El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 Donde las palabras mueren y otras comienzan a nacer
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9: Capítulo 9: Donde las palabras mueren y otras comienzan a nacer.
Parte 1.
9: Capítulo 9: Donde las palabras mueren y otras comienzan a nacer.
Parte 1.
La paz nunca dura.
Especialmente cuando viajas con la hija del Rey Demonio, un fénix emocional y un dragón zorro con complejo de estrella pop.
Nos encontrábamos descansando en la posada de la ciudad.
Por primera vez en semanas, todo parecía…
tranquilo.
Lo cual era, obviamente, una trampa cósmica del universo.
—¿Sabes qué es lo peor de la tranquilidad?
—dije mientras masticaba algo que tal vez era pan o tal vez una piedra vieja.
—Que te obliga a pensar —respondió Alice, revolviendo su bebida con una cuchara amenazante.
—No, que se rompe cuando menos te lo esperas.
Y justo entonces, la puerta de la posada se abrió de golpe como si el viento mismo tuviera algo urgente que decir.
Entró un mensajero.
Tembloroso, con el uniforme arrugado y una expresión de “he visto cosas”.
—¿Víctor y Alice?
¿Ustedes son los aventureros que…
quemaron sin querer a la gente de medio pueblo hace unas semanas?
—¡Eso fue un malentendido!
—grité indignado—.
Y técnicamente fue un accidente mágico controlado con daños colaterales…
menores.
—¿Cuántas vacas ardieron?
—preguntó Alice sin levantar la mirada.
—Tres.
Y una fuente.
—Ah.
Entonces sí somos nosotros.
El mensajero nos entregó un pergamino sellado con el emblema del Gremio de Aventureros.
Una nueva misión.
Urgente.
Nivel principiante-plus (que es como decir “te vas a meter en problemas, pero no tanto como para morir”).
Destino: la aldea de Lynthe, donde misteriosamente todos los libros, registros y notas habían comenzado a desaparecer.
Nadie recordaba nada.
Ni siquiera los nombres de sus hijos.
Ni siquiera…
la receta de las galletas legendarias de la abuela Gertrudis.
—¡Eso ya es personal!
—grité.
—¿Conocías a la abuela Gertrudis?
—preguntó Alice.
—No, pero odio perder galletas por causas mágicas.
Empacamos lo necesario.
Ahyeli flotaba a nuestro alrededor cargando provisiones como una asistente alada con complejo de mamá.
Azreth se quejaba de tener que cargar una bolsa (que claramente le quedaba bien), y Alice había decidido que hoy llevaría su capa dramática “por si había que parecer importante”.
El viaje a Lynthe fue tranquilo…
lo cual, claro, era sospechoso.
Cuando llegamos, el pueblo parecía normal, salvo por un detalle: Todos estaban escribiendo, en el suelo, en las paredes, en sus propios brazos.
Palabras, palabras sin sentido, fragmentos de frases, idiomas desconocidos.
Los niños jugaban con tiza, dibujando símbolos que ardían levemente al tocarlos.
—Esto no es normal —dije, justo antes de pisar accidentalmente una runa que me lanzó de espaldas contra un burro.
El burro, por cierto, no se inmutó.
Claramente, ya estaba acostumbrado a gente voladora.
Alice se arrodilló junto a un círculo de escritura y murmuró algo que me puso los pelos de punta: —Esto…
es magia viva.
Palabras que no deberían existir fuera de los libros prohibidos.
Algo o alguien las está alimentando.
—¿Alimentando?
¿Como mascotas?
—Como parásitos.
Devoran la memoria, la historia… y las recetas.
—Ahora sí sonaba preocupada.
Investigamos el pueblo durante horas, sin descanso.
Y fue en la biblioteca donde lo encontramos: una figura encapuchada, de pie frente a un atril antiguo, murmurando frases en un idioma que sonaba como un poema leído al revés.
Junto a él… Umbra.
Una sombra con forma humanoide, sin rostro, pero con ojos que ardían como tinta negra viva.
Apenas nos vio, se desvaneció, llevándose al encapuchado consigo.
Pero antes de irse, una oleada de palabras mágicas salió disparada como cuchillas.
—¡AGÁCHATE!
—gritó Alice, empujándome con más fuerza de la necesaria (eso creo).
—¡Ahyeli, escudo!
—grité yo, y por suerte el fénix respondió a tiempo.
La biblioteca quedó deshecha, pero nosotros ilesos.
Bueno, casi.
Azreth se chamuscó la cola, y no deja de quejarse.
El mensaje era claro: alguien está robando historias, memorias y magia escrita.
Y no es por casualidad.
Algo grande está por venir.
Esa noche, mientras dormíamos bajo un cielo estrellado, Alice me miró, seria por un instante.
—Puede que estés más involucrado en esto de lo que crees.
—¿Porque soy el protagonista?
—No, porque a ti no te borró la memoria.
Y eso, Víctor… eso es raro.
Y entonces lo entendí.
No soy solo el ladrón que secuestró accidentalmente a la hija del Rey Demonio.
Soy también alguien que recuerda…
cuando los demás comienzan a olvidar.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES KuroUsagi89 Para saber un poco sobre Umbra y su acompañante, debes leer “el eco de los días” historia donde hace su primera aparición, puedes encontrarla en mi perfil.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com