El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 93
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- Capítulo 93 - 93 Capítulo 93 El nido abandonado
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93: Capítulo 93: El nido abandonado 93: Capítulo 93: El nido abandonado El viaje de regreso a Ciudad Ilustre fue… sorprendentemente tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Y si la experiencia me ha enseñado algo, es que cuando todo parece ir bien… significa que el destino está preparando un giro argumental de proporciones épicas.
Y sí.
Tenía razón.
Tomamos una ruta diferente para evitar emboscadas, pasando por aquella pequeña ciudad donde encontramos el “huevo misterioso” meses atrás.
Ah, buenos tiempos… cuando mi mayor preocupación era que eclosionara y lo triste que se pondría Ahyeli si no lo hacía.
Atravesamos el bosque y justo cuando estaba a punto de relajarme (error de novato) una sombra muy grande saltó frente a nosotros.
Una manticora.
Enorme, con colmillos relucientes, alas tensas y una expresión que decía: “hoy toca menú humano”.
Perfecto.
Lo que me faltaba.
—Mmmh… un delicioso humano —ronroneó con una voz extrañamente seductora —He tenido que esconderme, pero al fin la comida viene hacia mí… servida directamente en la cama… —y señaló un nido gigantesco tras ella.
Un nido.
Un nido que conocía.
—… ¿Ese es tu nido?
—pregunté, tragando saliva y tratando de sonar más valiente de lo que me sentía.
—Sí… ¿No piensas correr?
—me respondió como si fuera lo más lógico del mundo.
Alice me lanzó esa mirada de “Víctor, haz algo o nos morimos”.
—Víctor… creo que deberíamos irnos… esa cosa nos va a comer… —Sí, excelente idea.
Retroceder lentamente y fingir que somos rocas…
¡Ni loco le doy la espalda!
Antes de que pudiera dar la orden de “Plan de huida”, Lunito, nuestro pequeño cachorro con exceso de entusiasmo, dio un pasito al frente.
—¡Mira, papá!
Ella es como yo.
… —¿Papá?
—La manticora entrecerró los ojos —¿Papá…?
¿Ese cachorro de mi especie te ha llamado papá?
¿Acaso tú…?
—¡NO!
—respondí demasiado rápido —Ya pasé por eso…
y no… no es mi hijo biológico.
Es adoptado.
Muy adoptado.
Lunito se puso frente a mí como un pequeño guardián alado.
—¿Eres como yo?
—le preguntó a la manticora.
—Sí, pequeño.
Eres de mi especie… ¿pero qué haces con ellos?
—Son mis padres —dijo él con una sonrisa tan grande que casi se me derrite el corazón —los quiero.
Son buenos.
Me han enseñado muchas cosas.
¡Puedo hacer magia!
La manticora nos miró, luego miró el nido… y entonces lo dijo: —Ese nido… es mío.
Y ahí fue cuando la realidad nos golpeó como un ladrillo.
Esa manticora intuía algo…
Sí.
Ese nido.
El del “huevo misterioso”.
Ahyeli dio un paso al frente, con el rostro pálido.
—Ese… nido estaba vacío cuando lo encontramos.
Bueno, había dos aves muertas y un huevo.
—Eran mi almuerzo —respondió la manticora con la naturalidad de quien habla del clima —salí a cazar.
Cuando volví… mi huevo ya no estaba.
Creí que mi bebé había muerto… Silencio.
Un silencio espeso, incómodo.
Ahyeli bajó la mirada; podía ver el remordimiento en sus ojos.
—Lo siento —dijo con voz suave—.
Lo vi solo y sentí la necesidad de protegerlo.
Es como mi hijo… Perdóname.
No debí tomarlo… La manticora se acercó lentamente, observando a Lunito con una mezcla de sorpresa y alivio.
—Has crecido fuerte… y sano.
Nunca imaginé que uno de los nuestros pudiera usar magia humana.
Me alegra tanto verte bien… Lunito, que hasta ese momento había estado temblando, soltó en un susurro: —¿Eres mi verdadera mamá…?
Ella asintió, con lágrimas en los ojos.
Y yo… yo estaba ahí parado, sin saber si debía intervenir, callarme, abrazarlos… o salir corriendo para dejar que la naturaleza siguiera su curso.
Ser padre adoptivo de un manticorito no venía con manual de instrucciones.
La manticora nos observó a todos y finalmente sonrió, conuna sonrisa felina llena de orgullo y paz.
—Primero perdí a mi pareja y después a mi hijo, lo creí muerto y ahora veo que lo han cuidado con mucho amor…
Por favor, sigan cuidando de mi hijo… —Nuestro hijo —corrigió Ahyeli, firme, como buena futura esposa que ya planea una familia extensa.
—Sí… nuestro hijo —respondió la manticora, acariciando la cabeza de Lunito —cuida de ellos, pequeño.
No todos los humanos son malos… pero ellos… ellos son especiales.
Al final, no quiso venir con nosotros.
Tenía su hogar aquí, sus costumbres.
Pero aceptó las presas que Alice había cazado en el camino, como muestra de buena fe.
Lunito la abrazó fuerte, con lágrimas en los ojos.
—Adiós, mamá… Prometo venir a visitarte.
Pero… escóndete bien, ¿sí?
Y así, con un nudo en la garganta que no admití tener (porque soy un héroe, no un llorón), seguimos nuestro camino.
Mientras el bosque quedaba atrás, miré a Lunito sobre mi hombro.
Sonreía con esa mezcla rara de tristeza y alegría.
Y en ese instante, pensé que la vida tiene formas muy extrañas de darte familia.
No siempre es por la sangre.
A veces es el destino.
A veces es… un huevo abandonado en un nido mal ubicado.
Y honestamente… no lo cambiaría por nada.
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