El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 52
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- Capítulo 52 - 52 Capítulo 52 La suerte está en tus manos
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52: Capítulo 52: La suerte está en tus manos 52: Capítulo 52: La suerte está en tus manos Nos habían enviado a escoltar a un comerciante un poco lejos de Ciudad Ilustre, el trayecto fué un poco largo, pero nos dió una muy buena propina, El hombre nos eligió por el hecho de poder jugar con Lunito en la carreta que había alquilado.
Llegamos a Ciudad Ilustre después de días de viaje y, como siempre, Lunito no dejaba de saltar por todos lados.
Ahyeli estaba feliz, con esa sonrisa que me derretía incluso cuando me sacaba de quicio, y Alice caminaba alerta, con la mirada de siempre: todo lo que veía parecía importante.
Ahyeli, con ojos suplicantes, se acercó y me dijo: —Víctor, por favor, cómprame una lectura de la suerte… quiero saber cómo nos irá en el amor.
Fruncí el ceño.
Ya sabía lo que eso significaba: otra estafa disfrazada.
—¿En serio?
—pregunté, arqueando una ceja—.
Esos vendedores solo quieren tu dinero.
Pero Azreth, que estaba jugando con Lunito, levantó la vista y dijo con una sonrisa pícara: —Puedo sentir algo de poder mágico en esos amuletos.
Suspiré resignado.
—Está bien, pero solo porque quiero demostrar que esto no sirve para nada.
En medio de la plaza, sobre una modesta mesita, había una mujer elegante y segura de sí misma.
Se presentó: —Ariane Duskveil, de los Duskveil de las tierras del este de Xalvok.
Alice frunció el ceño y Ahyeli se tensó un poco al oír Xalvok.
Ariane notó nuestra reacción y aclaró con una sonrisa juguetona: —No se preocupen, mi familia dejó el país hace más de 200 años.
Ya no hay peligro.
Ahyeli, entusiasmada, puso su mano sobre la mesa y Ariane comenzó a examinarla.
Su voz era suave, seductora, y sus dedos apenas rozaban la piel de Ahyeli mientras decía: —Veo que tu corazón está lleno de devoción… alguien que te protege y te hace sonreír incluso en los momentos difíciles.
Y el amor… llegará de formas inesperadas, con alguien valiente y de espíritu noble.
Ahyeli sonrió y me lanzó una mirada traviesa, claramente disfrutando de esas palabras.
Entonces me tocó a mí.
Me extendí la mano, sintiendo cómo su toque era curioso, casi provocador.
Ariane me estudió unos segundos, y luego soltó: —Tu vida estará llena de mujeres hermosas y grandes oportunidades.
Riquezas y alegrías… y algo me dice que también tendrás que cuidar mucho a alguien muy especial.
Mi cara debió ser un poema, porque ella no perdió la oportunidad de burlarse: —¿No quieres tenerme entre tus mujeres?
—dijo con esa voz que parecía burlarse de mí sin esfuerzo.
Ahyeli frunció el ceño, obviamente molesta, preguntando de inmediato.
—¿Y cuantos hijos vamos a tener?
Yo intenté interrumpir: —No planeo tener hijos —añadí rápidamente—.
Mejor vámonos.
Esto de la suerte es una estafa.
Ariane no se quedó callada; sacó un pequeño amuleto y se lo dio a Ahyeli: —Úsalo cuando estés en peligro —dijo—.
Aunque solo sirva una vez, te será de utilidad.
Manténlo en secreto.
Ahyeli nos alcanzó y me tomó del brazo mientras nos alejábamos.
Lunito, curioso, me daba pequeños empujones con la cabeza, como diciendo: “¿Ya tengo hambre y quiero dormir?” Alice nos seguía, sonriendo por la escena, y Ariane se quedó observándonos, murmurando casi para sí misma: —Qué trío tan gracioso… sobre todo esa fénix que se oculta entre los humanos.
Algo me decía que esa mujer iba a ser un dolor de cabeza… y al mismo tiempo, alguien a quien no olvidaríamos pronto.
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