en estatua por error.

Desde ese día, el huevo, bautizado por Ahyeli como “Lunito”, fue parte de la familia.

Sí, lo llevaba a todos lados: al mercado, al gremio, a entrenar, incluso lo puso en una canasta especial con correas mágicas para llevarlo en la espalda como si fuera una mochila viviente.

—¡Amo, míralo!

Tiene tu forma ovalada de cara —decía con ilusión, ignorando por completo el hecho de que su cara no era una fruta ni una piedra de río.

Alice y Victor… simplemente lo aceptaron.

¿Qué otra cosa podían hacer?

Discutir con una fénix lunar testaruda, sensible y emocionalmente creativa no estaba en sus habilidades mágicas.

—¿Y si nunca eclosiona?

—preguntó Alice una noche, en voz baja.

—¿Y si ella lo trata como su hijo por el resto de su vida?

—añadió Victor con tono de preocupación.

—¿Y si… el huevo se pudre?

—sugirió Azreth con el mismo nivel de diplomacia que una piedra lanzada a una vidriera.

La respuesta fue un suspiro compartido, seguido de un: —Ya veremos.

Durante el festival, Ahyeli fue el alma de la fiesta.

Montada con Alice en un carrusel con caballos reales, yendo de un lado a otro con el huevo sujeto en una mantita con bordes dorados.

—¡Vamos, Lunito!

¡Saluda a tu tía Alice!

—No soy su tía —dijo Alice.

—¡Cállate y sonríe, que es su primer festival!

Ganó apuestas, venció musculosos, encantó al elfo fisicoculturista y usó los premios para comprarle un mini gorrito al huevo.

—Está tan mono… —murmuró Victor entre risa y resignación.

Y aunque nadie decía nada, todos sabían que eventualmente ese huevo no iba a romperse.

Que no iba a salir ningún pollito mágico, ni ave ancestral, ni mini fénix versión “hijo del sol”.

Y sin embargo, ver a Ahyeli tan feliz… —Déjala un poco más —dijo Alice.

—Sí… —asintió Victor—, pero el día que ese huevo no eclosione, alguien va a tener que consolarla.

—No te preocupes, tú eres bueno con las palabras —dijo Alice.

—No, yo soy bueno robando —aclaró Victor.

—¡Y criando hijos!

—gritó Ahyeli desde el puesto de dulces, mientras sostenía al huevo y pedía dos pasteles.

—¡Uno para mí y uno para Lunito!

Y así continuó su día.

Porque sí, Ahyeli es una criatura mágica, una poderosa fénix lunar capaz de destruir enemigos con una sonrisa… Pero también es una madre primeriza autoasignada, orgullosa y decidida.

Y hasta que la dura realidad golpee, ese huevo seguirá siendo parte de la familia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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