El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 68
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- Capítulo 68 - 68 Capítulo 68 El puente de las sombras Parte 3
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68: Capítulo 68: El puente de las sombras Parte 3.
Azreth 68: Capítulo 68: El puente de las sombras Parte 3.
Azreth Cuando cruzamos el puente, sentí que el aire se volvió pesado otra vez.
Ya había visto mi mayor miedo reflejado en el abismo, y aún me dolía en el pecho… pero esta vez no era yo quien debía enfrentarse a su sombra.
Vi cómo Azreth se detuvo a mitad de las tablas, sus alas plegadas contra su espalda, su mirada fija en la bruma del otro extremo.
El puente crujía con cada movimiento, pero no era eso lo que lo detenía.
Algo más lo tenía atrapado.
Yo lo vi primero: una figura surgió de la neblina.
No era un monstruo, no era un enemigo con armas.
Era… él mismo.Otro Azreth, más grande, con las escamas más oscuras, los ojos encendidos como carbones al rojo vivo.
—No… —susurró Azreth, apenas audible.
El “otro” Azreth rugió, y el eco fue tan fuerte que juraría que el puente tembló bajo nuestros pies.
El fuego brotó de su boca como un río vivo, devorando la neblina, quemando el aire mismo.
El verdadero Azreth retrocedió, con los puños temblando.
Nunca lo había visto así.
Siempre parecía tan seguro, tan orgulloso de ser un Luzdrake… pero en ese instante estaba paralizado.
—Ese no soy yo… ¡No quiero ser eso!
Corrí hacia él, pero la ilusión se interpuso, bloqueando el paso con llamas que casi parecían reales.
El calor me golpeó el rostro, y tuve que cubrirme.
Maldita sea, hasta yo lo sentía como fuego de verdad.
—¡Azreth!
—grité desde el otro lado de las llamas—.
¡No es real!
¡No puedes dejar que te controle!
Pero él no respondía.
Seguía mirando a su reflejo, a esa versión de sí mismo convertida en una bestia desatada, sin razón ni control.
Entonces lo entendí: ese era su mayor miedo.
No morir, no perder… sino perderse a sí mismo.
Convertirse en un monstruo que ni siquiera sus amigos podrían reconocer.
El falso Azreth avanzó, las garras encendidas, y lo escuché murmurar con una voz distorsionada: —Tarde o temprano arderás… y quemarás a todos los que amas.
Vi cómo Azreth apretó los dientes, sus ojos llenándose de un brillo que nunca le había visto.
No de miedo… sino de decisión.
—¡No!
—rugió él—.
¡Yo decido qué hacer con mi fuego!
¡El poder de un Luzdrake no es para destruir, es para proteger!
Y en ese grito liberó su magia.
Sus alas se desplegaron, y un resplandor dorado brotó de su pecho, envolviendo todo el puente.
El fuego de la ilusión fue tragado por esa luz, y el falso Azreth se disolvió como cenizas llevadas por el viento.
Cuando el resplandor se apagó, Azreth estaba arrodillado en el suelo, jadeando.
Corrí hacia él y le dí mi mano.
—¿Estás bien?
Me miró, con una sonrisa cansada.
—Sí… supongo que todos tenemos monstruos adentro, ¿no?
Yo asentí, aunque por dentro sentí un nudo en el estómago.
Sí… y yo acababa de ver el mío.
Seguimos cruzando el puente.
Esta vez, sin mirar atrás
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