El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 8
- Inicio
- Todas las novelas
- El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
- Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 Combate Familiar o cómo recibir una paliza de tu propia mascota
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: Capítulo 8: Combate Familiar (o cómo recibir una paliza de tu propia mascota) 8: Capítulo 8: Combate Familiar (o cómo recibir una paliza de tu propia mascota) Después del desayuno (pan duro, sopa mágica y una bebida que probablemente no era veneno), Alice anunció con ese tono de “¡vamos a morir pero sonriendo” que tanto miedo me da: —¡Es hora del combate real entre familiares!
—dijo, mientras Azreth flotaba detrás de ella, lanzando chispas como si fuera una estrella fugaz con complejo de show pirotécnico.
—¿Combate?
¿Como… pelear?
—pregunté, aún con miga de pan en la boca.
—Exactamente —respondió, ya posicionándose en el campo improvisado—.
Tú y Ahyeli contra mí y Azreth.
Sin hechizos letales, sin invocar lluvia de meteoritos y sin explotar cosas innecesarias.
Lo básico.
—¿Y qué sería “innecesario”?
—pregunté con genuina preocupación.
—Como explotar una cabra, por ejemplo —respondió Alice con total naturalidad.
—¿Eso ya ha pasado?
¿Una cabra?
—No hablemos de eso.
Nos preparamos.
Ahyeli estaba flotando a mi lado, brillante, serena… y absolutamente sin instinto agresivo.
—Amo… ¿no podríamos simplemente hablar las cosas?
—Es un simulacro de combate, no una reunión de paz diplomática, Ahyeli.
—Bueno, pero si alguien se siente mal, propongo que tomemos un recreo con té.
Alice, por supuesto, ya había lanzado el primer hechizo antes de que pudiera convocar una taza.
—¡Azreth, Ataque Cometa!
Azreth se lanzó como una bala estelar hacia nosotros.
Ahyeli chilló y salió volando en círculos.
—¡¡AHYELI, CONTRAATACA!!
—grité, esquivando una roca lanzada por Alice (sí, también usaba piedras como armas.
Muy madura).
—¡Amo, no estoy lista!
¡Mi agresividad no se ha desarrollado emocionalmente!
—¡MÉTELE UN ALAZO, POR EL AMOR DEL MANUAL DE MAGIA!
Finalmente, Ahyeli lanzó un destello cegador que confundió a Azreth por medio segundo.
Yo aproveché para correr hacia Alice… y tropecé con una raíz.
—¡Ataque terrestre efectivo!
—gritó Alice entre risas.
Me levanté, digno pero lleno de lodo.
Azreth volvió al aire, y esta vez lanzó una llamarada controlada.
Ahyeli la bloqueó con un escudo de luz que parecía sacado de una postal celestial.
Lo admito, por un momento me sentí orgulloso.
¡Mi familiar estaba combatiendo!
¡Sin huir!
Claro que luego se detuvo para disculparse con Azreth por defenderse.
—Mis más sinceras disculpas por el rayo de luz, noble criatura.
No fue nada personal.
—¡Es un duelo, no una cena de gala!
—grité.
La batalla continuó así por varios minutos: hechizos no tan letales, patadas mal coordinadas, una rama que terminé usando como espada (y que se rompió al primer contacto), y muchos gritos.
Muchos.
Finalmente, Azreth quedó atrapado en un campo de luz creado por Ahyeli, y Alice levantó la mano con una sonrisa de rendición.
—Vaya… no lo hiciste tan mal, Víctor.
Me sorprendes.
—Gracias.
Estoy igual de sorprendido de seguir vivo.
—Tu fénix es especial, lo sabes, ¿no?
Miré a Ahyeli, que en ese momento intentaba curarme las magulladuras con una suave caricia de ala.
Tenía plumas de leyenda, voz dulce y cero instinto asesino.
Pero bueno, nadie es perfecto.
—Lo sé —respondí—.
No cambiaría a esta bola de luz por nada del mundo.
—¿Ni por una espada mágica, legendaria y maldita?
—…Bueno, depende del nivel de maldición.
Y así terminó nuestra sesión de combate.
Exhaustos, magullados, pero orgullosos.
No todos los días logras bloquear un ataque de un Luzdrake con un ave pacifista que da abrazos terapéuticos.
Mientras caía el sol, nos recostamos en el pasto, mirando el cielo.
Alice se quedó dormida en tres minutos.
Azreth se puso a lamerle el cabello por diversión (o venganza).
Ahyeli me cantaba bajito algo que parecía una canción de cuna del Reino Celestial.
Y por primera vez en días, me sentí parte de algo más grande.
Una pequeña familia mágica.
Rara, ruidosa y con tendencia a quemar cosas, sí… pero mía.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com