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El día en que me robé a la Hija del Rey Demonio - Capítulo 94

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  4. Capítulo 94 - 94 Capítulo 94 De vuelta en casa
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94: Capítulo 94: De vuelta en casa 94: Capítulo 94: De vuelta en casa Ver los muros de Ciudad Ilustre después de tanto caos es como ver tu cama después de un viaje largo: te dan ganas de abrazarlos, llorar un poco… y prometer que nunca volverás a salir (aunque sabes que es mentira).

Después del encuentro con la mamá biológica de Lunito —sí, aún me siento extraño diciendo eso —el resto del camino fue bastante tranquilo.

Casi aburrido.

Lo que, sinceramente, se agradece fué que no hubo nada de rayos, nada de demonios conspirando por el trono, nada de exnovios psicópatas convertidos en mutantes.

Solo bosque, caminos polvorientos y el sonido ocasional de Ahyeli haciendo planes de boda que cada vez suenan más reales.

Cuando pasamos la última colina y vi las torres blancas de la ciudad brillando con el sol… no voy a mentir: solté un suspiro de alivio tan fuerte que Goldie se giró a verme raro.

—¡Estamos en casa!

—gritó Lunito desde mi espalda, agitando sus alitas como si fuera un banderín de bienvenida.

—Sí, Lunito… en casa… —respondí, sintiéndome por primera vez en semanas como un tipo normal.

En la puerta de la ciudad nos recibió el habitual desfile de guardias, burócratas y gente con cara de “eh, mira, volvieron los raros”.

Nos conocen.

Somos ese grupo que siempre llega con una historia ridícula bajo el brazo.

—Víctor, Alice, Ahyeli… —dijo uno de los guardias, arqueando una ceja —¿Problemas esta vez?

—Nada fuera de lo usual —respondí con mi mejor sonrisa de “sobreviví a otra locura” —solo una conspiración real, un ex con issues, y la madre biológica de mi hijo adoptivo.

Lo normal.

Entrar en la ciudad fue como recibir una caricia: las calles familiares, los olores de comida callejera, las voces de la gente, los mercaderes discutiendo precios… Todo.

Después de tanto tiempo fuera, todo parecía más vivo.

O tal vez yo simplemente lo estaba apreciando más.

Nos separamos un poco en el camino: Alice fue a entregar un par de informes al gremio, Ahyeli y yo llevamos a Lunito a casa.

Nuestra casa.

Esa casita que compartimos desde hace un tiempo, con muebles baratos, herramientas mágicas tiradas por ahí, y una pequeña chimenea que siempre huele a madera y galletas.

Cuando abrí la puerta, la sensación fue inmediata: Hogar.

Mi madre, nos recibió con mucho amor y nos llenó de abrazos.

Lunito entró corriendo y se tiró en el sofá como si fuera suyo (porque técnicamente, lo es).

—¡Ya llegamos!

¡ Por fin en casa!

—dijo entre risas.

Ahyeli suspiró feliz, apoyando la cabeza en mi hombro.

—Prometiste que cuando volviéramos, empezaríamos con los preparativos —me susurró con esa sonrisa peligrosa que mezcla ternura y determinación.

—Sí, sí… lo recuerdo… —dije yo, sintiendo un escalofrío —Primero descanso, luego planes.

—Primero boda, luego descanso —me corrigió.

Yo solo levanté las manos en señal de rendición.

Uno puede enfrentar monstruos gigantes y hechizos prohibidos… pero discutir con una fénix enamorada es otro nivel.

Cuando por fin me dejé caer en mi cama después de que todos comimos como familia, todo el cansancio acumulado me cayó encima como una tonelada de ladrillos.

Misión cumplida.

Sobrevivimos.

Otra vez.

Desde la ventana vi la luz del atardecer pintando la ciudad de dorado.

Y pensé en todo lo que habíamos pasado: los peligros, las peleas, las risas, el encuentro inesperado con una manticora… y volví a pensar en algo.

Esta ciudad, con sus problemas, sus aventuras y sus locuras… ya no es solo un lugar en el mapa.

Es mi hogar.

Y por primera vez en mucho tiempo, no me siento solo.

Tengo amigos.

Tengo familia.

Encontré a mi padre.

Tengo a Lunito, que ahora ronca en el sofá como un pequeño dragóncito satisfecho.

Y tengo a Ahyeli… que probablemente ya esté haciendo una lista de invitados para la boda.

Sí.

Definitivamente, estamos en casa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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