El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 89
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- Capítulo 89 - 89 Capítulo 89 La verdad del pasado
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89: Capítulo 89: La verdad del pasado 89: Capítulo 89: La verdad del pasado La nube de polvo se disipó lentamente, como si el aire mismo estuviera conteniendo la respiración para ver lo que iba a pasar.
Y ahí, de pie en medio del cráter humeante, estaba alguien que jamás pensé volver a ver.
Alguien que, sinceramente, preferiría seguir sin ver.
—… ¿Es en serio?
—murmuré incrédulo—.
¿Justo ahora?
Era Nérick.
El ex novio de Alice.
El que creíamos muerto.
Y no, no era una versión romántica de “ex” que aparece arrepentido con flores.
Otra vez.
Este parecía más bien salido de una pesadilla steampunk de bajo presupuesto.
Su rostro estaba cubierto de cicatrices que parecían contar una historia de odio.
Sus piernas… bueno, ya no eran piernas.
En su lugar tenía un par de prótesis mecánicas que chirriaban con cada movimiento, como si se quejaran de cargar tanto rencor encima.
Y su brazo derecho… había sido reemplazado por uno bestial, cubierto de pelaje oscuro y con garras que daban ganas de salir corriendo y mudarse a otro continente.
—¡¡ALICE!!
—rugió con un odio tan intenso que hasta los pájaros decidieron huir —¡¡Mira lo que me hiciste!!
¡Vine aquí por venganza!
Bueno, alguien necesita terapia.
Urgente.
Alice retrocedió un paso, sorprendida.
Y yo también lo estaría si mi ex apareciera con partes nuevas y ganas de asesinar a medio mundo.
Pero no vino solo.
Detrás de él, saliendo de entre los árboles, comenzaron a aparecer demonios armados, con tatuajes oscuros y miradas asesinas.
—Son Retractores… Demonios que se oponen al rey, y esos símbolos… —dijo Alice, apretando la empuñadura de su espada—.
¡Son de la Orden de los Lamentos!
Genial.
Una ex pareja rencorosa y una secta terrorista.
Mi día mejora por segundos.
En cuestión de segundos nos rodearon.
Rayos de energía, explosiones, gritos y caos.
No hubo advertencia, el ataque empezó de nuevo.
—¡Víctor, cuida tu espalda!
—gritó Ahyeli, desviando con un giro elegante un rayo que iba directo a mí.
—¡¿Qué parte de “estoy de vacaciones” no entendieron estos tipos?!
—respondí mientras blandía mi espada.
Lunito saltó como un proyectil viviente, y Goldie empezó a lanzar descargas luminosas que cegaban a los enemigos.
Ahyeli, se movía entre los demonios como una tormenta: rápida, elegante y absolutamente letal (para alguien pacifista como ella).
Yo, por mi parte… bueno, hacía lo posible por no morir.
Y, sorprendentemente, funcionaba.
Mientras tanto, Alice había quedado frente a frente con Nérick.
Era como ver el pasado y el presente colisionar en medio de la tormenta.
—Siempre fuiste débil —escupió Nérick, dando un paso al frente, con sus prótesis golpeando el suelo con un clang amenazante —Yo fingí interés en ti porque eras la llave al trono.
¡Siempre lo fuiste!
Su sonrisa torcida era escalofriante.
—Mi objetivo… —levantó su brazo monstruoso —…es acabar con tu familia y reclamar el trono que merezco.
Alice tembló.
Pero no de miedo… de furia.
—¡Tú… miserable…!
—rugió ella, cargando contra él con su espada.
El choque fue brutal.
Nérick había cambiado: más fuerte, más rápido, más despiadado.
Alice esquivaba con precisión, pero cada golpe que él daba hacía temblar el suelo.
Nosotros terminamos nuestro combate tras una intensa pelea.
Lunito había noqueado a dos demonios mordiendo zonas delicadas (efectivo, aunque poco elegante), Goldie derribó a tres con descargas en cadena, y Ahyeli limpió el resto como si fueran muñecos de práctica.
—¡Goldie!
—grité —¡Ve con el rey!
¡Dile que estamos siendo atacados!
Goldie asintió, se convirtió en un relámpago y salió disparado hacia el horizonte.
En la distancia, el rey y la reina viajaban en su carroza junto a Boris y Lana cuando Goldie llegó como un rayo brillante.
Lana no esperó instrucciones: saltó de la carroza, montó sobre su gigantesca serpiente de jungla y con Goldie en el hombro salió disparada hacia nosotros como una flecha letal.
La caballería venía en camino.
El problema era… si llegaría a tiempo.
Volví mi mirada a Alice y lo que vi me heló la sangre: Nérick la estaba aplastando.
Su fuerza era abrumadora, sus ataques, despiadados.
Cada golpe la hacía retroceder un poco más, y su respiración comenzaba a volverse errática.
Su espada temblaba bajo el peso de los embates.
Y en sus ojos… vi algo que jamás había visto en ella: duda.
Por primera vez, Alice no estaba segura de poder ganar.
Su mirada se perdió un instante en nosotros… en mí, en Ahyeli, en Lunito… Y lo entendí.
Esa mirada decía: “Si yo caigo aquí, ustedes serán los siguientes.” Un escalofrío me recorrió la espalda.
El aire se llenó de esa tensión silenciosa, de esa que precede a las tragedias.
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