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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 48

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  4. Capítulo 48 - 48 Capítulo 48 Las dudas de un hombre
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48: Capítulo 48: Las dudas de un hombre 48: Capítulo 48: Las dudas de un hombre ¿Alguna vez has tenido esos días en los que, en lugar de estar preocupado por no morir desangrado, aplastado o convertido en una suerte de criatura extraña, te preocupa algo tan mundano como… tus sentimientos?

Pues bien, felicidades, bienvenido a mi mañana.

Caminaba solo por las calles de Ciudad Ilustre, con las manos en los bolsillos, pateando piedritas y preguntándome si acaso mi vida no podía ser un poco menos complicada.

Pero no, claro que no.

Cuando tienes una manticora como “hijo adoptivo”, una princesa demonio como compañera, un luzdrake que me roba la cama, y una fénix lunar que insiste en tratarme como si fuéramos una pareja casada… los problemas sentimentales aparecen como moscas en verano.

Y ahí estaba yo, dudando de mí mismo.

Algo que detesto.

Es más fácil apuntar con una espada que con el corazón.

Porque, vamos a ser honestos: Ahyeli… me confunde.

Ella es tierna, dulce, más humana de lo que debería ser alguien con alas y fuego escondidos bajo la piel.

Y aunque dice sin tapujos que me ama, yo siempre me repetía que eso era parte de su instinto protector como mi familiar.

Pero luego… luego recuerdo ese beso.

Sí, ese maldito beso robado en la última noche de la festividad del héroe.

Y ahí se me va al carajo cualquier excusa que pueda inventar.

El libro que me prestó el elfo fisicoculturista no ayuda.

Según él, muchos magos importantes de la historia fueron descendientes de uniones entre humanos y criaturas mágicas capaces de tomar forma humana.

O sea… ¿en serio es eso posible?

¿Me estás diciendo que los genios de antaño eran, en parte, híbridos nacidos de cosas como yo… y Ahyeli?

¡Perfecto!

Como si no hubieran sido suficientes los rumores de que tuve un hijo con una manticora.

Ahora, si alguen se entera sobre la identidad de Ahyeli, seguro que inventará que también estoy “mezclando genes” con un ave mística.

Si la gente ya piensa que soy raro, con esto paso a la categoría de “pervertido legendario”.

Pero la realidad es que Ahyeli no se comporta como un ave mística.

No me lanza plumas en llamas.

No va por ahí declarándose guardiana de mundos.

Ella sonríe, canta a veces mientras cocina cuando entrenamos, se ríe con Lunito, y me mira como si yo fuera… algo importante.

Como si realmente le importara.

Y eso me jode la cabeza.

Por un lado, disfruto de su compañía.

Por otro… ¿de verdad puedo verla como pareja?

¿Estoy empezando a sentir algo?…

Digo, si fuera humana completamente…

tal vez le daría una oportunidad…

Y luego está la otra cuestión: Ahyeli sacrificó su identidad por nosotros.

Esconde lo que realmente es, solo para quedarse a mi lado, para quedarse con Alice, con Lunito.

¿Cómo diablos no voy a dudar si le debo algo más que una sonrisa a esa chica?

Ella perdió a sus padres, a sus hermanos… claro que desarrolló un instinto maternal con ese huevo.

Pero, ¿y si todo eso la llevó a encariñarse conmigo de una forma más profunda?

Ya basta, necesito consejo.

Y no de Alice, que me tiraría una burla antes de escuchar.

No de Azreth, que seguro haría un chiste sobre “aprender a aparearse con aves exóticas”.

Ni mucho menos de Lunito, él no sabe de esas cosas, además en este momento probablemente está ocupado tratando de convencer a alguien de que le dé dulces.

Necesito alguien neutral.

Y ahí es cuando recordé a los clérigos de la Iglesia de la Iluminación.

Una religión rara, fundada por descendientes de algunos de esos magos híbridos.

Si alguien puede entender mi dilema… son ellos.

La iglesia estaba iluminada por vitrales que parecían más diseñados por un poeta con exceso de inspiración que por un artista, pero le daban un aire acogedor.

Me acerqué a un clérigo de túnica blanca, cara amable, ojos que parecían demasiado pacientes para ser reales.

—Disculpe —dije—, tengo una pregunta antes de soltarle toda la maraña que es mi vida personal: ¿los consejos que dan aquí son secretos?

¿Como las confesiones?

El hombre sonrió, como si acabara de escuchar la pregunta más normal del mundo.

—No te preocupes, hijo.

Aquí los consejos son personales.

Nadie más tiene por qué saberlos.

Suspiré, agradecido.

Porque lo último que quiero es que al día siguiente toda la ciudad supiera que estoy dudando si soy o no soy novio de un ave codiciada.

Así que le solté todo.

Mis dudas, mis inseguridades, la historia de Ahyeli, el beso, el libro del elfo.

Incluso mencioné a Lunito, aunque omití lo de que técnicamente lo registraron como hijo nuestro.

(Una cosa es ser sincero y otra muy distinta es arriesgarse a que el clérigo sufra un infarto por la risa).

Cuando terminé, él me miraba con calma, como quien escucha a un borracho en taberna pero decide no juzgar.

—Bien, muchacho.

Veo que en verdad estás en un dilema.

—Se acomodó las manos sobre las rodillas—.

Así que, una fénix lunar.

Muy raras de ver, ciertamente.

Y justo aquí, en esta ciudad.

Imagino que es esa muchachita alegre que iba por todos lados con un huevo bajo el brazo, ¿no?

—Sí, esa misma —respondí, rascándome la nuca.

El hombre asintió.

—La verdad, hijo, si crees que en verdad le debes algo a ella, si crees que merece lo mejor, entonces haz lo que tu corazón te diga.

El amor no se expresa de una sola forma.

Existe el amor de hermanos, de amigos, de padres… y también el amor de pareja.

Tu corazón te dirá cuál es el que debes expresar.

Y así, como si hubiera recitado una receta para curar resfriados, me dejó con la cabeza aún más llena de preguntas.

¿Pero saben qué?

Tenía razón.

Mi problema no era Ahyeli, ni el libro, ni los rumores.

Mi problema es que yo no sé lo que quiero.

—Gracias —dije, levantándome.

—De verdad.

—Que la luz te guíe, hijo —respondió él, sonriendo como si hubiera salvado otra alma.

Yo, por dentro, solo quería un café fuerte.

De vuelta a la posada, seguía rumiando sus palabras.

Tal vez, solo tal vez, si dormía un poco, despertaría con la respuesta que tanto me faltaba.

Aunque claro, con mi suerte, seguramente despertaría con Lunito saltándome encima, pidiéndome más dulces, Alice burlándose de mis ojeras y Ahyeli sonriendo como si supiera exactamente lo que me pasaba por la cabeza.

Y quizás… quizás ese sería el peor y el mejor despertar a la vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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