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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 36 Misión Huevo Imposible
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36: Capítulo 36: Misión Huevo Imposible 36: Capítulo 36: Misión Huevo Imposible Lo único que tenía que hacer era quedarme en casa.

Eso fue lo que me dijeron.

Eso fue lo que acepté, fácil, sin monstruos, sin espías.

Sin explosiones mágicas.

Solo yo… y el huevo.

Alice y Ahyeli salieron juntas por la tarde en lo que llamaron “una importante expedición femenina”, lo cual descubrí después que significaba: chismes, pasteles y mirar vitrinas sin intención alguna de comprar nada.

Me dejaron una lista con instrucciones, como si no supiera cuidar un pedazo de cascarón que no hace absolutamente nada.

Vamos, he robado castillos con menos preparación que esto.

—Solo no lo rompas —me dijo Alice, señalando el huevo con su cara de “te estoy advirtiendo pero sonriendo” .

—Es frágil —añadió Ahyeli, abrazándolo por última vez como si fuera un hijo despidiéndose de su madre en la guerra.

Claro.

El problema es que cuando te dicen “solo cuídalo”, la vida entiende “haz que TODO salga mal”.

Primero, el huevo decidió que tenía frío.

Sí, frío.

No es que hablara, pero empezó a hacer un sonido extraño.

Un “crac-crac” suave.

El tipo de crujido que uno escucha justo antes de tener que pagar por un florero carísimo que ni siquiera miraste.

Me alarmé y lo envolví en tres mantas, un gorro, y una bufanda que encontré en el baúl de invierno de Alice.

Parecía una bola de tela con complejo de cebolla.

Luego pensé: “Oye, mejor voy al mercado mágico y compro una incubadora portátil, por si las dudas.” Ajá.

Error.

Ni bien puse un pie fuera, una bandada de murciélagos pasó volando sobre mi cabeza, uno me golpeó el hombro y el huevo salió volando como proyectil maldito.

Lo atrapé a centímetros del suelo con una maniobra digna de una ovación… pero justo entonces tropecé con un niño que vendía pan y caí dentro de un carrito de verduras.

Con el huevo en alto.

Como si fuera una reliquia sagrada.

O una granada sin seguro.

—¡¿Está bien el huevo?!

—grité desde el suelo.

—¿Y tú?

—preguntó el niño con el pan.

—¡Eso no importa!

Logré salir con el orgullo a medio cocer y el huevo intacto.

Lo limpié, lo abracé.

Le hablé con dulzura.

Algunos transeúntes me miraban raro, pero después del cíclope asesinado misteriosamente, yo ya era leyenda local.

Podía hacer lo que quisiera.

Llegué al mercado.

Nada de incubadoras.

Pero una anciana bruja me ofreció un talismán para “bendecir la fertilidad del futuro polluelo”.

Rechacé la oferta.

Dos veces…

Después lo consideré… por si acaso.

Volviendo a la posada, ya de noche, pasé por un callejón donde un grupo de tipos con pinta de ladrones de poca monta (lo digo con conocimiento de causa) estaban tramando algo.

Y claro, me vieron.

—¡Oye, ese es el tipo del huevo mágico que mató al cíclope!

—gritó uno.

Y ahí empezó la persecución.

Corrí.

Salté.

Me deslicé por debajo de carretas.

Me colé en una lavandería.

Usé un caldero como casco.

Todo con una sola mano, porque la otra cargaba al maldito huevo como si fuera la antorcha olímpica.

Finalmente, logré despistarlos en un jardín lleno de estatuas.

Me senté en un banco, jadeando.

—Tú y yo necesitamos una escapada —le dije al huevo.

Cuando volví a la posada, Ahyeli y Alice ya estaban allí.

Ahyeli se lanzó sobre mí.

—¡Mi huevo!

¡Está a salvo!

—Y lo abrazó como si yo no acabara de correr un maratón épico contra el hampa local.

—¿Y tú?

—preguntó Alice.

—Yo estoy bien.

Solo un poco magullado.

Nada que una semana de descanso no cure.

—¿Qué hiciste?

—preguntó sospechando.

—Sobreviví.

A ti.

Al huevo.

A la ciudad entera.

Denme una medalla o un masaje.

Nos reímos.

O bueno… ellas se rieron.

Yo medio me desmayé.

Pero al final, el huevo estaba bien.

Y eso es lo que importa.

¿Verdad?

… ¿Verdad?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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