El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 45
- Inicio
- Todas las novelas
- El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
- Capítulo 45 - 45 Capítulo 45 Manticoras y Lecciones de Vida
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
45: Capítulo 45: Manticoras y Lecciones de Vida 45: Capítulo 45: Manticoras y Lecciones de Vida Nunca había imaginado que los rumores sobre mí pudieran convertirse en un desastre digno de una comedia épica, pero ahí estaba: personas murmurando sobre mi supuesta relación con Lunito, la manticora, como si yo fuera un villano de novela barata.
Hasta que apareció él: el líder del gremio, el elfo fisicoculturista que más parecía salido de un cartel de gimnasio que de un libro de magia.
Entró en la posada con esa confianza que te hace sentir que cualquier cosa que diga será ley.
Se acercó a nuestra mesa y, con una sonrisa que dejaba claro que no toleraría estupideces, comenzó: —He oído los rumores —dijo, flexionando un bíceps que parecía desafiar la gravedad—.
Déjenme aclarar esto: Lunito fue rescatado y criado por el grupo de Víctor.
Punto.
Nada de perversiones ni locuras extrañas.
Alice y Azreth soltaron pequeñas risas de alivio.
Yo, por supuesto, respiré hondo, agradecido de que alguien con autoridad pusiera orden.
—Así que, por fin, los rumores se detienen —dijo el líder, cruzando los brazos—.
Ahora solo se difundirán los rumores que nos hacen ver bien: “El valiente aventurero Víctor y su grupo crían a una manticora.
¿Por qué?
Porque son épicamente bárbaros”.
—Épicamente bárbaros… —murmuré—.
Suena como algo que pondrías en un póster de gimnasio, no en un gremio de aventuras.
Pero no me quejé; al menos ahora no parecía que me pintaran como un pervertido.
Eso ya era un avance.
Pretendientes y duelos Con los rumores aclarados, Ahyeli empezó a recibir más atención.
Aunque su identidad como fénix lunar era secreta, varios pretendientes comenzaban a rondarla, intentando impresionarla o, peor aún, retarme a un duelo para reclamar su mano.
—¡Ahyeli, no necesitan pelear!
—dije, más preocupado por la seguridad de todos que por la mía—.
Además, ¿no sabían que hay un pequeño cachorro de manticora en casa que no aprueba estas cosas?
Sí, Lunito, mi pequeño y letal cachorro, no estaba dispuesto a tolerar estas tonterías.
Usando la coraza de metal que cubría su aguijón, golpeaba con firmeza a cualquiera que intentara acercarse demasiado a mí o a Ahyeli.
—Muy bien, Lunito —dijo Ahyeli, acariciándole la cabeza—.
¡Así se defiende a papá!
Yo no pude evitar sonreír.
No solo era un cachorro inteligente, sino que ya tenía sentido del honor familiar.
Alice, mientras tanto, se acercó a mí con una sonrisa: —Ahora entiendo por qué te llaman “épicamente bárbaro”, Víctor.
Lunito te respalda incluso con sus propias patas… y un aguijón blindado.
Azreth, nuestro zorro dragón, simplemente resopló y me miró con complicidad.
Lunito lo miraba de vuelta, y por enseñanza de Ahyeli, lo llamaba “hermano”.
Enseñando a hablar a Lunito Por las noches, Ahyeli se tomó la tarea de enseñarle a Lunito a hablar.
Al principio parecía imposible; entre gruñidos y gorgojeos, el proceso era más parecido a traducir un idioma alienígena que a enseñar a un cachorro.
Pero Lunito era muy inteligente y, tras algunon tiempo de práctica constante, ¡finalmente lo logró!
—Mamá —dijo un día, mirando a Ahyeli con esa mezcla de orgullo y ternura.
Yo casi me caigo de la silla.
No solo decía “papá” ahora, sino que podía entablar conversaciones básicas como si fuera un niño humano.
Alice, por supuesto, no se salvó: Lunito también le decía “mamá” cada vez que quería atención o un dulce extra.
—¡No me miren así!
—protesté —.
Ahora tengo dos mamás adoptivas para un hijo manticora que podría lanzarme por los aires si s eenoja demasiado.
Azreth, entre risas, asentía con resignación.
Y Lunito lo seguía llamando “hermano” con orgullo.
Travesuras en la posada Como era de esperar, Lunito no podía quedarse quieto.
Durante las comidas, se escapaba de la mesa para explorar la cocina.
La dueña de la posada, acostumbrada a nuestros desastres, le ofrecía postres secretos y lo mimaba sin problemas.
Cuando regresaba a la mesa, se relamía los bigotes con evidente satisfacción, como si estuviera diciendo: —Comí algo rico y ustedes no.
Yo solo podía mirar y pensar: “Este cachorro es más listo que yo… y probablemente más peligroso”.
Pero no podía evitar reír.
Entre sus travesuras, su habilidad para hablar y su sentido del honor, Lunito se había convertido en el corazón del grupo.
Rumores y fama positiva Los rumores sobre nuestro grupo cambiaron radicalmente.
Ahora la gente hablaba de nosotros con respeto y admiración: —¿Viste?
¡El valiente Víctor y su grupo crían a una manticora!
—decían—.
¡Épicamente bárbaros!
Por fin, ya no me molestaba ser presentado como la pareja de Ahyeli.
Alice me había explicado que los fénix lunares, como Ahyeli, elegían a su pareja para siempre, igual que las águilas, así que su lealtad es eterna.
Y ahora todos los pretendientes que intentaban desafiarme a un duelo aprendían rápidamente que Lunito no era un simple cachorro.
Ahyeli lo felicitaba cada vez que defendía a su “papá”, y yo no podía evitar sentirme orgulloso de nuestro pequeño y feroz guardián.
Lunito aprende a usar sus habilidades Ahora que Lunito podía hablar, la próxima tarea era enseñarle a usar sus habilidades mágicas como criatura magica.
Ahyeli, paciente y constante, empezó con ejercicios básicos: manipulación de objetos, control de su aguijón y comprensión de su propia fuerza.
—Vamos, Lunito —decía—.
No queremos que destruyas la posada antes de tu cumpleaños.
—¡Sí, mamá!
—respondía el cachorro con entusiasmo, golpeando suavemente el suelo con su cola y creando una pequeña chispa de fuego con el hocico.
Yo solo podía observar, entre sarcasmo y asombro: —Claro… ahora tenemos un hijo manticora que no solo habla, sino que empieza a controlar fuego y fuerza sobrehumana.
¿Qué podría salir mal?
Alice y Azreth reían, pero esta vez con genuino entusiasmo.
Ahyeli miraba a Lunito con orgullo, y yo solo podía asentir, pensando que nuestra extraña familia nunca dejaba de sorprenderme.
Familia y rutina La vida con Lunito se había convertido en una rutina tan absurda como feliz.
Por las mañanas entrenábamos, por las tardes recibíamos visitantes y por las noches Ahyeli enseñaba magia y palabras.
Lunito respondía con cariño a todos nosotros: “papá”, “mamá” y “hermano” eran ahora parte de nuestras conversaciones.
—A veces me pregunto si esto es vida o un espectáculo circense —murmuré, mientras Lunito devoraba un postre robado de la cocina—.
Pero… ¿saben qué?
No cambiaría nada.
Nuestra familia era rara, peligrosa y absolutamente maravillosa.
Y lo más importante: Lunito estaba listo para aprender a ser una verdadera manticora, y nosotros estábamos listos para enseñarle.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com