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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 44

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  4. Capítulo 44 - 44 Capítulo 44 El peor rumor de la historia el rumor más estúpido del universo
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44: Capítulo 44: El peor rumor de la historia, el rumor más estúpido del universo 44: Capítulo 44: El peor rumor de la historia, el rumor más estúpido del universo Si me hubieran dicho que mi vida como aventurero se resumiría en rumores raros, chismes y preguntas incómodas de desconocidos, habría reconsiderado seriamente vender verduras en el desierto.

Pero no.

El destino decidió traerme aquí y convertirme en la comidilla de todo el maldito reino.

Todo comenzó con un sujeto sudoroso, con más bigote que dientes, que me abordó en plena calle.

Yo iba tranquilo, cargando mis compras, cuando me suelta: —Oiga, ¿es verdad que usted… ejem… tuvo un hijo con una mantícora?

Casi me atraganto con el pan que llevaba en la boca.

—¿Qué?

—Ya sabe, esas criaturas… ¿No es peligroso?

¿No se le pegó nada raro?

Me quedé mirándolo con la cara más muerta posible.

Como si la vida misma me hubiera abandonado.

No por la pregunta, sino porque, maldita sea, alguien había inventado semejante rumor y se estaba propagando como una peste.

Lo peor fue que el tipo parecía realmente preocupado por mi salud, como si yo fuera un paciente de algún centro psiquiatrico.

Corrí a contarle a Alice y a Azreth, esperando que me apoyaran, que me consolaran, que dijeran “tranquilo Víctor, la gente es idiota, ignóralos”.

Ja.

Apenas terminé de explicar lo que pasó, Alice estaba en el suelo retorciéndose de risa, y Azreth agitaba la cola como si hubiera encontrado su nuevo pasatiempo favorito.

Burlarse de mí.

—¡Un hijo con una mantícora!

—jadeó Alice entre carcajadas—.

¡Víctor, eres un degenerado!

—Te felicito, humano —añadió Azreth, intentando sonar serio pero con la sonrisa pintada en el hocico—.

No todos pueden presumir semejante… diversidad en sus conquistas.

Yo los miraba con la misma cara con la que miraría a alguien que acaba de decir que el agua se inventó ayer.

—No es gracioso.

Ahyeli apareció y me abrazó suavemente, como solo ella sabe.

—Víctor… tú nunca me engañarías de esa manera —dijo, con esa voz calmada que parece envolver todo lo negativo—.

No hay nada que temer de esos rumores.

Su abrazo y palabras me hicieron sentir un poco de alivio, pero la frustración seguía ahí, hirviendo por dentro.

—Ahyeli… escucha —dije, más firme—.

Contigo no tengo ese tipo de relación, solo eres la familiar que invoqué.

Nada más.

Alice y Azreth dejaron de reír por completo.

La burla inicial se apagó y ahora sus expresiones mostraban preocupación.

No se trataba de una broma, entendieron que estaba molesto.

A pesar de la calma de Ahyeli, mi enojo explotó.

Las palabras comenzaron a fluir, como si necesitara descargar toda mi frustración.

—¡MIERDA!

—grité, con la voz cargada de frustración apartando bruscamente con el brazo a Ahyeli—.

¡Estoy harto de las burlas y de esos rumores absurdos!

Alice me miró, comprensiva pero firme.

Azreth asentía, entendiendo que estaba pasando por un mal momento.

Ahyeli bajó la cabeza, y su tristeza me golpeó de inmediato.

Comprendí que había exagerado.

La culpa se apoderó de mí al instante.

—Ahyeli… —susurré—.

Lo siento… no era mi intención herirte.

Ahyeli levantó la mirada con una expresión mezcla de cariño y determinación.

—Está bien, Víctor.

Sé que no eres así normalmente —dijo—.

Pero si alguien alguna vez se atreve a faltarte al respeto, te prometo que, aunque sea una pacifista, ¡golpearé a quien sea!

Alice asintió con suavidad.

—Sí… estamos contigo, Víctor.

Nadie tiene derecho a juzgarte por rumores.

Azreth hizo lo mismo, colocando su pata en mi hombro: —Estamos a tu lado.

Siempre.

No dejes que esas tonterías te afecten.

Suspiré, aliviado, mientras Ahyeli me abrazaba de nuevo, esta vez no la aparté.

—Gracias… de verdad —dije—.

Lo siento por haber sido grosero antes.

Ella sonrió y acarició mi mejilla.

—Está bien.

Pero recuerda: nadie tiene derecho a ofenderte.

Y yo te defenderé.

Arriba en el cuarto me recosté en el sillón, aún sintiendo la tensión irse lentamente.

Lunito saltó a mis piernas, ignorando los dramas humanos, y me miró con ojos que parecían decir: “Papá, todo está bien”.

—Supongo que esto también forma parte de nuestra peculiar familia —murmuré—.

Entre rumores absurdos, y ustedes la vida nunca será aburrida.

Alice y Azreth se sentaron cerca, en silencio pero presentes.

Ahyeli se acomodó a mi lado, tranquila, con esa serenidad que siempre me reconforta.

Comprendí que, aunque los rumores se extendieran fuera de la ciudad, yo tenía un refugio seguro lleno de apoyo, cariño y risas.

—Y recuerda —dijo Ahyeli, acariciando la cabeza de Lunito—.

Siempre tendrás nuestro apoyo.

—Supongo que tambien el de Lunito —añadí, viendo cómo el cachorro se acomodaba sobre mis piernas—.

Mientras todos nos relajábamos, Lunito levantó la cabeza y me miró a mí primero, con sus ojos brillantes y curiosos.

Luego giró hacia Ahyeli, con una expresión que nadie podía malinterpretar.

Y allí, entre un suave gruñido y un pequeño gemido, pronunció su segunda palabra: —…mamá —dijo, mirando a Ahyeli.

El tiempo pareció detenerse.

Ahyeli lo tomó entre sus brazos, sorprendida y emocionada.

Alice y Azreth nos miraron con sonrisas cálidas y llenas de orgullo, compartiendo el momento.

—Eso… eso es perfecto —susurré, acariciando la cabeza de Lunito y mirando a Ahyeli con gratitud—.

Nuestra familia es rara, sí, pero totalmente nuestra.

Y ahí estábamos: un grupo extraño, incomprendido por el resto del mundo, pero unido.

Rumores, groserías, reconciliaciones y ahora palabras de manticora que hacían que todo valiera la pena

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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