Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 91

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio
  4. Capítulo 91 - 91 Capítulo 91 Luz del destino
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

91: Capítulo 91: Luz del destino 91: Capítulo 91: Luz del destino Si alguna vez alguien te dice que las batallas épicas siguen un orden lógico… te están mintiendo.

Una cosa es entrenar para “estar preparado para enfrentar cualquier situación”, y otra es estar literalmente viendo cómo es tu amiga la corre a toda velocidad hacia su exnovio mutante con la espada en alto.

Sí.

Alice corrió hacia él.

Y sí.

Le clavó la espada.

En todo el pecho.

Nérick apenas tuvo tiempo de voltear antes de que el filo lo atravesara de lado a lado.

El sonido metálico mezclado con su gruñido me recorrió la columna como un balde de agua helada.

Alice tenía los ojos llenos de lágrimas, pero su voz… su voz fue firme.

—Yo te amé… —dijo, manteniendo la espada aún enterrada —Si te dejé fue porque no quería que tuvieras las presiones de la realeza.

Nunca creí que tu acercamiento era por un oscuro interés… La última vez que te vi… creí que había acabado contigo… pero esta vez… sí que lo haré.

Silencio.

Por un instante, hasta el viento pareció detenerse.

Y justo en ese momento, como si la sincronización fuera parte de una obra de teatro bien ensayada, Lana apareció desde el cielo sobre su serpiente gigante la desmontó y aterrizó como una campeona.

De un solo golpe envió a Nérick volando lejos de Alice.

—No ensucie sus manos con esto, señorita Alice —dijo Lana, seria como nunca.

Nérick gruñó desde el suelo, se sacó la espada y antes de que alguien dijera algo, aumentó su fuerza.

Saltó con una velocidad que no tenía antes y le dio un puñetazo directo a Lana en la cara.

El golpe resonó como dos rocas chocando.

Lana… no se movió.

Bueno, sí: su rostro giró ligeramente.

Nada más.

Y cuando volvió a mirar a Nérick, la expresión que tenía era la misma que ponen las maestras antes de darte una regañada épica.

—Nunca… —dijo con voz baja y helada —te perdonaré haber herido a la señorita Alice.

Nérick se quedó helado.

Y no lo culpo.

Si alguien me mirara así, yo también me haría bolita.

Lo siguiente fue un recital de golpes digno de grabarse en cámara lenta: Lana lo tomó del pecho, lo estampó contra el suelo y lo golpeó tan fuerte que el terreno se resquebrajó, trozos del suelo parecían levitar por el impacto.

Luego un rodillazo.

Otro puñetazo.

Una patada giratoria que levantó piedritas en espiral como si fuera una escena épica.

Cada impacto sonaba como truenos rebotando entre las rocas.

Pero claro, Nérick no se iba a quedar callado.

Su cuerpo empezó a retorcerse.

Las prótesis brillaron, la carne mutada de su brazo se expandió.

Y en cuestión de segundos, entró en modo desatado.

Lo que quedó frente a nosotros ya no era un demonio con rencor, era una criatura grotesca, deforme, con cuernos asimétricos y una presencia que helaba la sangre.

—Oh genial… mutó —dije, con mi mejor tono de “esto se está saliendo de control”.

Pero Alice no retrocedió.

Lana tampoco.

Ambas se colocaron una al lado de la otra, mirándose con determinación.

Y entonces, como si hubieran ensayado ese momento toda su vida, comenzaron a recitar juntas un hechizo.

Su voz resonó por todo el campo de batalla, como un eco divino: “Luz del universo, energía de la creación… Que tu poder se manifieste y rompa las leyes que te atan a este plano existencial… Vuelve de donde viniste, a la tierra de donde saliste… Acaba con mi enemigo y que su alma perezca junto a su cuerpo… Y no permitas que regrese… Luz del destino… cumple tu cometido… DEAD LIGHT.” En ese instante, el aire se volvió pesado.

Un resplandor blanco puro brotó del suelo, envolviendo a la criatura monstruosa que alguna vez fue Nérick.

Gritó.

Gritó como si el mundo entero se quebrara dentro de él.

Su cuerpo empezó a desintegrarse pedazo por pedazo, como arena devorada por el viento, hasta que no quedó absolutamente nada.

Ni sombra.

Ni ceniza.

Nada.

El silencio volvió.

Solo se escuchaba mi respiración entrecortada y el pulso en mis oídos.

Lana se giró hacia nosotros, serena como si no acabara de pulverizar a un mutante.

—Regresemos al castillo —dijo —al menos un par de días, necesitan descansar… y yo me encargaré de que nada los moleste.

Y ahí estábamos: magullados, sudados, con el suelo destruido, y con un exnovio demoníaco menos en la lista.

Yo solo pude reírme entre jadeos.

—Sí… al fin…

unas vacaciones… suena bien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo