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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Capítulo 34 La princesa el idiota y las emociones complicadas
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34: Capítulo 34:  La princesa, el idiota y las emociones complicadas 34: Capítulo 34:  La princesa, el idiota y las emociones complicadas Alice no dijo una sola palabra durante todo el camino de regreso a Ciudad Ilustre.

Ni una broma, ni una queja, ni un grito con insulto creativo dirigido a mí.

Era como caminar con una estatua mágica con complejo de mártir.

Y eso era alarmante.

Digo, cuando Alice está callada más de cinco minutos, o está tramando algo, o algo le duele de verdad.

Y como no me tiró una espada por la espalda, asumí lo segundo.

—¿Deberíamos decirle algo?

—le susurré a Azreth mientras bordeábamos uno de los puestos de especias en el mercado.

—¿Tú?

¿Decir algo que no sea una burrada?

Eso tengo que verlo —me respondió.

—Muy gracioso.

Azreth tenía razón.

No soy precisamente bueno dando discursos emocionales.

Pero no podía dejarla así.

Llegamos a la posada y, como si estuviera siguiendo un guion trágico, Alice se encerró en su habitación.

Ahyeli intentó consolarla con sopa (bueno… “sopa”, aunque parecía lava con champiñones), pero ni eso funcionó.

Azreth hasta le ofreció un dibujo hecho con sus patas y ella apenas lo miró.

—Definitivamente estamos mal —dije, ya en nuestra habitación, mientras Ahyeli acomodaba el huevo con ternura exagerada.

—¿Tú crees que fue tan duro?

—preguntó Ahyeli.

—Sí.

Y lo peor es que ya lo sabía.

Sí.

Lo sabíamos.

El tal Néric era un trepador de clase alta.

La había usado, manipulado, y luego intentó asesinarla.

Y lo peor: Alice lo había amado.

A pesar de todo.

Hasta el último momento, ella creyó que había un poco de la persona que conoció en él.

No lo hubo.

Esa noche, toqué la puerta de su habitación.

—¿Alice?

—Vete.

—Solo quiero… saber si estás bien.

—¿Te parezco bien?

—Ehhh… ¿sí?

—Idiota.

Silencio.

Y luego… la puerta se abrió.

Un poco.

Lo suficiente para dejarme entrar junto con Ahyeli (que venía cargando el huevo como si fuera un trofeo) y Azreth, que ya estaba husmeando como si fuera su casa.

Alice estaba sentada en la cama, con la mirada fija en la pared.

Tenía esa expresión… no de rabia, no de tristeza.

Era algo más agrio, más doloroso.

—Sé que duele —empecé, rascándome la nuca como idiota nervioso—.

Y no tengo las palabras correctas.

Pero… ese tipo fue un miserable.

Lo sabemos.

Tú lo sabes.

Y si sirve de algo… ahora está más chamuscado que mi intento de panqueques.

Alice me miró de reojo.

No sonrió, pero al menos no me aventó un rayo.

—Lo que el amo quiere decir —dijo Ahyeli— es que tú ahora eres increíble.

No solo por lo fuerte, sino por lo noble.

Lo decidida.

Lo… lo que sea que no tengo palabras para describir.

Azreth se subió a la cama, se acostó boca arriba y añadió:  —Y además, tienes un ave mágica, un ladrón con y a mí.

Nadie puede superar eso.

Suspiré.

—Y… bueno.

El tipo correcto… puede que no sea perfecto.

Ni elocuente.

Puede que tenga una deuda con media ciudad y no sepa ni qué decir en momentos serios… Pero sabrá cuidarte.

Querrá estar contigo.

Y si hace falta, se robará el sol solo para verte sonreír.

Alice alzó una ceja.

—¿Estás hablando de ti?

—¡¿Yo?!

¡No!

¡Por supuesto que no!

¡Esto es completamente… filosófico!

¡Universal!

¡Teórico!

Azreth rió.

Mucho.

Ahyeli abrazó a Alice y murmuró: —Nuestro hijo tiene dos mamás… y un papá tonto.

Y allí… Alice se echó a reír.

Rió de verdad.

Y por primera vez en días, volvió a ser ella.

En algún lugar oscuro y polvoriento, Néric despertó cubierto de vendas.

Frente a él, una figura encapuchada.

—¿Fallaste?

—Ella es más fuerte de lo que imaginaba —respondió con voz rasposa.

—Entonces será necesario… destruirla por completo.

Néric sonrió, amargamente.

El juego no había terminado.

Pero eso… sería problema para otro día.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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