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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 80

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  4. Capítulo 80 - 80 Capítulo 80 La audiencia
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80: Capítulo 80: La audiencia 80: Capítulo 80: La audiencia Ahyeli estaba hecha un mar de lágrimas en mis brazos.

Había intentado escapar transformándose en fénix, pero los barrotes tenían un maldito hechizo que la lastimó en cuanto los tocó.

Yo solo podía abrazarla y contener la rabia.

No solo nos habían quitado todo lo que traíamos encima, sino que encima de todo el show, el arresto ya estaba planeado desde que Alice habló con su padre en casa de la abuela.

¿Qué clase de genio maquiavélico arma una trampa para su propia hija?

Ah, sí, un rey demonio.

No dormí nada en toda la noche.

Tenía la cabeza llena de preguntas: ¿qué le estarían haciendo a Lunito?

¿Dónde estaría Alice?

¿Qué tan difícil sería romper un muro de piedra con la frente?

(spoiler: lo intenté, no funcionó).

A la mañana siguiente, un guardia vino a buscarnos.

“El rey les concederá una audiencia”, dijo como si nos estuviera invitando a un té con galletas.

Pues qué honor.

Nos escoltaron hasta la sala y ahí estaba el cuadro completo: a la derecha la reina con cara de “te mato si respiro más fuerte”, a la izquierda Alice con la misma cara que su madre, y al centro, el mismísimo rey demonio con un ojo morado.

¡Un ojo morado!

Ni idea de qué pasó, pero si apuesto, seguro la reina le estampó un florero en la cara.

Nos íbamos a inclinar, pero el rey levantó la mano.

—No es necesario.

Tomen asiento.

Y como si esto fuera un banquete, ordenó que nos trajeran comida.

Yo no sabía si comer o estar listo para la ejecución, pero el estómago mandó.

—De manera que tú eres el ladrón que se llevó a mi hija —dijo, mirándome de arriba abajo.

— Y además burlaste la seguridad de mi otro castillo.

Me sorprendes.

Yo pensé responder con algo elegante como “no fue tan difícil”, pero preferí callarme porque ese ojo morado me dio esperanzas: si hasta su esposa lo podía dejar así, tal vez yo tenía una oportunidad.

El rey suspiró, se veía incómodo.

—Perdóname por el malentendido.

Mi hija ya me contó todo lo ocurrido.

Y ahí fue cuando escuché lo mejor: al parecer, la reina le había dado el visto bueno para que fuera amigo y protector de Alice.

¡Yo, el ladrón de pacotila convertido en niñera oficial!

El mundo es raro.

Entonces entraron con Lunito… en un carrito de pasteles.

Sí, escuchaste bien.

¿Una manticora bebé en un carrito lleno de pasteles?

¿Quién fue el genio detrás de esa idea?

Y lo peor es que los que lo llevaban dijeron que los guardias que lo resguardaban cuando se lo llevaron se habían vuelto locos y se suicidaron.

Otro misterio misterioso para mi lista interminable.

—¡Mamá, papá, me dieron pastel!

—gritó Lunito en cuanto nos vio, corriendo como loco.

De repente saltó directo a las piernas de la reina: —¡Hola abuela!

Y la reina, con una sonrisa tierna, le respondió: —Qué grande estás, pensar que hace poco te cargué cuando solo eras un huevo.

Yo ya ni me sorprendí.

¿Abuela?

Perfecto, Lunito acaba de ganarse oficialmente la herencia del trono demoníaco y yo sigo sin saber dónde demonios está mi cartera.

El rey notó las heridas de Ahyeli y mandó traer a un sanador de inmediato.

Yo iba a agradecerle, pero Lunito se le quedó mirando con cara de pocos amigos.

Cuando el rey intentó acariciarlo, Lunito le gruñó y se refugió en los brazos de Alice.

Y entonces vino la declaración épica de Alice: —Como te dije, padre, Víctor prometió traerme de regreso y cumplió con su palabra.

Vine aquí solo para ver cómo estabas y recoger algunas cosas.

Pero ya lo decidí: no voy a gobernar este reino.

Quiero ser aventurera, como mamá.

Quiero conocer el mundo, hacer amigos, no estar encerrada aquí.

El salón entero quedó en silencio.

Y luego el rey, con esa calma peligrosa que solo tienen los padres que planean arruinarte el día, soltó: —Está bien.

Te dejaré que seas aventurera, pero con una condición.

Solo si ese chico me derrota.

Yo, por supuesto, elegí el peor momento para atragantarme con la comida.

Ahyeli celebraba como si hubiéramos ganado la lotería, sin entender que yo estaba a un paso de enfrentarme al demonio más poderoso del mundo.

Fantástico.

Simplemente fantástico.

—¡Bueno!

¿¡Me van a dejar hablar!?

—grité, golpeando la mesa con tanta rabia que hasta la copa de vino vibró.

Todos me miraron como si hubiera dicho una blasfemia, pero ya estaba harto.

—Yo solo traje a Alice porque se lo prometí, ¿ok?

No vine a pelear ni nada de eso.

Me golpearon, me encerraron, casi matan a Ahyeli, ¡yo solo quería pasar un buen rato, conocer este país!

Ni siquiera puedo pelear sin salir corriendo como gallina, ¡y ahora me dicen que debo derrotar al rey demonio!

¿Saben qué?

¡Ya no quiero saber nada de este país, quiero irme a mi casa!

La sala quedó en silencio.

Mi berrinche resonó entre los muros como eco de niño chiquito.

Ahyeli me abrazó con fuerza, como si fuera un polluelo al que acababan de regañar.

La reina, por su parte, miró al rey con cara de “¿ves lo que haces?

Ya lo asustaste”.

Si hubiera podido, lo habría mandado a dormir poniéndole el otro ojo morado.

El rey carraspeó, serio como si lo que dijo fuera lo más natural del mundo: —Está bien.

Tienes una semana para prepararte.

Yo casi me caigo de la silla.

¿Una semana?

¡Ni para hornear pan me dan tan poco tiempo!

La reina se levantó, calmada, pero con ese aire de “yo mando aquí”.

—No te preocupes, Víctor.

Te pondré bajo el cargo de alguien que te entrene.

Y justo volteó a ver al mayordomo y al ama de llaves.

Dos figuras que, hasta ese momento, parecían solo parte del decorado.

Pero no.

Ellos intercambiaron miradas firmes, decididas, como si estuvieran esperando toda su vida para que yo metiera la pata.

Alice, desde su asiento, me animaba levantando los pulgares con una sonrisa que decía: ¡tú puedes!

Ahyeli me apretaba más fuerte, sus ojos aún húmedos, pero llenos de fe en mí.

¿Y yo?

Yo solo veía el techo, intentando calcular en qué maldito momento de mi vida terminé aceptando todo esto.

“Yo solo quería dejar de ser pobre…” me lamenté en silencio.

Y así, sin darme cuenta, estaba a punto de embarcarme en la mayor aventura de mi vida… en el reino demoníaco.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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