Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 47

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
  4. Capítulo 47 - 47 Capítulo 47 Grimorios juguetes y un hijo muy exigente
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

47: Capítulo 47: Grimorios, juguetes y un hijo muy exigente 47: Capítulo 47: Grimorios, juguetes y un hijo muy exigente Nunca pensé que pasear por la ciudad pudiera ser un deporte de riesgo, sobre todo cuando tu hijo es una manticora de dos meses, con un aguijón blindado y un entusiasmo inagotable.

Lunito saltaba de un lado a otro, olisqueando todo lo que encontraba, como si cada piedra, cada farol y cada sombrero fueran tesoros potenciales.

—Papá, mira eso, mira eso —gruñó, señalando con la cola un montón de carteles pegados en la pared—.

¡Brillante!

Suspiré, preparándome mentalmente para cualquier desastre que pudiera ocurrir en los próximos cinco segundos.

Pero Lunito solo corría hacia la entrada de una librería que, por su fachada polvorienta y olor a pergamino antiguo, parecía salida de una bodega de objetos antiguos.

—Hmm… ¿y si dejamos que mi hijo encuentre su propio destino?

—dije, aunque en realidad ya me había resignado a seguirlo.

Lunito empujó la puerta con el hocico, haciendo sonar una campanita que alertó al dueño.

Y ahí estaba: un hombre mayor, con lentes redondos y cejas que casi tocaban su frente.

Su sorpresa al ver a una manticora caminando sola en su tienda fue casi tan grande como la mía.

—¡E-eso… eso es una manticora!

—balbuceó—.

¡Y sabe… leer!

Lunito leía en voz alta las portadas de los libros y luego me miró, esperando que yo confirmara que sí, efectivamente, podía leer.

Yo asentí con un gesto dramático: —Sí, señor.

No solo sabe leer, también exige juguetes y postres.

Entre los estantes polvorientos, Lunito se detuvo frente a un libro de tapas negras con runas doradas brillantes.

Era un grimorio de magia elemental, claramente poderoso y muy antiguo.

Lunito lo olfateó, gruñendo con entusiasmo, y luego me miró como diciendo: “Papá… cómprame esto.

Es de vital importancia para mi educación.” —Bueno… ya que…

—dije, con esa resignación que ya era mi manera de respirar—.

No puedo discutir con un niño manticora que sabe leer.

El dueño de la librería parecía aún más sorprendido.

No todos los días entra un cachorro con tres filas de dientes, alas diminutas y un aguijón blindado en la cola, pidiendo un libro y entendiendo cada palabra.

—E-esto… —titubeó—.

Está bien, se los venderé, pero… —me miró con seriedad—.

Cuando domine algún hechizo, debe mostrármelo.

Quiero comprobar que mi grimorio no fue malgastado.

Lunito golpeó el libro con la pata, como diciendo “trato hecho”, y yo pagué el precio con una sonrisa.

—Perfecto, hijo… ahora eres dueño de un grimorio de magia elemental.

¿Qué podría salir mal?

—dije, mientras él levantaba el libro con el hocico y trotaba feliz por la tienda.

Después de la librería, Lunito no estaba satisfecho.

Su hocico olfateó peluches, juguetes, golosinas y un montón de cosas inútiles que, según él, eran indispensables para su desarrollo como manticora civilizada.

—Papá, esto… eso… ¡y también aquel sombrero!

—gruñó, señalando una montaña de juguetes.

Mi cartera gimió antes de que yo pudiera protestar, pero al final, terminé cargando bolsas llenas de peluches, espadas de juguete, pelotas mágicas y una cantidad preocupante de caramelos.

Lunito trotaba a mi lado, orgulloso, con el grimorio sujeto entre los dientes, relamiéndose los bigotes cada cinco segundos como si fuera el tesoro más valioso del mundo.

—Al menos este niño no es un ladrón profesional…

todavía —dije, mientras las bolsas amenazaban con caerme—.

Y si lo es… será un ladrón adorable.

De vuelta a la posada, Lunito corrió directamente hacia Alice, gruñendo y moviendo la cola frenéticamente.

El grimorio todavía estaba en su hocico, y su emoción era palpable.

—¡Mamá!

—dijo, y aunque sonara un poco entre gruñidos y gorjeos, todos entendimos perfectamente—.

¡Ayúdame a estudiar!

Alice rió y acarició la cabeza de Lunito.

—Claro, cariño.

Pero primero, vamos a abrir el grimorio con cuidado.

No queremos que un hechizo nos prenda fuego accidentalmente.

Lunito saltó a su regazo, sentado como un niño humano mientras movía las alas con impaciencia.

Yo, agotado y cargado con bolsas, lo miraba con una mezcla de orgullo, resignación y leve miedo.

—Perfecto… —susurré—.

Tenemos un cachorro manticora, un grimorio de magia elemental y un ejército de peluches.

¿Qué podría salir mal esta vez?

Alice abrió el libro y empezó a enseñarle las primeras palabras de los hechizos.

Lunito repetía cada palabra, intentando pronunciarlas correctamente, aunque algunas veces parecía que estaba cantando una canción.

—Papá… —dijo, mirando hacia mí con ojos brillantes—.

¡Mira esto!

Intentó lanzar una chispa pequeña desde el hocico, que impactó en uno de los peluches.

El muñeco salió volando, pero Lunito aplaudió feliz, convencido de que había hecho magia de verdad.

—Sí… eres un prodigio destructivo —dije con sarcasmo—.

Y un poco adorable, eso también.

Mientras observaba a Lunito estudiar y jugar, no pude evitar reflexionar sobre lo extraño que era todo.

Este pequeño cachorro de manticora, que según los libros debería devorar humanos, ahora estaba sentado sobre las piernas de Alice, aprendiendo magia y persiguiendo mariposas con entusiasmo.

—Quién diría… —murmuré—.

El hijo manticora del horror es un niño adorable obsesionado con libros, dulces y juguetes.

Alice rió y añadió: —No subestimes su poder, Víctor.

Puede que ahora sea adorable… pero algún día será imparable.

—Sí… —dije—.

Me muero de miedo… o de risa.

Lunito, por su parte, ya había olvidado mi comentario y estaba completamente concentrado en aprender el primer hechizo elemental, moviendo la cola y gruñendo de emoción cada vez que lo intentaba.

Cuando finalmente terminamos la sesión de estudio, Lunito estaba exhausto pero feliz.

El grimorio reposaba a su lado, y los peluches estaban esparcidos por todo el comedor de la posada.

Él se tumbó sobre una pila de almohadas, con la cabeza apoyada en Alice, murmurando palabras mágicas entre sueños.

Yo suspiré, dejando las bolsas en una esquina y mirando el caos adorable que habíamos creado: —Perfecto… —dije con una sonrisa—.

Tenemos un niño manticora que estudia magia, juega con peluches y podría destruir la posada en cualquier momento.

Qué peligrosamente bonito.

Alice me miró y sonrió: —Nada que no podamos manejar juntos.

Lunito murmuró en sueños mientras Ahyeli lo tomaba en brazos : —Mamá… papá… magia… Y yo supe, entre sarcasmo y ternura, que nuestra familia rara y caótica acababa de volverse aún más extraordinaria.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo