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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 88

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  4. Capítulo 88 - 88 Capítulo 88 ¿Y mi descanso para cuándo
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88: Capítulo 88: ¿Y mi descanso para cuándo?

88: Capítulo 88: ¿Y mi descanso para cuándo?

Despertar en una enfermería después de ser lanzado como muñeco de trapo por el rey demonio y quedar inconsciente después de haber ganado la pelea… no está en mi top 10 de experiencias placenteras.

Ni siquiera en el top 100.

Todo me dolía, los brazos, las piernas, la dignidad… especialmente la dignidad.

A mi alrededor, la escena era casi entrañable; Lunito roncaba en una camita improvisada, con vendas en las patitas y una expresión de “yo gané” pintada en la cara.

Goldie reposaba dentro de una burbuja mágica que soltaba pequeños destellos eléctricos al ritmo de su respiración.

Y Ahyeli… bueno, Ahyeli estaba en forma humana, dormida sentada en una silla, con sus vendados brazos cruzados, seguramente esperando a que despertaramos.

Y yo… yo estaba envuelto en tantas vendas que si alguien me veía de lejos pensaría que era una momia con peinado moderno.

La puerta se abrió de golpe.

—¡¡VÍCTOR!!

—Alice entró casi saltando, con una sonrisa que podía competir con la luz del sol.

—Baja la voz… algunos estamos considerando seriamente la idea de fingir que ya morimos —murmuré.

Alice me ignoró por completo y se lanzó a abrazarme con tanta fuerza que sentí cómo mi columna amenazaba con organizar una huelga.

—¡Lo lograste!

—dijo feliz —Papá cumplió su promesa.

¡Voy a poder seguir siendo aventurera!

No sé si fue la emoción o las vendas que me apretaban el pecho, pero no tenía aire para responder.

Aun así, la vi reír, genuinamente libre.

Y, por un momento, todo el dolor valió la pena.

Poco después, el mismísimo rey demonio entró en la enfermería.

Y sí, seguía imponente, aunque ya sin la vibra de“voy a destruirte”.

A su lado, la madre de Alice, elegante y firme como siempre.

—Humano —dijo el rey mirándome con esos ojos que ya no me intimidaban tanto (solo un 85 % aproximadamente) —Has hecho algo que pocos logran: convencerme sin vencerme.

—Eh… un placer…

supongo…

—respondí incómodo.

Él asintió.

—Recibí un mensaje de emergencia.

Hay problemas en las Tierras del Oeste.

Debo partir de inmediato.

Miró a Alice con ternura (sí, ternura… nunca pensé usar esa palabra para describir al rey demonio).

—Cuida de tus amigos, hija.

—Sí, papá —respondió ella emocionada.

Su madre se despidió con un abrazo fuerte, y ambos desaparecieron en un círculo mágico digno de una súperproducción de fantasía.

Y entonces… por primera vez en mucho tiempo… el castillo quedó tranquilo.

Dos horas más tarde, ya nos habían dado el alta médica.

O bueno… lo más cercano a “alta” que se puede dar cuando uno apenas puede levantar la espada sin temblar.

—¿Listos para volver a Ciudad Ilustre?

—pregunté, intentando sonar heroico mientras Lunito subía a mis hombros con sus patitas vendadas y Goldie flotaba perezosamente a mi alrededor.

—Más que lista —respondió Alice.

—Genial, viajes relajados sin reyes demonio ni luchas épicas… al fin algo de paz —suspiré.

Grave error.

Muy grave.

No habíamos cruzado ni la primera frontera con la ciudad vecina cuando el cielo se partió en dos.

Un haz de energía verde descendió en picada, golpeando el suelo frente a nosotros y levantando una nube de polvo tan grande que me cayó arena hasta en los calcetines.

—¿¡Qué demonios fue eso!?

—grité, sacando mi espada a medias (porque me dolía levantarla completa).

Y entonces… llovieron piedras.

No piedritas, no.

Rocas del tamaño de vacas gordas comenzaron a caer del cielo, acompañadas de nuevos disparos de energía que explotaban a nuestro alrededor.

—¡¿Nos están atacando?!

—chilló Lunito, poniendose en guardia.

—¡No es una práctica militar, ¿verdad?!

—añadió Goldie nerviosa, soltando chispas.

Alice desenvainó su espada y Ahyeli, que volaba a nuestro alrededor, adoptó su forma humana en un destello de luz.

Yo… yo hice lo que cualquier héroe como yo haría en esa situación: Me preparé para correr y pelear al mismo tiempo.

—No veo a nadie… —murmuró Alice entre dientes—¡Pero nos están rodeando!

Los árboles crujieron, el cielo rugió, la tierra tembló.

Quienquiera que fuera… no estaba jugando.

Y justo cuando alcé la vista para buscar al atacante, un último rayo descendió frente a nosotros, tan potente que abrió un cráter en medio del camino.

Y entonces lo comprendí.

Nuestra historia aún no había terminado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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