El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 64
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- Capítulo 64 - 64 Capítulo 64 Rumbo al Reino Demoniaco
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64: Capítulo 64: Rumbo al Reino Demoniaco 64: Capítulo 64: Rumbo al Reino Demoniaco Salimos de Drakna después de casi dos semanas que parecieron una mezcla entre vacaciones baratas y entrenamiento de supervivencia con instructores que no saben de descansos.
En pocas palabras, tuve que trabajar.
Entre Alice que quería “recolectar información” (que se traducía en pasearse por la plaza), Ahyeli insistiendo en que necesitábamos “comprar provisiones nutritivas” (que básicamente eran panes con semillas raras que saben a cartón saludable), y Azreth renegando porque nunca encontraba una cama que tuviera almohadas “con dignidad”… sí, fue toda una experiencia.
Yo me limité a sobrevivir vendiendo mis servicios de cerrajero y algunos consejos como “cómo abrir candados sin romperse la uña” y “cómo perder a un perseguidor” (ese último se lo ofrecí a las mujeres dep pueblo a precio con descuento).
La gente del pueblo, sorprendentemente, me pagó por eso.
Supongo que la educación es escasa en Drakna.
Con todo, logramos reunir bastante dinero, lo suficiente como para llenar nuestras mochilas con provisiones y, para variar, no tener que cenar raíces asadas.
Pero lo divertido vino cuando tocó decidir cómo viajaríamos.
Mi brillante propuesta fue (aclaro, fue una broma): —Podemos pedirle a Lunito que nos lleve volando hasta la frontera, total, ¿qué tan difícil puede ser?
La respuesta fue una carcajada general.—¡Soy un cachorro, papá, no un wyvern de carga!
—rugió Lunito con esa vocecita que suena como si un gato y un niño se hubieran fusionado.
Aparte, Céfira nos había advertido que dicen los rumores que la frontera estaba plagada de tropas de la Orden de los Lamentos y de los soldados de Xalvok, algo que ya sabíamos por avisos de la familia de Alice.
En resumen: si volábamos, seríamos la diana más evidente en el cielo.
Como si lleváramos un letrero que dijera “Aquí estamos, queridos enemigos, traigan catapultas”.
Así que la conclusión fue clara: a pie.
Sí, a pie.
Como campesinos en romería.
Como aventureros de segunda.
Como pobres… bueno, eso sí lo somos, pero con orgullo.
El primer paso fuera del pueblo me hizo pensar en lo cómodo que había sido dormir en cama esos días.
El segundo me recordó que, por muy noble que sea Alice, también iba a tener que ensuciarse las manos.
Y el tercero me dio esperanza: al fin íbamos a empezar la verdadera aventura, más allá de misiones de pueblo y ladrones de tercera.
Por cierto estaré medio reformado, pero, ¿habrá algo que pueda robar esta vez?
digo, necesitamos pagar los gastos que se generen en el viaje y como lider del grupo me corresponde hacerme cargo de ellos, aunque Alice es quien lleva las cuentas y Ahyeli…
ella solo me abraza.
—Bueno —dije, ajustando la mochila que pesaba como si cargara piedras, aunque eran más que nada panes, quesos y carne seca, —si nos emboscan, al menos vamos bien alimentados.
Eso debe contar como ventaja.
Lunito y Azreth trotaban a nuestro lado, con las alas plegadas y la cola dando coletazos como si estuvieran felices por la caminata.
—¡Al fin salimos de ese pueblo aburrido!
—exclamó Azreth con entusiasmo.
—Sí, claro.
Porque caminar kilómetros bajo el sol suena fascinante —contesté con sarcasmo.
Alice me lanzó una mirada de esas que significan “me aguanto porque no queda de otra”.
Azreth se carcajeó y Ahyeli, como siempre, trató de suavizarlo todo: —Es una oportunidad para crecer juntos como grupo.
Lo dijo tan seria que no pude evitar pensar en lo comprometida que estaba en esto.
Aun así, no voy a mentir.
Había algo dentro de mí que se sentía emocionado.
Por primera vez en mucho tiempo, no estaba robando para sobrevivir ni huyendo de algún guardia malhumorado.
Estaba caminando hacia lo desconocido con un grupo que, de alguna forma, se había convertido en mi equipo.
En mi familia.
¡Bah!
no exageremos.
Son insoportables a ratos.
Pero también son lo único que tengo.
Mientras el sol se ponía a nuestras espaldas y el camino se extendía hacia un horizonte lleno de peligros que seguramente no estaban en ninguna guía turística, no pude evitar sonreír.
La aventura nos esperaba.
Y esta vez, quería creer, saldría mejor que mis “aventuras” anteriores, esas en las que acababa en una celda o corriendo sin zapatos.
Aunque… conociéndonos, lo más probable era que termináramos peor.
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