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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 35

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  3. Capítulo 35 - 35 Capítulo 35 Alas bajo la luna
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35: Capítulo 35: Alas bajo la luna 35: Capítulo 35: Alas bajo la luna La misión era simple.

Recolectar hierbas.

No enfrentamientos, no bestias mágicas, no estallidos de magia incontrolable ni enemigos de mi lista creciente de cosas que quiero evitar.

Solo hierbas.

Verdes, inofensivas, aburridas hierbas.

Así que, obviamente, algo tenía que salir diferente.

Acampamos en una pequeña colina del bosque de Lunthar, un lugar que, según el mapa, era seguro.

Pero había algo en el aire esa noche.

Un susurro ancestral, como si el bosque mismo contuviera la respiración.

Ahyeli estaba rara.

Silenciosa.

Nerviosa.

Desde la cena, no paraba de mirar al cielo.

El fuego crepitaba frente a nosotros, y Azreth roncaba mientras usaba mi capa como almohada.

Alice revisaba el botín del día como una contadora obsesiva.

Y yo… yo solo quería dormir.

Pero entonces ocurrió.

Un trino.

Claro.

Agudo.

No de un búho, ni de un ave cualquiera.

Era algo más… algo familiar.

Ahyeli se levantó de golpe.

Sus ojos brillaron como lunas dobles, y sin decir una palabra, su cuerpo se envolvió en llamas plateadas.

Las llamas no quemaban, sino que iluminaban la noche con una luz suave y solemne.

En un instante, su figura humana dio paso a la majestuosa forma del fénix lunar, alas extendidas como si pudiera abrazar al cielo entero.

Voló.

—¿Otra vez sin avisar?

—murmuré, aunque algo en mi pecho se agitaba.

Alice no dijo nada, pero también estaba atenta.

Algo se movía entre las estrellas.

Entonces las vimos.

Primero una silueta.

Luego otra.

Luego una docena más.

Una danza aérea, un desfile de alas.

Una parvada descendía del cielo, como si la luna misma les hubiera abierto la puerta.

Eran aves de distintos colores, tamaños, pero todas con un aura de poder antiguo.

Ahyeli voló en espiral entre ellos, como si fuera una melodía perdida que al fin encontraba su coro.

El viento susurraba en lenguas que no comprendíamos.

El bosque guardaba silencio.

Y entonces bajaron.

Uno a uno, se posaron alrededor del campamento.

Con una gracia reverente, tocaron tierra.

Ahyeli aterrizó en el centro.

Las llamas plateadas la envolvieron de nuevo.

Y cuando emergió en su forma humana, con la frente alta, los ojos brillantes, y el huevo en brazos, supe que estábamos viendo algo importante.

Ella se acercó y, con voz firme, dijo: —Ellos… fueron mi familia.

Me cuidaron cuando era una cría perdida.

Me enseñaron a volar.

A sobrevivir.

A soñar.

Pero ya no soy una polluela.

Miró al huevo como si en él ardiera un fuego sagrado.

—Este es mi hijo.

Nuestro hijo.

—Y me miró directamente, como si el fuego de sus palabras fuera una antorcha que me estaba lanzando en la cara.

—¡NO ES NUESTRO HIJO!

—grité automáticamente.

Alice se llevó una mano al rostro.

Las aves me miraron.

Algunas inclinaron la cabeza como si dijeran “triste humano”.

—Yo soy su tía, por cierto —añadió Alice con una sonrisa que sabía que me sacaría canas.

La parvada no juzgó.

Solo asintieron con solemnidad.

Uno de ellos se adelantó, una especie de gran ave con ojos como pozos de sabiduría, y habló en un idioma hecho de trinos y viento.

Ahyeli respondió con lágrimas en los ojos.

—Me ofrecieron volver.

A volar con ellos.

A recordar lo que fui.

—¿Y… qué respondiste?

—pregunté, aunque ya lo sabía.

Ella levantó el huevo.

Lo acunó.

—Que mi lugar está aquí.

Con ustedes.

Con él.

—Y volvió a señalarme.

¿Qué le pasa conmigo y señalarme cuando dice cosas raras?

Los pájaros alzaron el vuelo justo antes del amanecer.

Como un ejército de luz que regresaba al cielo.

Nos quedamos allí, viendo cómo desaparecían entre las nubes.

Ahyeli, con una sonrisa triste.

Alice, con una expresión serena.

Yo… bueno, intentando digerir que al parecer, tengo un huevo que todo el mundo cree que es mío.

Azreth se desperezó y dijo: —¿Me perdí el desfile celestial o fue otra escena dramática con posibles implicaciones paternales?

Yo solo suspiré.

Porque sí.

Fue ambas cosas.

Y así terminamos otra noche en la vida de Víctor, ladrón profesional, no-padre de un huevo y actual responsable de una fénix emocionalmente inestable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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